Con Dios no se juega
Miguel Rivilla San Martín
Para los que alimentamos a diario nuestra sed de vida
espiritual en el manantial perenne e incontaminado de la Palabra de Dios,
trasmitida en la Biblia, siempre encontramos motivos de reflexión que nos
ayudan a caminar sin desmayo hacia nuestra meta definitiva.
Hoy, en el rezo del breviario he leído y saboreado con
fe unas palabras que me han impactado y que brindo a la consideración de
los que buscan luz y fuerza para sus vidas en medio del ambiente
corrompido del mundo en que viven.
Están escritas por el apóstol S. Pablo en su carta a
los Gálatas (6,7b-8) y dicen lo siguiente: “Con Dios no se juega: lo que
uno siembre, eso cosechará. El que siembra para la carne, de ella
cosechará corrupción; el que siembra para el espíritu, del Espíritu
cosechará vida eterna”.
En un mundo donde los valores espirituales y
trascendentes están difuminados; en un mundo donde el culto al dinero y a
las satisfacciones carnales están a la orden del día, como si el fin
prioritario de la existencia fuese el dar satisfacción al placer de la
carne y de la sexualidad desmadrada, el creyente encuentra en esta Palabra
de Dios un motivo serio de reflexión para no conformarse a los dictados de
este mundo corrupto y corruptor.
No lo olvides, hermano mío cristiano: Con Dios no se
juega y lo que siembres, eso recogerás.
Publicado el 31 de marzo de 2003. |