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A ese niño iraquí

Pilar González

“Escucha: Dios no quiere tu dolor, no pienses que El es malo porque la guerra te escupe su fuego”.

A ti, que me miras con esos intensos ojos negros, quiero decirte:

Perdona: porque este mundo está loco y tú, desde luego, no tienes la culpa ¿por qué yo te puedo ver sentada desde mi cómodo sillón mientras tú estás en un colchón mugriento en medio de una calle bombardeada? ¿Por qué tú y no yo? Me siento una privilegiada y quiero que tu imagen no se me olvide nunca. Yo tengo mucho y tú casi nada...sólo a tu madre que, vestida de negro, te da la mano...

Escucha: Dios no quiere tu dolor, no pienses que El es malo porque la guerra te escupe su fuego. La guerra la hace el hombre porque es libre y parece que a menudo prefiere elegir el mal antes que el bien. Dios nos regaló la creación perfecta y sin pecado, nos dió un mundo precioso para estrenarlo y disfrutarlo, pero nosotros nos empeñamos en estropearlo.

Mira : esos edificios que se desmoronan a tu alrededor, ahora están horribles pero muy pronto -!eso esperamos!- volverá a florecer la primavera en Irak. Tus padres, tus hermanos y todo el pueblo iraquí ayudarán a reconstruir nuevas casas, nuevos hospitales, nuevas mezquitas y hasta tendréis un nuevo campo de fútbol enorme para que tú puedas jugar en él. Pero se necesitará más que tiempo y dinero para reconstruir los corazones heridos, los corazones destrozados por la guerra. Y para eso te necesitarán.

Mientras… mira a los ojos de tu madre, también oscuros como los tuyos. Ella te cuidará siempre, haya guerra o paz, esté cansado o no, porque te quiere incondicionalmente. Mírala fijamente, pues sólo en ella encontrarás la paz.

Y…gracias porque hoy al verte sufrir -y lo siento hondamente- me he cuestionado muchas cosas. He pensado en mis pequeños dolores y malestares, y de repente se han vuelto minúculos. Desde hoy voy a querer más a mis hijos, valoraré más las camas mullidas en las que pueden descansar, sus edredones calientes que los cubren, su casa confortable que los acoge, que no será bombardeada esta noche y voy a ntentar que ellos lo valoren también.

Gracias porque cada día al levantarme apreciaré más el cantar de los pájaros. Y cuando mis hijos griten o se peleen por las mejores galletas de chocolate, pensaré que quizás tú nunca te las puedas llevar a tu boca.

"Una madre rica occidental"

Publicado el 10 de abril 2003.

 
 

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