Dios no condena a
nadie
Miguel Rivill San Martín
Cada hombre, para salvarse, debe hacer suya, por la fe
y buenas obras, la gracia de su redención y justificación.
Esta afirmación, con ser verdadera y cierta, necesita
explicación, para no inducir a nadie que lo lea a equívoco o confusión.
Si hay algo claro para un cristiano, bien formado en su
fe y conocimiento de la Biblia, es que Dios, santidad por esencia, no es
indiferente al mal uso de la libertad, con que ha dotado a su criatura, el
hombre. Le ha hecho no robot, sino libre, y por eso mismo responsable.
Cuando éste se rebela, desobedece, consciente, libre y
voluntariamente, a su Creador, comete pecado. Para reparar el desorden que
el pecado de Adán y Eva introdujo en la creación, en el mundo, Dios mandó
a su único Hijo, Jesucristo.
Jesús, participando de nuestra naturaleza humana
(verdadero hombre) y de la naturaleza divina (verdadero Dios) vino “no
para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”. Al precio
de su preciosa sangre, con su pasión, muerte y resurrección, ha sido
salvada toda la humanidad. A este acontecimiento, lo denominan los
teólogos, redención objetiva .
No siempre coincide con la redención subjetiva .Cada
hombre, para salvarse, debe hacer suya, por la fe y buenas obras, la
gracia de su redención y justificación.
El hombre sigue siendo plenamente libre para aceptar o
rechazar el don de la salvación. De esta definitiva decisión de su
libertad, dependerá su salvación eterna. Si al terminar el tiempo de su
libertad (muerte) el hombre opta por Dios, se arrepiente del mal hecho, se
salva por los méritos de Cristo. Si rechaza, desprecia impenitente la
salvación ofrecida en Cristo, Dios respeta la opción que cada hombre hace.
Así quedará para siempre. DIOS NO CONDENA A NADIE.
Publicado el 16 de abril 2003. |