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La Iglesia a favor de un papel central de la ONU en Irak

Ricardo Olvera / El Heraldo Católico

“Que con la ayuda de la comunidad internacional, los iraquíes se conviertan en protagonistas de una reconstrucción solidaria de su país”: JPII

«Que con la ayuda de la comunidad internacional, los iraquíes se conviertan en protagonistas de una reconstrucción solidaria de su país», dijo el Papa Juan Pablo II en su mensaje de Pascua, en una clara referencia a la postura que ha sostenido la Iglesia desde el fin de la guerra en Irak el pasado 9 de abril: que sean los propios iraquíes, con el apoyo de la comunidad internacional representada por las Naciones Unidas, y no las fuerzas de ocupación militar, quienes dirijan la reconstrucción económica y política de ese país despedazado por tres guerras, 13 años de embargo económico y más de 20 años de dictadura.

«Nunca debería ser la responsabilidad de una sola nación el tomar las decisiones por el mundo, por tanto tenemos que seguir trabajando con las Naciones Unidas», dijo el 10 de abril el cardenal Joseph Ratzinger en una mesa redonda sobre católicos y política, en clara respuesta a la postura estadounidense de reducir el papel de la ONU «esencialmente a lo humanitario», como diría el secretario de estado Collin Powell.

Este funcionario estadounidense rechazó en forma contundente el llamado de Rusia, Francia y Alemania para que sea la ONU la que juegue el papel rector en la posguerra en Irak. «Aquellas naciones que pagaron un precio político y un precio en sangre y en dinero» son las que deben regir este proceso, dijo Powell. Sin embargo, por otro lado el gobierno de EU insiste en que la comunidad internacional aporte los fondos para la reconstrucción de Irak, y que la ONU levante las sanciones económicas a ese país para poder incrementar drásticamente la exportación de petróleo iraquí -ahora bajo el control estadounidense-- con el fin de financiar la reconstrucción.

Por su lado la ONU ha respondido que legalmente no puede levantar las sanciones hasta que no se certifique oficialmente por sus inspectores que Irak está libre de armas de destrucción masiva. Sin embargo, ahora EU no permite que los inspectores de la ONU terminen su labor, interrumpida por la guerra, y pretende que las inspecciones sean realizadas exclusivamente por los inspectores estadounidenses. Esto a su vez ha creado un elemento de desconfianza en la credibilidad de las inspecciones, ya que Estados Unidos estaría inclinado a actuar en forma parcial dado el evidente interés político que tiene en demostrar que Irak sí tenía armas prohibidas, pues de lo contrario la guerra quedaría sin su principal justificación ante los ojos del mundo.

Como parte de este estira y afloja en torno al papel que debe jugar la ONU en Irak, la Unión Europea en su reciente cumbre en Atenas, adoptó una declaración -firmada incluso por Inglaterra y España-- en la que pide que las Naciones Unidas «desempeñen un papel central en el proceso que lleve a un gobierno autónomo» de Irak, y reiteró su compromiso como organización regional a participar activamente en este proceso.

En caso de un control unilateral por parte de EU sobre Irak, se teme una actitud vindicativa contra los países que no apoyaron su reciente cruzada bélica, como parecen indicarlo las recientes amenazas de Colin Powell de tomar represalias contra Francia; y las de Richard Pearl, consejero del Pentágono, en contra de Rusia, en el sentido de anular los contratos que las compañías rusas tienen con Irak.

También los países vecinos de Irak se manifestaron en favor de un papel central de la ONU en la reconstrucción económica y política del país. Estos países, incluyendo Arabia Saudita, Turquía, Irán, Siria, Jordania, Kuwait y Egipto, exigieron que las fuerzas de ocupación militar salgan de Irak y que sean los iraquíes quienes decidan su futuro y el uso de sus recursos. Asimismo respaldaron la iniciativa de Siria en la ONU a favor de convertir al Medio Oriente en una zona libre de armas de destrucción masiva, incluyendo las armas nucleares de Israel.

En este contexto, según lo reportan ZENIT y otras agencias católicas de información, la postura de la Iglesia a favor de un papel decisivo para la ONU en Irak ha sido sólida y consistente desde el principio. Según dijo hace unos días el cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado del Vaticano, la ONU debe recuperar su autoridad internacional, debilitada por la forma en que EU e Inglaterra ignoraron su desautorización de la guerra. «Deseamos que la ONU se reactive e intervenga en Irak», dijo el cardenal Sodano. «Somos una familia de naciones», dijo, y «debemos cooperar; ese es el destino de los pueblos». Igualmente enfatizó la importancia de la participación de Europa, «una entidad poderosa que debe hacerse escuchar».

«La situación de crisis de la ONU causada por la guerra en Irak no contradice sino que refuerza la petición de la “Pacem in terris” sobre una autoridad política mundial», dijo por su parte el arzobispo Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, en un congreso conmemorativo de los 40 años de la encíclica Pacem in terris de Juan XXIII. «Es más necesaria que nunca una autoridad mundial que asegure la paz y promueva el desarrollo de los pueblos», dijo quien fuera el representante de la Santa Sede en las Naciones Unidas por más de 16 años.

Dijo también que la ONU no es un superestado ni un supertribunal, sino que «su esencia está en el proceso participativo de construcción de esta autoridad universal», y afirmó que «es necesario favorecer la multilateralidad», es decir, un proceso de decisiones en el que participe toda la comunidad internacional y no sólo una superpotencia única.

Según los observadores, el gran problema para EU si insiste en actuar en Irak al margen de la ONU, es que se le verá cada vez más como una simple fuerza de ocupación militar, sin legitimidad internacional alguna, lo cual puede exacerbar el descontento de la población iraquí y de los países musulmanes vecinos, dificultando aun más la pacificación de la región. Esta situación, como se ha visto con las crecientes manifestaciones de los grupos musulmanes dentro del propio Irak, puede desatar a escala nunca vista la confrontación entre el Oriente islámico y el Occidente cristiano.

Y es justamente ante este peligro que el Santo Padre dice en su mensaje pascual: «Que se trunque la cadena de odio que amenaza el desarrollo ordenado de la familia humana. Que Dios nos conceda ser liberados del peligro de un dramático choque entre las culturas y las religiones».

Publicado el 28 de abril de 2003

 
 

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