La Filosofía de
Santo Tomás de Aquino y Nuestro Lenguaje Cotidiano
L. Jean Lauand
"Gracias", "Perdón", "Congratulations", "Merci",
"Enhorabuena" y tantas otras formas cotidianas de expresión en los
distintos idiomas, encierran en si una profunda enseñanza en orden al
conocimiento filosófico del ser humano. Mas allá de un eventual formalismo
vacío, hacia donde el uso cotidiano tiende a someterlas, estas
expresiones, aparentemente casi sin importancia, marcan su impronta en la
realidad humana.
Conferencia pronunciada en el Departament de
Ciències de l'Antiguitat i de l'Edat Mitjana de la Universitàt Autònoma de
Barcelona, 23-04-98
(Dedicado -con los tres grados de gratitud- a mi
querido amigo Hermenegildo Pizzio, autor de esta traducción)
Introducción
“Gracias", "Perdón", "Congratulations", "Merci",
"Enhorabuena" y tantas otras formas cotidianas de expresión en los
distintos idiomas, encierran en si una profunda enseñanza en orden al
conocimiento filosófico del ser humano. Mas allá de un eventual formalismo
vacío, hacia donde el uso cotidiano tiende a someterlas, estas
expresiones, aparentemente casi sin importancia, marcan su impronta en la
realidad humana.
A partir de la discusión metodológico-temática sobre el
lenguaje y de la antropología filosófica (en el contexto del clásico Santo
Tomás de Aquino), estas fórmulas de convivencia se ponen de manifiesto
como una suerte de lenguaje cifrado, a la vez infinitamente sorprendente y
sabio. Como lo reafirma Isidoro de Sevilla, sin la etimología no se conoce
la realidad, en tanto que con su aporte es posible rescatar, rápidamente,
la fuerza expresiva de las palabras:
"Nisi enim
nomen scieris, cognitio rerum perit" - Etym.I,7,1.
Y además "Nam dum videris unde ortum est nomen, citius
vim eis intellegis" -Etym. I, 29,2. "A menos que conozcas la
palabra con que se las nombra, el conocimiento de las cosas se verá muy
menguado". "En efecto, en la medida que visualices el origen del nombre,
tanto mas rápidamente comprenderás su significación".
En rigor de verdad, las palabras encierran un potencial
expresivo bastante mayor del que nosotros (tan automático es el uso que de
ellas hacemos) - podríamos imaginarnos. De ahí el cuidado que el filósofo
pone al momento de examinar la sutileza del lenguaje común, ya sea en su
propio idioma como en otro.
Algunas consideraciones metodológicas
Cuando la filosofía retoma el lenguaje común, sabe que
esta no está cumpliendo un rol secundario, muy por el contrario, por ella
accede al centro de la reflexión filosófica. El análisis de las formas
cotidianas reviste importancia también desde el punto de vista de la
educación, si de verdad pretendemos que esta trascienda el ámbito
meramente formal para convertirse en un proceso de autentica
autorrealización - mediante el cual la persona accede al contenido y al
significado antropológico que se oculta debajo de las formas.
Ese "acceder" no es fácil ni inmediato.- Somos
proclives, mas bien al menoscabo y al descuido del profundo sentido
originario que se realiza en una u otra formulación. De aquí que esté
siempre vigente aquella verdad fundamental puesta de manifiesto tanto en
la antropología occidental como en la oriental: "El ser humano es
esencialmente alguien que olvida". Y de esta manera el lenguaje, el habla
viviente del pueblo se vuelve en muchos casos, depositario de grandes
experiencias olvidadas. Y si quisiésemos rescatar el sentido humano que
poseen, deberíamos retornar de un modo crítico, con un gran
discernimiento, a este repositorio.
No debe sorprender entonces que un pensador clásico, de
la talla de Santo Tomás de Aquino sostenga una línea filosófica
íntimamente comprometida con las formas comunes de hablar. En este sentido
resulta oportuno recordar alguno de sus principios metodológicos.
