Tópicos al uso
Francisco Baena Calvo
La Iglesia ha sido artífice y protagonista de primera
línea del devenir y la transformación histórica de la sociedad española.
El talismán de los
tópicos aún sigue distorsionando el ambiente. Cada vez que aparecen sobre
el horizonte inmediato unas elecciones, la Iglesia orienta el voto a los
católicos y arrecia la polémica.
El criterio común de
cada declaración no deja lugar a dudas: Ningún partido político se adecua
plenamente al evangelio y cada católico debe de votar en conciencia
aquella postura que vele mejor por el bien común y por el derecho a la
vida...
Y este consejo
orientativo de la jerarquía eclesiástica para los católicos, de la que
está en su pleno derecho en un sistema democrático, levanta no pocos
recelos y algunos colectivos ven una "excesiva nostalgia" en las
declaraciones de los obispos españoles hacia una vuelta del Antiguo
Régimen.
La falta de memoria
histórica hace olvidar que en la última etapa de relación la Iglesia y el
franquismo fue de conflicto y ruptura (1965-1975), alentada por el
Concilio Vaticano II. La Iglesia española rechaza un sistema de partido
único, sindicato único, sin pluralismo, sin libertad de culto..., hechos
recriminados en los países democráticos europeos.
La Iglesia propone en
esos años la revisión del Concordato Iglesia-Estado, desea renunciar a los
privilegios y pide al gobierno que renuncie al derecho de nombramientos de
obispos, confesionalidad del estado y aceptar la libertad religiosa y el
pluralismo político.
A finales de los 70
aprietan el acelerador en sus demandas del reconocimiento de los derechos
humanos, respeto a la identidad étnica y cultural de los pueblos de España
y exigencia de amnistía para los presos políticos...
Y aún así, para
muchos, la Iglesia se sitúa en las instituciones más involucionistas de la
sociedad, cuando ella misma ha sido artífice y protagonista de primera
línea del devenir y la transformación histórica de la sociedad española.
Injusta crítica de
muchos editoriales y de muchos políticos que anquilosados en el poder
buscan en la Iglesia un punto de mira y una crítica mordaz para dejar
inmunes sus intereses.
Es impensable la
historia de la transición española sin las manifestaciones y declaraciones
de la Iglesia, y hoy la misma élite política quiere marginar a la Iglesia
para que se esconda entre velas y entre rezos, sobreviviendo en las
sacristías y en el ámbito puramente privado.
¿Acaso la Iglesia no
tiene derecho a orientar el voto de sus católicos, cuando otros colectivos
lo hacen sin recibir estas críticas y recelos?
¿Acaso la Iglesia no
puede anhelar en nombre de sus principios morales una sociedad nueva
criticando posturas que atentan contra el bien común y el derecho a la
vida, y pedir a los católicos que analicen los programas electorales de
cada partido político sin decantarse a priori por ninguna tendencia
creyendo que ella misma posee el crédito y la bendición de los obispos y
la misma Iglesia?
Publicado el 27 de
mayo de 2003
|