"Mother Mary Comes
to me" - La radical inseguridad de la condición humana
Jean Lauand
Traducción al castellano - Miguel Ángel García Olmo
En medio de la inseguridad propia de la vida humana
(y, sobre todo, la inseguridad última de la existencia), María representa
la seguridad radical. Ella une el cariño incondicional de la figura
humana, terrena y femenina de la madre a la omnipotencia de su intercesión
ante Dios. No se piense que con esto estamos dejando el ámbito de la
filosofía para adentrarnos en el de la teología o la mística. No: seguimos
en la antropología filosófica y en este artículo nos interesan más los
testimonios de Fernando Pessoa, Paul McCartney y Heidegger que los de los
poetas medievales o el de Juan Pablo II.
"Il est absurde que
nous soyons nés, il est absurde que nous mourions" (Sartre)
"Mary said: 'Let it be
to me according to your word''' (Luke: 1, 38)
"La veneración a María
está profundamente inscrita en el corazón humano" (Martín Lutero)
La radical inseguridad
de la vida humana
La vida humana es
inseguridad, radical inseguridad. Y el corazón humano, que anhela la
seguridad radical, acaba por apegarse a pseudo-seguridades precarias y
provisorias como si fueran la seguridad definitiva.
Los antiguos distinguían entre felicidades, realizaciones y esperanzas (en
plural, secundum quid) y
felicidad, realización y esperanza (en singular, simpliciter).
Las secundum quid se
refieren a los mil aspectos del "salir bien" -la salud, los negocios, el
éxito social, la integridad física y la de los bienes que uno posee,
etc.-, mientras que simpliciter
se refiere al "salir bien" último, radical y definitivo: to be
or not to be será siempre
la
cuestión. Un nivel radical, último y
decisivo (en cristiano, salvación).
En
ese sentido, el filósofo alemán Josef Pieper hace notar una profunda
tournure de la lengua
francesa: la existencia de dos palabras para esperanza, espoir
y espérance, aparentemente
sinónimas (los diccionarios suelen decir que la primera es más bien
coloquial y la segunda "literaria"), pero en realidad lo que las
diferencia es el hecho de que espoir
se refiere a los aspectos secundum quid,
plurales (las mil esperanzas: de curación, de éxito financiero, de
clasificación de mi equipo de fútbol, etc.), mientras espérance
-¡esta es singular!- es la esperanza definitiva, la del to be or
not to be.
Naturalmente, no hay
que exagerar la separación de estas dos dimensiones de la vida humana,
como si el "éxito definitivo" no se dejase acompañar de las esperanzas que
recaen sobre realidades tan importantes como la salud o la paz entre los
pueblos...
En todo caso, puede ser que uno esté muy
mal en los secundum quid
(salud, dinero, prestigio social, etc.) y profundamente realizado, sin
embargo, en el simpliciter
(y al revés). Pieper llega a hablar de una tendencia -una especie de ley
empírica- de la desesperación profunda a hacerse acompañar de una euforia
de seguridad en los aspectos superficiales (el caso Titanic
es buena muestra de ello). Nuestra época, que ha apostado por las
realizaciones y felicidades (en detrimento de
la
felicidad y la realización) ofrece toda
una confirmación de esa regla. Hoy más que nunca se buscan seguridades: en
toda clase de chequeos
-del check-up al
check-in-, en pólizas, en la
indiferencia hacia el otro, etc.
El
espejismo de la absoluta seguridad se ha desmoronado junto con las Torres
Gemelas el 11 de septiembre. No por casualidad (las agencias de publicidad
saben más de antropología que todos los filósofos juntos...), el anuncio
más difundido hoy en la tele y en la radio de Brasil pretende asociar la
imagen de una vida segura al hecho de ser cliente de un determinado banco
(el mayor de Latinoamérica). En ese spot
publicitario, el Banco X te ofrece nada menos que la seguridad inherente a
las promesas de amor incondicional. Cinismos aparte y desde el punto de
vista técnico (y es ahí donde reside el cinismo: en explorar
"técnicamente" la existencia humana), el anuncio es una obra maestra: toca
el corazón porque la seguridad es, de hecho, el "poder contar con". El
anuncio presenta a una pareja de enamorados musitando (con una dulce
música al fondo):
Ella - ¿Y si me pongo
vieja?