1 - Con frecuencia nuestras palabras sólo explican de
un modo parcial -el Aquinate emplea el adverbio divisim - la
realidad que es compleja, a tal punto que supera ampliamente la capacidad
intelectual del ser humano. En este contexto, está la fuerte sentencia de
Tomás: "ningún filósofo nunca ha llegado a desentrañar la esencia de una
mosca". A diferencia de Dios que expresa todo en un único Verbo, "nosotros
debemos manifestar de una manera fragmentaria nuestro conocimiento
mediante el uso de muchas palabras".
"Quia enim nos non possumus omnes nostras conceptiones
uno verbo exprimere, ideo oportet quod plura verba imperfecta formemus,
per quae divisim exprimamus omnia, quae in scientia nostra sunt" - Super
Ev. Io.cp. 1,1c1). Así como no podemos expresar todos nuestros conceptos
mediante una sola palabra, de igual manera es necesario que debamos
valernos de muchas palabras imperfectas, por las cuales podamos expresar
de un modo fragmentario la realidad que configura nuestro conocimiento.
2. Otro aspecto interesante,
también ligado a la limitación de nuestro conocimiento y de nuestro
lenguaje es aquel que podríamos calificar de un modo gráfico como "el
efecto girasol", tan bien explicado por Tomas: "En razón de que los
principios esenciales de las cosas nos son desconocidos, muchas veces para
describir lo esencial (que no alcanzamos), nuestras definiciones caen en
un aspecto accidental". (Et quia essentialia principia sunt nobis
ignota, frecuenter ponimus in definitionibus aliquid accidentale, ad
significandum aliquid essentiale" - In I Sent. Ds
25,q 1, a 1, r 8). Así por ejemplo, todo el ser de la planta que
llamamos girasol está descrito a través de una sola característica
figurativa, accidental y limítrofe, en este caso, por el comportamiento
heliotropico de la planta.
3. Y así no escapa al criterio del Aquinate que muy a
menudo es diferente el enfoque, el método por el cual una determinada
lengua describe a una determinada realidad: El mismo objeto que protege de
la lluvia (paraguas, parapluie, guarda-chuva) sirve también para
protegernos del sol (ombrello, umbrella, sombrinha). Por eso, dice
Tomás que diferentes idiomas expresan la misma realidad de un modo diverso
("diversae linguae habent diversum modum loquendi" - I, 39, 3 ad
2).
"Gracias": Los tres grados de la gratitud.
Habíamos señalado que la limitación del conocimiento
humano se refleja en el lenguaje. No podemos expresar qué son las cosas
sino en la medida en que no sabemos qué son. Amén de esto que, muchas
veces, una palabra pone énfasis desde su origen en uno solo de entre los
muchos de los aspectos que ofrece la realidad que describe.
Y puede darse el caso que con el correr del tiempo esta
realidad cambie, evolucione sustancialmente, a tal punto que pierda la
conexión con el origen de la propia palabra que aún perdura.
No nos debe causar sorpresa el hecho de que en el uso
cotidiano las palabras vayan perdiendo transparencia. Decimos "ensalada de
arroz" (en Brasil se llama a macedonia "Ensalada de frutas", porque
implica mezcla) y no advertimos que "ensalada" deriva de sal...
De modo similar hoy en día el "camarero" denota al mozo
que sirve una mesa, más que a quien cuida un aposento; y también el
"villano" que más que señalar al habitante de la campiña, el campesino,
hoy por hoy denota a una persona grosera, carente de urbanidad y cortesía;
el chofer no calienta sino que conduce el vehículo... En definitiva si
esta incompatibilidad no nos causa extrañeza, es porque el lenguaje se ha
vuelto opaco para nosotros.
