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[FIRMAS]
Y ¿qué diré?: 5º Domingo de Cuaresma
P. Santiago Martín
“Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?. Padre,
líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre,
glorifica tu nombre”. (Jn 12, 27-28)
El Cristo que nos muestra el evangelista San Juan es el
hombre-Dios decidido a ir hasta el final en el cumplimiento de su misión:
la salvación de los hombres. Pero también es el hombre-Dios que sabe que
llevar eso a cabo le va a suponer un sufrimiento infinito, a pesar de lo
cual opta por seguir adelante. Por lo tanto, Cristo supo en todo momento
lo que le esperaba y no pudo evitar que el miedo le turbara y que le
tentación de huir le asaltara. A pesar de eso, desde ahí, decidió
continuar y le suplicó al Padre que le diera la fuerza que necesitaba para
llevar a cabo su obra.
Nosotros también temblamos ante el dolor, ante las
pruebas, las que tenemos o las que prevemos. Es lógico. Es humano. No nos
tiene que asustar sentir miedo o tener ganas de dar la espalda a los
problemas. Pero debemos recordar el ejemplo de Cristo y hacer como Él:
pedir a Dios su ayuda -sin la cual no podemos hacer el bien- y seguir
adelante, siendo fieles a lo que el Señor nos pida en cada momento,
especialmente al cumplimiento de nuestras obligaciones. Recordemos una vez
más la frase de San Agustín: “Da lo que pides y pide lo que quieras”. O
dicho de otra forma: “Señor, ayúdame a no huir, a hacer tu voluntad, a
subir a la cruz. Me siento débil y sin fuerzas, pero aunque yo no puedo tú
sí puedes”.
Publicado el 2 de abril 2003. |