Él: - Yo me pongo viejo también
Ella - ¿Y si me vuelvo fea?
Él: - Yo me vuelvo miope
Ella - ¿Y si me vuelvo triste?
Él: - Yo me convierto en payaso
Ella - ¿Y si me vuelvo molesta?
Él: - Yo te hago cosquillas (ella, discretamente, acusa unas cosquillas)
Ella - ¿Y si me pongo gorda?
Él: - Yo rompo el espejo
Lo que importa en la vida es tener con quién contar: BANCO X, etc.
Ciertamente, el
espíritu lúdico brasileño -un intento también de domesticar la
inseguridad, pero que acaba por ser la defensa del sentido común- no ha
tardado en desenmascarar el espejismo, disparándole el chiste fatal que
añade una postrera sentencia al diálogo dulzón:
Ella: - ¿Y si me
vuelvo insolvente?
Él: - Entonces estás
"jodida", porque el Banco te... (gesto obsceno)
Semejantes falsificaciones son posibles porque, como enseña Santo Tomás -y
este es un punto esencial en nuestro análisis-, el ser y el bien creados
son participación desde la
nada de la criatura en el Ser/Bien de Dios y, así, la consecución de
cualquier bien creado (la sonrisa de la persona amada o incluso un vaso de
agua fresca en un día de calor) constituye una prefiguración de la
felicidad definitiva:
"Así como el bien creado es cierta semejanza y participación del Bien
Increado, de igual modo la consecución de un bien creado es también cierta
semejanza y participación de la felicidad definitiva" (De Malo
5, 1 a 5).
Esa metafísica de la participación se expresa en el lenguaje coloquial
cuando se dice: "¡Sabe a gloria!"...
Tomás, ya en el siglo XIII, discutiendo sobre la felicidad humana en el
comienzo de la I-II de la Summa,
denuncia avant la lettre
los peligros existenciales de nuestra sociedad de consumo: ofrecer al
corazón humano, que quiere infinito, la absolutización de bienes
limitados, pero que prometen una falsa infinitud. Es el peligro, dice
Tomás, de los bienes artificiales (divitiae artificiales)
que el dinero puede comprar: falsean la infinitud genuina del corazón (I-II,
2, 1, 3, corpus y ad 3).
Esa es la razón del éxito de las campañas de publicidad que insinúan la
felicidad plena a partir de un refresco o un sandwich. Por el mismo
instinto de felicidad eterna que hace que los niños sean magnéticamente
atraídos por historias que acaban en "...y vivieron felices para siempre",
también las agencias nos ofrecen escenas de felicidad imperturbable
ligadas a un Big Mac:
"Sabroso, como debe ser la vida". Y durante largos años, a la Coca-Cola se
le ha asociado al adverbio "¡Siempre!" (que en español traduce no
solamente "always", sino también "forever"...). "Y durante largos años, a
la Coca-Cola se le ha asociado al adverbio "¡Siempre!" (que en español
traduce no solamente "always", sino también "forever"...). Cabe aquí
recordar la expresión árabe -como se sabe las fórmulas cotidianas árabes
son a menudo religiosas- de satisfacción: cuando se toma algo muy bueno,
sigue la exclamación Dayman!
¡siempre!, que se quede así por toda la eternidad... Y se contesta:
Dayman bihayatuka!, ¡Para siempre,
con tu vida!...
Ese "instinto" de paz y felicidad duraderas (no por azar la operación "Infinite
Justice" ha trocado su nombre por el
no menos equívoco de "Enduring Freedom")
es tan vehemente que nos deja perplejos cuando nos confrontamos con la
realidad, que misteriosamente se presenta como "valle de lágrimas"... Es
como si nuestro corazón dijese: "¡no, no tenía que ser así!". ¿Estará
esencialmente condenado a la frustración ese deseo de paz, amor y
felicidad perfectos?