Tomás de Aquino sostiene que la "Gratitud" es una
realidad humana compleja - (y eso ya sugiere que su expresión verbal sea
en todos los idiomas un tanto fragmentaria: poniendose énfasis solamente
en un aspecto) :"La gratitud se compone de diversos grados. El primero
encuentra su fundamento en el "reconocimiento" (ut recognoscat) del
beneficio recibido. El segundo consiste en alabar y dar gracias (ut
gratias agat); y por último, el tercero, estriba en el acto de
"retribuir" el bien recibido de acuerdo a la posibilidad del beneficiado y
según las circunstancias más oportunas de tiempo y lugar" (II-II, 107,
2,c).
Esta enseñanza, a prima facie tan simple, puede
ser hallada en los diversos modos con los cuales las distintas lenguas se
valen para agradecer: cada una poniendo su acento en un aspecto de la rica
y multiforme realidad que la gratitud implica la gratitud.
En algunos idiomas el sentimiento de gratitud se pone
de manifiesto de acuerdo con el primer nivel: resaltando con mayor nitidez
el reconocimiento por parte de quien ha recibido la gracia. En este
aspecto el reconocimiento (al igual que reconnaissance en francés)
es propiamente sinónimo de gratitud. En esta tesitura resulta de sumo
interés analizar la etimología de la palabra gratitud: En la sutileza de
la lengua inglesa to thank (dar gracias) y to think (pensar)
tienen la misma raíz, y no es casual que tengan la misma conformación
ortográfica. Al dar la definición de thank el Oxford English
Dictionary dice claramente:" El sentido primario fue por tanto ser tenido
en consideración, pensado". Y en esta misma línea de pensamiento, en
alemán danken (agradecer) es originariamente denken
(pensar).
Todo esto resulta, en suma, muy
fácil de comprender, dado que como todo el mundo sabe, tan solo puede
sentirse verdaderamente agradecido aquel que piensa en el favor que ha
recibido como tal. Es así que solo es agradecido quien piensa, pondera, y
tiene en cuenta la liberalidad, la grandeza de espíritu que ostenta el
benefactor. Cuando esto no ocurre sobreviene el justo lamento: "qué falta
de consideración". Por eso Santo Tomás, haciendo notar que lo máximo
negativo es la negación del grado ínfimo positivo (la última a la derecha
del que baja es la primera izquierda del que sube), sostiene que la falta
de reconocimiento, el desconocimiento, constituye la máxima ingratitud.
"Est gravissimum inter species ingratitudinis, cum
scilicet homo beneficium non recognoscit" (In II Sent.d 22 q.2 a.2
r.1). Y en este sentido Séneca (citado por Tomás en II-II,106, 3 ad
4) comenta que la máxima ingratitud es no reconocer que el favor sobrepasa
lo estrictamente debido, "ultra debitum". De ahí que diga el
ingrato: "Ministerium tuum est" (tu no haces mas que corresponder
de acuerdo a tu obligación)
La expresión árabe de agradecimiento, shukran,
shukran jazylan se ubica directamente en el segundo nivel: aquel que
ensalza al benefactor y al beneficio recibido.
En este contexto la formulación latina de
agradecimiento, "gratias ago" que tiene su correlato en el italiano
grazie, en el castellano gracias (y en el francés merci),
es relativamente compleja. Santo Tomás afirma (I-II,110,1) que en su
sentido medular, el término gracia, conlleva tres dimensiones:
1. - Obtener gracia, entrar en la gracia, en el favor,
en el amor de alguien que por consiguiente nos otorga un beneficio;
2. - Gracia lleva implícito también un don, cualquier
cosa no debida, dada gratuitamente, sin mediar mérito por parte del
beneficiario;
3 . - La retribución, "el dar gracias por parte del
beneficiado.
En el tratado De Malo (9,1) se adiciona un cuarto
significado para la expresión "gratias agere". El de alabanza, que
considera que el bien recibido procede de otro y que, por tanto, debe ser
alabado.
En el amplio cuadro que hemos descrito - aquel que se
refiere a las expresiones de la gratitud en inglés, alemán, francés,
castellano, italiano, latín y árabe -, se destaca con caracteres bien
nítidos la forma portuguesa: "obrigado". Esta formulación, tan
cautivante y también singular es la única en la cual se halla claramente
expresado el profundo sentido de la gratitud del que habla Tomás, el
tercero (que naturalmente incluye en sí los dos anteriores): aquel que
hace referencia al vínculo (ob-ligatus, de obligare = atar,
ligar, encadenar), a la obligación, al deber de retribuir.
