Misiva a l ciego
mundo
Víctor Corcoba Herrero
Nos hemos cepillado la serenidad del orden, con el
ordeno y mando, bombas que bambolean la existencia. De seguir así, el
hombre, es una especie que acabará extinguida.
Querido mundo: Me pesa la soledad como una losa
incendiaria de amapolas enlutadas. Hasta el aire me ha abandonado y estoy
sin aliento. No puedo más. Hay que defender la paz a todo trance y trenzar
trazos de amor, que calmado el enemigo - lo decía mi abuela- se torna
amigo. Es urgente y necesario ante la ceguedad y necedad que nos ronda y
nos rueda.
Busco cofrades dispuestos a llevar la cruz de los
marginales. La primavera no es primavera, sino llega a todos los corazones
-me lo ha declarado en exclusiva mundial la dama. Y para más INRI,
necesitamos bañarnos el alma en ella, para conquistar el olmo de la paz.
Sólo así, podremos declarar el amor en verso y el beso en paz
interminable, por mucho que paguemos los derechos a la vida. Los ricos
también mueren de asco. Es primavera todo corazón. Apoyarse en su almohada
es de lo más vivo, porque revive lo de estar bien consigo mismo para estar
bien con los demás.
Nos hemos cepillado la serenidad del orden, con el
ordeno y mando, bombas que bambolean la existencia. De seguir así, el
hombre, es una especie que acabará extinguida. Se necesitan una legión de
legionarios del universo del arte y las letras. Porque la tierra ha
perdido la brújula del horizonte, dando tortas a los más pobres y tartas a
los más ricos. Por ello, pido más sentido común y menos leyes sin ley a la
justicia social. Y que cada palo aguante su vela.
Publicado el 8 de abril 2003. |