El misterio de "Lili
Marleen"
(canción y letra en:
http://jean_lauand.tripod.com/page26e.html#1 )
Únicamente en ese marco del inevitable anhelo humano de felicidad puede
entenderse el misterio de aquella que fue la canción más popular del siglo
XX: Lili Marleen. El poema
que acabaría siendo la letra de la canción lo había escrito en plena Gran
Guerra Hans Leip, un soldado alemán. Aparece publicado en 1937 en un libro
de poesías de Leip y, al año siguiente, el compositor Norbert Schultze le
pone la melodía, que es grabada por la cantante Lale Andersen poco antes
de comenzar la guerra. La canción pasó inadvertida hasta que en 1941 Radio
Belgrado la emite, entre otras muchas, para las tropas alemanas. En los
días siguientes, miles de cartas y telegramas llegan a la pequeña emisora
pidiendo que pongan Lili Marleen.
El poderoso jefe de propaganda nazi, Joseph Goebbels, intenta en vano
prohibir la canción o sustituirla por una versión "marcial". Lo más
sorprendente es que los ejércitos aliados -ante la impotente perplejidad
de los jefes de ambos bandos- empiezan también a cantar Lili
Marleen (en alemán o en versiones
improvisadas) y apresuradamente se hace una versión inglesa, grabada por
Anne Shelton, que vende en el primer mes cientos de miles de copias...
(luego otras muchas cantantes como Edith Piaf, Amanda Lear y sobre todo
Marlene Dietrich cosecharán resonantes éxitos con Lili Marleen,
que ha sido versionada en 48 lenguas...).
¿Cuál es el secreto de
esta canción, que ha rebasado todas las barreras ideológicas, de lengua,
etc. y que ha unido profundamente a ejércitos enemigos en guerra, siendo
cantada a diario como un himno extraoficial? Una canción masculina, pero
grabada por mujeres. Una canción que, incoada en gaita de bolsillo o al
acordeón, incita inmediatamente a todo el batallón a desafiar a los
grandes jefes...
Se
trata de una sutil pero profunda protesta contra el absurdo que es la
guerra, evocando aquella infinita sed de paz por medio de una simple
farola (entonces de gas) a la puerta del cuartel, donde el recluta se
quedaba a conversar con Lili. Y en un halo de nostalgia infinita la
canción pregunta: ¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como
antes? Y (implícitamente: en medio de los horrores del frente) del fondo
de la tierra y de lo alto del cielo (se juntan cielo y tierra: "Aus
dem stillen Raume, aus der Erde Grund...")
surge entre la niebla el perfil de Lili y la pregunta: ¿volveremos a
encontrarnos junto a aquella luz como antes?
Nótese la mención a la
tierra, que corrige la tradición alemana de lanzar el "eterno femenino" al
ámbito de lo celestial y etéreo.
La radical seguridad:
María y la antropología filosófica
La
tradición cristiana, a la vez que afirma que esta vida es "lacrimarum
valle" (expresión del salmo 83,7 de
la Vulgata, consagrada por
los escritos de los padres y doctores y sobre todo por la Salve),
presenta también una esperanza: la misericordia maternal de la Madre. No
se trata de algo específicamente católico: es Ortega quien repite que la
mejor definición de vida humana es "valle de lágrimas" y Hermann
Wohlgschaft llega a afirmar que para Lutero las profundas raíces (zutiefst
verwurzelt) humanas de la veneración
a Maria eran algo evidente (selbstverständliche).
Siempre que, ante la percepción de la precariedad de la existencia, se
trata de buscar delicadeza, acogida, perdón, seguridad, "regazo materno",
se recurre -explícita o implícitamente- a María. Ella es la seguridad
radical; no la del Ersatz
que nos es ofrecida en pólizas de agencias o en promesas de partidos
políticos... Ni tampoco la falsa impresión de seguridad que resulta del
olvido de ese rasgo esencial de la condición humana, al compás del
bullicio de los mass-media
o simplemente de la agitación de la vida moderna...