Podemos también analizar la
riqueza que encierra en sí la forma japonesa utilizada para expresar el
agradecimiento. "Arigato". La misma nos traslada a los siguientes
significados primitivos. 1. "la existencia es difícil", "y difícil es
vivir", 2. "rareza", "excelencia" (excelencia de la rareza). Estos dos
últimos sentidos son comprensibles si se los enmarca: en un mundo en el
cual la tendencia general es la de que cada cual piensa en sí mismo,
solamente para sí, y las relaciones humanas se rigen (en el mejor de los
casos...) por la estrecha y fría justicia, haciendo, por tanto, que "la
excelencia" y la "rareza" aparezcan como características singulares del
favor. Pero "dificultad de existir" y "dificultad para vivir" parecería a
prima facie que nada tienen que ver con el agradecimiento. Sin
embargo Santo Tomás enseña que la gratitud debe -al menos en el plano de
la intención- superar al favor recibido. Y que nosotros somos por
naturaleza deudores: de un hombre en relación a otro en cuanto que es su
bienhechor, y sobre todo a en relación a Dios. "¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo...?, dice el salmo 115".
En esta situación de débito impagable, - (tan tocante a
la sensibilidad de quien tiene sentido de la justicia)- el hombre
consciente se ve en cierto modo comprometido y hace todo lo que esté a su
alcance (quidquid potest), tendiendo a brindarse en un exceso ("excessum")
que percibe es insuficiente . Con relación a esta insuficiencia y que se
percibe como que no se dispone de recurso adecuado, nace la apelación a
Dios, puesta de manifiesto en la expresión" "Que Dios te lo pague", que
naturalmente deja por sobreentendido que un pobre hombre como yo no pueda
hacerlo.
De esta manera, la expresión japonesa Arigato se
refiere al tercer grado de gratitud, poniendo de relieve la conciencia de
cuan difícil se hace la existencia (desde el momento en que se recibe tal
inmerecido favor, y por ello queda uno en el deber de retribuir, siempre
imposible de cumplir...)
¿Sinónimos?
Santo Tomás es bastante estricto en el uso de la
palabra "sinónimo". Para él son sinónimos solamente las palabras cuyo
signficado son equivalentes, esto es, aquellas que no solo indican la
misma realidad (res) sino también que se refieren al mismo aspecto,
a la misma relación (ratio).
Afirma, en este sentido en la Summa Contra Gentiles:
"No obstante estas palabras significar lo mismo, hacer referencia a la
misma realidad, no son sinónimos porque no están centradas bajo el mismo
aspecto. "Quamvis nomina dicta eadem rem significent, non tamen sunt
synonyma: quia non significant rationem eandem" (CG I,35,1).
De este modo para el Aquinate, dos (o más palabras son
sinónimas) si (y solo si) en cualquier contexto pueden ser reemplazadas
sin que por ello implique una alteración real del sentido. Y el ejemplo
que pone al respecto en el Comentario a las Sentencias, son los
vocablos, túnica, vestido y vestidura (indumentum). Todo lo que se
afirmare (o negare) acerca de túnica será también afirmado (o negado) de
vestido. Sería como cambiar "seis" por "media docena"...
"Sicut patet
etiam in synonymis; tunica enim et vestis eandem rem significant, tamen
nomina sunt diversa; et similiter indumentum.
Unde affirmationes et negationes quae pertinent ad rem,
non possunt verificari, et dicatur: tunica est alba, indumetum non est
album" (In I Sent. d. 34,q.1,a.1,r.2).
Nosotros mismos, y ya con menos precisión admitimos
como sinónimas palabras que si bien con título o énfasis diferentes, se
refieren a la misma realidad. De este modo el diccionario brasileño
Aurelio define al sinónimo como "palabra que tiene casi las misma
significación que otra". Por su parte el Larousse es más explicito
todavía: "mots qui se présentent dans la langue avec des sens trés
proches et qui se différencient entre eux par une nuance (trait
particulier)".
