Los misterios no
deben ser obstáculo para creer
P. Jorge Loring
Los misterios no son obstáculo para creer. Y lo mismo
que en las demás ciencias, cuando no entendemos una cosa, nos fiamos de lo
que nos dicen los que entienden de esa ciencia.
En nuestra religión hay algunos misterios
incomprensibles para el corto entendimiento humano —por ejemplo, el
misterio de la Santísima Trinidad: un solo Dios en tres Personas—, pero
que debemos creerlos porque han sido revelados por Dios. Ocurre con ellos
lo que con otras muchas cosas de la vida, que las usamos continuamente y
no sabemos lo que son: las ecuaciones de Maxwell, con ser tan portentosas,
no nos dicen qué son en sí mismos el magnetismo y la electricidad, sino
cómo se comporta la materia, magnética y eléctricamente. Y nadie sabe lo
que es la luz; se la define como «agente físico que hace visible los
objetos», pero su naturaleza es desconocida.
Sería absurdo creer que sólo puede ser verdad lo que
cabe en nuestro pequeño entendimiento. Cuando creemos en los misterios,
hacemos un acto de humildad reconociendo que Dios sabe más que nosotros.
Los misterios no son obstáculo para creer. Y lo mismo
que en las demás ciencias, cuando no entendemos una cosa, nos fiamos de lo
que nos dicen los que entienden de esa ciencia, así, en cosas de religión
debemos fiarnos de lo que Dios dice en la Revelación, aunque nuestro
pequeño entendimiento no alcance a comprenderlo. Tampoco una hormiga
entiende el ajedrez, y sin embargo, el juego del ajedrez es una realidad.
El misterio de que hay un solo Dios y tres Personas
distintas se llama Misterio de la Santísima Trinidad. Aunque no podamos
entenderlo perfectamente, podemos, sin embargo, aclararlo con
comparaciones.
* El agua puede estar en tres estados (sólido, líquido
y gaseoso) sin perder su misma naturaleza: H2O.
* Tres cerillos unidos tienen una sola llama: cada
cerillo tiene llama, pero no son tres llamas, sino una sola.
Publicado el 11 de abril 2003. |