No sé si tras el
atentado a las Torres Gemelas ha aumentado el número de clientes del banco
aquel. Asistimos, eso sí, a un crecimiento de la devoción a María. El
recurso a María -personal y colectivo- está siempre en función inversa a
la arrogante autosuficiencia con que un individuo o una sociedad (o una
iglesia...) se ven a sí mismos.
En medio de la inseguridad propia de la vida humana (y, sobre todo, la
inseguridad última de la existencia), María representa la seguridad
radical por dos títulos: maternidad
y omnipotencia. Ella une
el cariño incondicional de la figura humana, terrena y femenina de la
madre a la omnipotencia de su intercesión ante Dios. No se piense que con
esto estamos dejando el ámbito de la filosofía para adentrarnos en el de
la teología o la mística. No: seguimos en la antropología filosófica y en
este artículo nos interesan más los testimonios de Fernando Pessoa, Paul
McCartney y Heidegger que los de los poetas medievales o el de Juan Pablo
II. Nos interesa, metodológicamente, sólo la experiencia, el fenómeno. Y
es por esta razón por la que, a guisa de ejemplo, invocamos las grandes
campañas de publicidad de bancos, de Coca-Cola y de McDonald's.
Mas allá de las
inseguridades que tienen que ver con la salud, el empleo, el ántrax, etc.
se sitúa, como decíamos, la inseguridad radical de este valle de lágrimas.
Y ahí, la instancia instintiva y primera es la madre.
De
ella habla Fernando Pessoa en el Livro do Desassossego:
"A fin de cuentas,
¿quién soy yo cuando no juego? Un pobre huérfano abandonado en las calles
de las sensaciones, tiritando de frío en las esquinas de la Realidad,
teniendo que dormir en los peldaños de la Tristeza y comer el pan dado por
la Fantasía. De mi padre sé el nombre; me han dicho que se llamaba Dios,
pero por el nombre no me hago idea de nada. A veces, en la noche, cuando
me siento solo, le llamo y lloro, y me hago una idea de él a la que pueda
amar... Pero luego pienso que no le conozco, que tal vez él no sea así,
que tal vez no sea nunca ese el padre de mi alma. (...) Tengo demasiado
frío. Estoy tan cansado en mi abandono. Vete, viento, a traerme a mi
Madre!
Y
Heidegger en Der Feldweg,
el sendero del campo, que no conduce a ningún lugar definido, evoca
también la figura de la madre (y otra vez encontramos la referencia a la
tierra, en contra de la tradición alemana...):
De
la corteza del roble cortaban los niños sus barcos que, provistos de remo
y timón, navegaban en el arroyo Mettenbach o en la fuente Schulbrunnen. En
los juegos, los viajes a través del mundo llegaban todavía fácilmente a su
meta y lograban encontrar de vuelta las costas. La ensoñación de aquellos
viajes permanecía envuelta en un brillo entonces todavía apenas visible,
pero que existía sobre todas las cosas. Ojo y mano de la madre delimitaban
su reino. Era como si su tácito cuidado abrigara toda esencia (Ihr
Reich umgrenzten Auge und Hand der Mutter. Es war, als hütete ihre
ungesprochene Sorge alles Wesen).
Aquellos viajes del juego no sabían aún de las travesías en las cuales
toda orilla queda atrás. Pero, en cambio, la dureza, y el perfume de la
madera del roble empezaban a hablar más perceptiblemente de la lentitud y
constancia con las cuales crece el árbol. El roble mismo decía que sólo en
tal crecimiento está fundamentado lo que perdura y fructifica: que crecer
significa abrirse a la amplitud del cielo y -al mismo tiempo- estar
arraigado en la oscuridad de la tierra, que todo lo sólidamente acabado
prospera sólo cuando el hombre es de igual manera ambas cosas: dispuesto a
la exigencia del cielo supremo y amparado en la protección de la tierra
sustentadora.
