A la luz del amor
solidario
Víctor Córcoba Herrero
Jesús estará gozoso de ese amor solidario hacia el
interno de la penitenciaría, fruto de nuestra fe profunda en el Dios
libertador de todas las cautividades, porque es muy difícil (por no decir
imposible) que se viva la dignidad de la persona humana, en el contexto
social y estructural que constituye la actual y desoladora atmósfera
penitenciaria.
Considero que es una buena noticia, que algunos presos
por delitos comunes sean liberados durante la Semana Santa, por
intercesión de ciertas cofradías, (que debieran ser más según mi punto de
vista), y que el recién indultado se incorpore a la procesión como un
penitente más. Entiendo que por el sólo hecho de ser personas, nos
merecemos una segunda oportunidad, máxime cuando la misma sociedad, todos
nosotros (unos en mayor medida que otros, también hay que decirlo) es a
veces tan culpable como el preso.
Jesús estará gozoso de ese amor solidario hacia el
interno, fruto de nuestra fe profunda en el Dios libertador de todas las
cautividades, porque es muy difícil (por no decir imposible) que se viva
la dignidad de la persona humana, en el contexto social y estructural que
constituye la actual y desoladora atmósfera penitenciaria. Mundo que no me
es ajeno, porque he convivido con internos en labores culturales y
periodísticas. Los cerrojos no es la salida, se lo aseguro.
Tanto los internos que han podido salir de la prisión
por la clemencia de la Semana Santa, como los que se encuentran privados
de libertad, cumpliendo la pena, hemos de facilitarles un clima favorable
a la reinserción social, puesto que son personas, muchas veces enfermos,
que cruelmente una buena parte de la sociedad, por desgracia, considera
como desechos humanos. En estos días de amor solidario, quiero llamar la
atención hacia los últimos, y esos últimos suelen estar entre rejas (por
drogas la mayor parte y la mayoría gente pobre), en una prisión que
refleja un fracaso social en un Estado social y democrático de Derecho,
amparado en una doble y ambigua moral; a nivel político la cárcel no es
considerada un problema social urgente porque los que en ella residen no
tienen ni voz ni voto.
Por ello, mi aplauso, para esas cofradías que ponen luz
a esas personas, a las que sólo les bañan sombras. Así de claro (o
clarividente). Toda persona que está en la prisión es un fracaso de toda
la sociedad. El delito es individual pero la pena es colectiva. Menos
venganzas y más prevenciones. Menos prisiones y más alternativas a esa
prisión. Menos... lavarse las manos como poncio Pilato.
Publicado el 21 de abril de 2003.
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