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¿Qué te sorprende?

Sergio Barrón
Si no nos sorprendemos, si no nos dejamos asombrar seguramente estamos dejando morir una parte esencial para seguir desarrollándonos plenamente.

Resulta que hace unos cuantos siglos el punto de partida para hace filosofía era el asombro. El filósofo o al que se le adjudicaba dicho nombre se le reconocía por su capacidad de asombro, es decir porque se dejaba sorprender por la vida, se dejaba cuestionar y ello le llevaba a reflexionar -a filosofar- contemplar la realidad desde una amplia perspectiva.

Hoy en día dónde está esa capacidad, me parece que la hemos perdido. Por ejemplo ante la “Guerra de E.U e Iraq” -que más bien es una invasión geográfica con motivos ideológicos por parte del país autonombrado defensor de los valores- vemos por la televisión imágenes crueles, inhumanas y sólo nos mueve el morbo, no va más allá, no trasciende. Caemos en ver como si fuera una imagen más de alguna irracional película “gringuense”.

Cuando vamos por la calle y ocurre algún fatal accidente ¿qué te sucede?, cuando una persona desconocida te saluda en la calle ¿qué piensas?, cuando respiramos el aroma de alguna flor, cuando el primer rayo de sol toca tu piel, cuando vemos a una madre abrazar a su pequeño, cuando...¿te asombras, te sorprendes?...quizá ya perdiste la capacidad de asombro.

En varias ocasiones, dando clase o platicando con algún alumno, he podido descubrir -no con poca tristeza- que ya no es fácil sorprenderse, ya es casi imposible lograrlo. Estamos tan absortos, enajenados, tan en otro canal, tan aparentemente dentro de sí mismos que nos olvidamos de lo y de los demás.

En algunas de mis clases suelo contar alguna breve historia para reflexionar sobre algún tópico. En varias ocasiones tocamos aspectos que deberían resonar fuerte en mis alumnos y alumnas. Hablar, por ejemplo, del amor, de la soledad, de la amistad, del noviazgo...deja de ser atractivo. Mencionar vivencias de personajes importantes en la historia es aburrido, citar algún hecho de solidaridad es aburrido, iniciar una reflexión acerca de cualquier cosa es aburrido...muchas cosas, situaciones, personas ya no sorprenden, son aburridos. El adolescente y el joven -dicen y sino así lo piensan- creen ya haber vivido muchas cosas, en varios es muy cierto, y por ello ya nada es sorprendente.

Si no nos sorprendemos, si no nos dejamos asombrar seguramente estamos dejando morir una parte esencial para seguir desarrollándonos plenamente. Parodiando a Descartes, podría decir que: “si me asombro, pienso y si pienso existo”. La vida está llena de sorpresas, hay que estar atentos a ella.

Publicado el 8 de abril 2003.

 
 

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