Al propio tiempo el diccionario
Oxford distingue y destaca dos sentidos, uno estricto y otro lato.
"Synonym - 1- strictly a word having the same sense
as another (in the same language); but more usuallly, either or any of two
or more words (in the same language) having the same general sense, but
possessing each of them meanings which are not shared by the other or
others, or having differents shades of meaning or implications appropriate
to different contexts: e. g. Serpent, snake; ship, vessel, etc."
Para Tomás, por el contrario, como lo dejamos dicho,
dos palabras pueden referirse a la misma y única realidad y no por eso ser
sinónimos: porque diferentes son sus sentidos. Es el caso, por ejemplo, de
los diversos nombres con los cuales se nombra a Dios o a algunos de sus
atributos (Creador, Omnipotente, la Bondad, la Justicia, etc): todos
confluyen hacia una misma Realidad, pero no son sinónimos.
"Ostenditur etiam ex dictis quod, quamvis nomina de
Deo dicta eandem rem significent, non tamen sunt synonyma: quia non
significant rationem eandem (CG I,35,1) Cum non secundum eandem rationem
attribuantur, constat ea non esse synonyma, quamvis rem omnino unam
significent: non enim est eandem nominis significatio, cum nomen per prius
conceptionem intellectus quam rem intellectam significet" CG I, 35,2)".
De cualquier modo que sea, desde el punto de vista
metodológico, existen dos puntos que revisten importancia para el
filósofo:
1- La búsqueda de los contenidos del lenguaje común en
los cuales una palabra no puede - sin alteración del sentido - ser
reemplazada por ningún "sinónimo". Esto constituye un fecundo
procedimiento para descubrir la realidad antropológica significada por el
vocablo.
2. - El segundo punto a resaltar es el hecho de que
cada "sinónimo" presenta su propia y particular razón de ser, cuan-do se
refiere a un determinado aspecto diferente de la misma y única realidad:
así como cuando hablamos de "casa", "hogar", "domicilio", "residencia",
"habitación" etc. En sí la realidad a la cual se refieren todas estas
palabras es la misma y única edificación, - ubicada en la calle tal,
número cual tal, etc.- pero nadie dice "domicilio, dulce domicilio", ni
tampoco la dirección de recaudación fiscal sacude sus impuestos sobre el
hogar", aún cuando naturalmente estamos de acuerdo en que es legitima la
sustitución de una de estas palabras por otra, siendo indiferente el uso
de esta o aquella: en definitiva son sinónimos.
Esta multiplicidad de formas existente en el lenguaje
para señalar una misma realidad reviste importancia fundamental para
comprender el análisis que Santo Tomás efectúa sobre el sentido del amor.
"Dear friend"
La riqueza (y la precisión) del vocabulario vivo que se
relacione con un determinado sujeto en una lengua, denota el interés vital
que tienen por el tema aquellos que lo hablan. En este sentido es notable,
por ejemplo en Brasil, en Argentina y en Italia la increíble cantidad de
formas usadas para describir al puntapié: puntapié atlético, puntapié
bailado, puntapié total, puntapié jugado...
En este mismo sentido Santo Tomás presenta distingos
entre los diversos "sinónimos" del amor en latín, interesantes desde el
punto de vista de la antropología filosófica. Así al afirmar (I Sent..d
10,q 1,a59) que el Espíritu Santo es amor o caridad o dilección del Padre
y del Hijo, determina en forma precisa que amor indica la simple
inclinación del afecto por el ser amado, en tanto que dilección (tal como
la propia etimología lo indica), presupone la elección racional y por lo
mismo conlleva una reflexión.