Ciertamente puede
objetarse que, en estos casos, no se trata de María, sino de las
correspondientes madres: Frau Heidegger, la Sra. Pessoa o Mrs. McCartney
en "Let it be" (que analizaremos enseguida y donde la alusión a María de
Nazaret es todavía más fuerte).
Sea como fuere, sigue siendo válido aquel terceto de Dante en la
Divina Comedia
(que casi que pone la Suma Teológica en verso): tras los múltiples deseos
y búsquedas del inquieto corazón humano, vamos buscando un único dulce
fruto: la felicidad, plena y definitiva. Es lo que Dante oye al divisar el
Paraíso:
Quel dolce pome che
per tanti rami
cercando va la cura
de' mortali,
oggi porra la in pace
le tue fami (Purgatorio, XXVII)
En la misma línea,
Tomás de Aquino edifica toda su doctrina de la motivación humana sobre la
convicción de que buscar el bien propio es un instinto natural en la
voluntad dado al hombre por el mismo Dios:
Primus ... voluntatis actus ex
rationis ordinatione non est, sed ex instinctu naturae aut superioris
causae (I-II,17,5 ad 3).
Y el hombre no puede
no querer su bien, su felicidad:
Appetitus ultimi finis non est
de his, quorum domini sumus (I,82,1
ad 3).
Tal es el carácter trágico de la condición humana: el hombre lleva dentro
un instinto radical de felicidad, de plenitud de bien... cuya realización
no está asegurada. En todo
caso, siempre ansiamos el dulce fruto de la felicidad definitiva (y la
buscamos -en forma vicaria- “por tantas ramas” de deseos y veleidades.
La "Mother Mary" de
Paul McCartney
(canción y e letra
http://jean_lauand.tripod.com/page26e.html#2 )
También la conocida
canción "Let it be" de los Beatles fue escrita en momentos dramáticos y,
aunque Paul McCartney afirme que se trata de una evocación de su madre,
Mary McCartney, es muy difícil no ver ahí igualmente a Maria de Nazaret.
También en esta canción, decíamos, momentos difíciles de la vida ("times
of trouble"), hora oscura, noche
sombría (hour of darkness, cloudy night),
etc. Aquí no se trata de horrores de guerra ni de la percepción pura y
simple de la orfandad existencial, sino del derrumbe de todo el proyecto
"The Beatles", problemas con drogas, etc. Entonces, una noche -es el
propio Paul quien lo cuenta-, se le aparece en sueños la madre, fallecida
hacía diez anos, para confortarle y tranquilizarle. En la misma
entrevista, preguntado por el carácter religioso de la canción, afirma:
"Mother Mary makes it a quasi-religious thing, so you can take it that
way".
En todo caso, es interesante notar que el
mismo refrán "let it be", repetido en la canción por María, la Madre, no
es sólo -como muchos lectores en lengua española piensan - una fórmula
banal del tipo "déjalo estar", "no pasa nada", sino la misma sentencia (speaking
words of wisdom: "let it be”) con que
María de Nazaret expresa su sabiduría. De hecho, la palabra de sabiduría
por excelencia es su fiat
de Lc 1, 38: "Hagase en mí según tu palabra...", que en inglés es
precisamente "Let it be
to me according to your word".
El incondicional amor
de María en la poética medieval: el milagro de Teófilo
También en el arte medieval, María representa la misericordia radical para
con los pecadores y perdidos: misericordia "químicamente pura". Al igual
que en tantos otros temas de la época, esa representación aparece en el
Milagro de Teófilo (objeto
de innumerables poesías, obras de teatro, vidrieras, etc.). De mi
Estudio introductorio a la
traducción brasileña http://www.hottopos.com/mp2/berceo.htm (1997), del
Milagro de Teófilo de
Gonzalo de Berceo recojo los siguientes párrafos:
La
estructura temática del Teófilo
gira en torno a la intervención de María para salvar a un pecador o a un
desesperado, tema corriente en la literatura medieval. En el caso del
Teófilo, se da una especial
radicalidad en el pecado y en el perdón: ¡Teófilo ha tocado el fondo de la
desgracia y ha llegado a firmar y sellar un pacto con el mismo diablo! Y
hasta en semejantes extremos de perdición logra la Señora su salvación.
