Mensaje del Papa al
Congreso Continental sobre Iglesia e Informática
26 de marzo de 2003
Monseñor John Patrick Foley, Presidente del Consejo
Pontificio para las Comunicaciones Sociales
Señor Arzobispo:
1. Me complace transmitir el cordial saludo de Su
Santidad Juan Pablo II a los participantes en el Congreso Continental
sobre Iglesia e Informática, que se celebra en Monterrey, organizado por
el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales y el CELAM, con la
colaboración de la Conferencia del Episcopado Mexicano y del Arzobispado
de dicha ciudad. Este saludo se hace extensivo a quienes asisten a la
Reunión Continental de la RIIAL (Red Informática de la Iglesia en América
Latina) y al Encuentro Continental de Comisiones Episcopales de
Comunicación Social, que tienen lugar respectivamente antes y después de
dicho Congreso, tres eventos directamente relacionados con el servicio a
la Nueva Evangelización.
Estas jornadas están dedicadas a reflexionar sobre las
nuevas tecnologías de la comunicación y de la información, así como sobre
sus efectos en el contexto del cambio cultural, entre cuyos principales
protagonistas se pueden contar estos medios. La Iglesia ha mantenido
constante la preocupación por la transmisión de la fe y hoy apela a la
solicitud de todos en un esfuerzo evangelizador que cuente con los nuevos
instrumentos de comunicación cuyo soporte es la informática, sin olvidar
aquellos medios de siempre gracias a los cuales la evangelización ha
llegado hasta los confines de la tierra. La Iglesia está en el corazón de
todos los medios, de los más antiguos y de los más modernos, porque son
«dones de Dios» según designio de la divina Providencia e instrumentos
para contemplar la grandeza del Creador, para llevar su obra a todas las
naciones; y para unir fraternalmente a los hombres en orden a colaborar
así con su voluntad salvífica (cf. «Communio et progressio», 2).
2. Nuestro tiempo ha sido definido como el tiempo de la
comunicación, y ésta se ha convertido en el principal elemento
configurador de aquella visión unitaria y orgánica del saber que ha de
conformar la nueva cultura del milenio que hemos comenzado. «La cultura es
de por sí comunicación no sólo y no tanto del hombre con el ambiente que
está llamado a señorear (cf. Gn 2,19-20) cuanto del hombre con los demás
hombres. (...) Por tanto, la fe y la cultura están llamadas a encontrarse
y a interactuar precisamente en el terreno de la comunicación: la
realización concreta del encuentro y de la interacción, y de su intensidad
y eficacia, en gran medida dependen de la idoneidad de los instrumentos
empleados en la comunicación» (Mensaje de la XVIII Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales, 1984). No se ha de olvidar que esta nueva cultura
«nace, aun antes que de los contenidos, del hecho mismo de que existen
nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas técnicas, nuevos
comportamientos psicológicos» («Redemploris missio», 37).
3. La complejidad del sistema de comunicaciones en el
que nos movemos --Internet es una muestra más de ello-- produce
perplejidad ante lo real, ante lo que nos rodea y ante quienes nos rodean.
La pregunta que las nuevas tecnologías plantean por el hombre, el cual se
ve inmerso en un mundo tecnologizado, sigue siendo la pregunta por el
sentido de la vida: «¿quién soy? ¿de dónde vengo y a dónde voy?, ¿por qué
existe el mal?, ¿qué hay después de la vida?» (ibíd. 1) y en cualquier
período, la Iglesia ofrece la única y definitiva respuesta satisfactoria a
las preguntas más profundas del corazón humano: el mismo Jesucristo
«manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la
grandeza de su vocación» («Gaudium el spes», 22).
Por tanto, los cristianos nunca deben permanecer
callados, recordando que el Señor nos ha confiado la palabra de salvación
que anhela todo corazón humano. Este Congreso --y las reuniones
especializadas que lo acompañan--, que con acierto y creatividad ha
elegido el tema «Hacia una red humana de respuestas y ayudas», asume sin
duda estas inquietudes y se espera del mismo unas respuestas válidas que
se han de integrar a las de la Iglesia en su papel indeclinable de dar
sentido al acontecer cotidiano y a la marcha de la humanidad y de la
historia.
4. El tiempo de la Iglesia es también el tiempo de las
nuevas formas de comunicación. La transmisión de la fe a los hombres de
hoy es un proceso que incluye, ineludiblemente, la comunicación y sus
medios como uno de los ejes principales. Una vez más, damos gracias a Dios
por tantos esfuerzos, tantas novedades o laudables iniciativas que han
nacido en el seno de la humanidad y de la Iglesia, y que llenan con la
Buena Nueva del Evangelio los espacios reales e imaginarios de la red. En
este contexto es oportuno recordar que la comunicación favorece la
comunión y la comunión favorece la comunicación. La Iglesia es experta en
humanidad y, por lo tanto, debe serlo en comunicación para servir mejor a
la causa de Dios y a la causa del hombre.
Hay que agradecer a la Red Informática de la Iglesia en
América Latina (RlIAL), bajo el acompañamiento siempre alentador del
Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales y del CELAM, el haber
sabido amparar las inquietudes continentales ante las novedades
comunicacionales y tecnológicas hasta este foro, que debiera ser ejemplo y
modelo de profunda comunión y de fiel cumplimiento del mandato del Señor
de anunciar el Evangelio a todas las naciones (cf. Mt 28,19-20). Una Red,
dentro de la gran red de la humanidad, que se convierta en permanente
agencia de sentido, que ofrezca como contenidos al hombre de hoy
respuestas certeras y que siempre esté dispuesta a dar razones de nuestra
esperanza (cf. 1 Pe 3,15).
En esta circunstancia, el Santo Padre pide al Señor,
por intercesión de la Virgen de Guadalupe, que este Congreso que tiene
lugar en la llamada «era de la información», ayude a incrementar la unidad
y comunión dentro de la Iglesia, a fin de que los medios de comunicación
social estén siempre al servicio de la Nueva Evangelización al inicio del
tercer Milenio cristiano. Con esta viva esperanza imparte con afecto a
todos los presentes la Bendición Apostólica.
Unido a los sentimientos del Santo Padre, aseguro mi
plegaria para el buen éxito de la reuniones y aprovecho esta ocasión para
renovarle, Señor Arzobispo, los sentimientos de mi consideración y estima
en Cristo.
+ Cardenal Angelo Sodano
Secretario de Estado de Su Santidad
Publicado el 4 de abril 2003. |