Por su parte "caritas", objeto de particular
estudio en este tópico, pone de relieve la vehemencia del amor (dilectio),
considerando al ser amado en un valor inestimable ("inquantum dilectum sub
inaestimabili pretio habetur"), en el mismo sentido como cuando se afirma
que las cosas (el costo de la vida, las cosas adquiridas son caras ("secundum
quod res multi pretii carae dicuntur").
Y aquí nos encontramos con un hecho por lo demás
sorprendente y sugestivo. No es casual que también en otros idiomas se use
la misma y única expresión para decir "meu caro amigo" y "los porotos son
caros", ("my dear friend", "beans are too dear"; "mon cher ami" y "haricots
son trop cher"; mein teurer Freund" y "Bohnen sind teuer").
Para el realismo medieval no resultaba extraño el uso
de la palabra "caridad", elegida para describir el Amor de Dios (el amor
al prójimo por amor a Dios), siendo una expresión precristiana vinculada
al dinero, al precio: caridad, el amor por el ser amado, insiste Tomás,
indica aquello (una cosa, un objeto, algo) que consideramos (estimamos -
estimado, también etimológicamente se refiere al dinero...) de
inestimable precio, como algo sumamente caro; como claramente lo
señala en el comentario a las Sentencias: "Caritas dicitur,eo quod sub
inaestimabili pretio, quasi carissimam rem, ponat amatum caritas" (In
III Sent. d 27,q 2,a1,ag 7).
De este modo cuando decimos "dear friend" nos estamos
refiriendo metafóricamente al precio, a la estima (y en la misma tesitura
también apreciar, apreciado, desprecio, menosprecio....).
Téngase presente que en esta misma línea se sitúa la
fórmula de cortesía utilizada en el mundo árabe cuando un amigo va a
solicitar algo:"Anta gally wa talibuka rakhiz" (tu eres de alto
precio y tu petición de bajo precio").
Y cuando recordamos que Cristo compara el Reino de los
Cielos con un tesoro que un hombre ha encontrado en un campo o a un
comerciante que busca piedras preciosas y que la obtención de este bien
exige la venta de todo el resto, no nos sorprenderá que "Caridad" sea la
expresión elegida para designar el bien conseguido.
Enhorabuena
Volvamos ahora a una situación, como la que se nos
presenta casi a diario, de cuando felicitamos a alguien, a fin de rescatar
el sentido original que encierra el augurio de congratulación. Siguiendo
el procedimiento medieval nos detendremos en analizar la etimología.
Cuando rebasamos el ámbito de la formalidad y de lo
consuetudinario, los votos de felicitaciones: Enhorabuena (y sus
correlativos en otras lenguas, en italiano Auguri, en inglés
Congratulations, Parabéns en portugués, etc.), podemos ver que
conllevan diferentes y complentarios indicios sobre el misterio del ser y
del corazón humano. Qué significan exactamente estas expresiones?. Qué
pretendemos expresar manifestar, en realidad, cuando decimos: Auguri,
Enhorabuena, Congratulations... etc.
Todas ellas encierran un profundo significado, y por
decirlo de alguna manera "invisible a los ojos".
Comencemos con la expresión castellana "Enhorabuena",
literalmente "en buena hora". Enhorabuena indica que un determinado camino
(los años de estudio que culminan con la obtención de un título académico,
la ardua tarea destinada a consolidar una empresa que se inaugura, etc.)
llega en "este momento", en esta hora en la cual se dan las
felicitaciones, a buen final: esta es en rigor de verdad la hora buena,
enhorabuena!.
Precisamente el hecho de ser la hora de la conclusión
es lo que configura la existencia de una buena hora. La sabiduría de los
antepasados nos habla de la "hora de uno", de la hora buena y mala... Sin
embargo la buena hora, la mejor hora es aquella en la cual se da la
conclusión, la consumación de la obra, aquella del buen término del
camino, la que marca el momento de la finalización, que sin dudas es mejor
que la del comienzo: como lo refirma la sabiduría bíblica: "Melior est
finis quam principium".