Nos hallamos aquí ante una raíz fundamental no sólo de la cultura
medieval, sino también de su propio eje de equilibrio emocional. En todas
las épocas, la inseguridad principal del hombre no se da en su
enfrentamiento con factores externos: enfermedades, intemperies o carencia
de técnicas de dominio sobre la naturaleza, sino frente a las miserias,
descarríos, desvaríos y angustias del propio corazón humano.
El
Milagro de Teófilo se
sumerge de lleno en la pedagogía de la "seguridad existencial": la figura
de María significa la certeza concreta, dada a cada hombre, de un amor
absoluto, incondicional y maternal dirigido a él personalmente. Un amor,
además, omnipotente y dotado de una infinita capacidad de perdón. Por más
miserable, mezquina y desastrosa que haya sido una vida, siempre está ahí
-al alcance de la mano- la dulce solicitud de la Madre, que dice al
desgraciado que nada está perdido: que él está anclado y tiene "a dónde
volver...", y tiene un camino seguro de vuelta preparado por la Señora.
Juan Pablo II y el
corazón de María
De
ello también nos habla Juan Pablo II. En la Dives in
Misericordia, para contextualizar la
misericordia radical del corazón de María, el Papa analiza las distintas
misericordias en la Biblia y sus diversos términos (cf. nota 52 de la DM).
Uno de esos vocablos que en la
terminología del Antiguo Testamento sirve para definir la misericordia es
rahamim, que tiene un
matiz distinto de la misericordia
hesed
(una misericordia más bien masculina). Mientras ésta pone en evidencia los
caracteres de la fidelidad hacia sí mismo y de la «responsabilidad del
propio amor» (que son caracteres en cierto modo masculinos),
rahamim, ya en su raíz, denota el
amor de la madre (rehem =
regazo materno). Desde el vínculo más profundo y originario, mejor, desde
la unidad que liga a la madre con el niño, brota una relación particular
con él, un amor particular. Se puede decir que este amor es totalmente
gratuito, no fruto de mérito, y que bajo este aspecto constituye una
necesidad interior: es una exigencia del corazón. Estamos ante una
variante casi «femenina» de la fidelidad masculina a sí mismo expresada en
el hesed. Sobre ese
trasfondo psicológico, rahamim
engendra una escala de sentimientos entre los que están la bondad y la
ternura, la paciencia y la comprensión, es decir, la disposición a
perdonar. El Antiguo Testamento atribuye al Señor precisamente esos
caracteres cuando habla de él sirviéndose del término rahamim.
Leemos en Isaías: «¿Puede acaso una mujer olvidarse de su mamoncillo, no
compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo no te
olvidaría» (Is 49, 15).
Cuando Zacarías habla de las «entrañas misericordiosas de nuestro Dios»,
se expresa claramente el concepto de rahamim
(traducción latina: viscera misericordiae),
que más bien identifica la misericordia divina con el amor materno.
Y así, la encíclica
"Dives in Misericordia" habla de la misericordia incondicionalmente
maternal del corazón de María:
DM V,9- Precisamente,
en este amor «misericordioso», manifestado ante todo en contacto con el
mal moral y físico, participaba de manera singular y excepcional el
corazón de la que fue Madre del Crucificado y del Resucitado -participaba
María-. En ella y por ella, tal amor no cesa de revelarse en la historia
de la Iglesia y de la humanidad. Tal revelación es especialmente
fructuosa, porque se funda, por parte de la Madre de Dios, sobre el tacto
singular de su corazón materno, sobre su sensibilidad particular, sobre su
especial aptitud para llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente
el amor misericordioso de parte de una madre. Es éste uno de los misterios
más grandes y vivificantes del cristianismo, tan íntimamente vinculado con
el misterio de la encarnación.
Publicado el 2 de mayo
de 2003
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