Imprimir

Ante el abismo

Miguel Rivilla San Martín

Podría ser la parábola del condenado: pide auxilio y Jesús, le tiende su mano compasiva, pero en vez de agarrarse a la mano salvadora, la desprecia, éste hombre será el único responsable de su suerte.

Lo recuerdo de pequeño y nunca lo he olvidado. No sé si fue en una peli o en algún tebeo. El relato era muy simple. Un mal hombre, huyendo de la justicia y de sí mismo, rodaba por una pendiente. Lograba, al caer, salvar su vida, al asirse a un arbusto providencial. Situación angustiosa la suya... No tenía salvación... Con todas sus fuerzas pedía auxilio desgañitándose.. Arriba, nadie. Abajo, el abismo. Colgado de una rama, gritaba y gritaba, mientras la débil rama iba cediendo cada vez más.. Por fin, apareció un caballero, que compadecido, exponiendo su propia vida, le alargó su mano para izarle.

Entonces, sucedió lo inexplicable. En vez de agarrar la mano tendida, aquel infeliz despreció su última oportunidad. Escupió y mordió la mano del compasivo caballero... La rama cedió por el peso. Su cuerpo rodó al abismo y allí quedó para siempre.

Este relato, algo trágico, no se olvida fácilmente. Podría ser la parábola del condenado. Es fácil interpretar su contenido. Señalar a los protagonistas, y sacar la moraleja. Cualquier pecador huyendo de Dios y de sí mismo, se agarra a la rama de la vida, suspendido ante el abismo. Pide auxilio y Jesús, le tiende su mano compasiva, para librarle del abismo. La rama, como la vida, se va desgajando. Quien en vez de agarrarse a la mano salvadora, la desprecia, será el único responsable de su suerte eterna. Intelligenti, pauca.

Publicado el 21 de abril de 2003.

 
 

Inicio ] [ Atrás ]