Ya la formulación inglesa, también presente en alemán y
en otras lenguas, "congratulations", expresa la alegría por el bien
del otro con el cual nos congratulamos, esto es nos alegramos. Esta
concomitancia de alegría está insinuada también por la forma deponente de
los verbos latinos "gratulor" y "congratulor". La forma
deponente indica que la acción descripta por el verbo no es ni activa ni
pasiva: es mas bien una acción que, ejercida por al sujeto, se vuelve
hacia sí mismo. Vale decir, en este caso, que la alegría que
exteriorizamos al momento de felicitar a tal persona es también, a titulo
propio, muy nuestra.
La expresión árabe mabruk utilizada para
felicitar a otro, reviste el carácter de bendición, de un "bien decir."
Mediante la encantadora forma portuguesa "parabéns" es
posible expresar precisamente esto: que el bien conseguido, que la meta
lograda esté ordenada, orientada "para el bien": "parabéns". Esto es, que
sea para bien. Dado que cualquier bien conseguido (el don de la vida, la
recompensa por el trabajo realizado o la conquista de un título, de un
diploma), puede, como todo el mundo sabe, ser usado tanto para el bien
como para el mal.
La expresión italiana "auguri, auguri tanti"
anuncia que este bien que se celebra es solo un preanuncio, una
prefiguración, un augurio de otros todavía mayores que sobrevendrán.
"Mis condolencias"
"Cargaba sobre mi ánimo una tristeza..." dice la
antigua samba de Paulinho da Viola: la tristeza es, evidentemente, un
peso, una carga, los famosos pesares...! Y para cargar sobrellevar el peso
del dolor, de la tristeza, nada mejor -enseña Tomás-, que la ayuda, el
concurso de los amigos: "La tristeza es como una carga agobiante que se
vuelve más llevadera cuando es compartida con otros. De aquí se desprende
que la presencia de los amigos sea tan valorada en los momentos de dolor".
"Quod tristitia
est sicut onus grave quod quanto plures transsumunt fit levius ad
portandum et sic presentia amici delectabilis" (Tabula libri Ethicorum,
cpt)". En cuanto a la tristeza es como una suerte de pesada carga
que se alivia en la medida que es compartida entre muchos y de esta manera
la presencia del amigo se torna deleitable".
De esta manera, de inmediato es posible advertir, que
la manifestación de condolencia ("dolerse con") sea pésame, que
literalmente quiere decir "me pesa" ("yo te ayudo a cargar el peso
derivado de tu tristeza").
"Perdón"
"Perdonar" es una forma de expresión tardía que no se
encuentra en Santo Tomás. La palabra correspondiente y usada por él es "parcere".
Sin embargo encontramos en Santo Tomás los argumentos filosóficos que
justifican la etimología de las modernas expresiones de "perdonar", "pardon",
"pardonner", "perdão" etc.
El prefijo "per" encierra los sentidos de "por" (a
través de) y de plenitud, de grado máximo". En composición con adjetivos y
adverbios y tal vez con verbos les confiere la fuerza de superlativo o
encarece la idea que encierra la palabra simple. Como en el caso de las
expresiones "perdurar" (durar por mucho tiempo), "perorar" (orar, hablar
con mucho énfasis), "permanganato" (sal del ácido en el que el magnesio
interviene con su mayor valencia de siete), etc.
Y así el perdón aparece como un acto de donación
superlativa. Lo mismo ocurre con las formas inglesa y alemana: for-give,
vor-geben.
Cómo piensa el Aquinate el tema del perdón y como lo
relaciona con la máxima donación? Hay influencias bíblicas y litúrgicas.
En la liturgia Tomás queda impresionado con la oración a menudo por él
mencionada, y que forma parte de la plegaria de la misa del X domingo
después de Pentecostés, que dice:"Deus qui omnipotentiam tuam parcendo
maxime manifestas" "Oh Dios que manifiestas tu omnipotencia sobre todo por
el perdón..."), y prosigue "que el perdón de Dios configura un poder
superior al hecho de crear los cielos y la tierra" (II-II,113,9,sc.).
Por otro lado Tomás advierte en la traducción de la
Carta a los Efesios. "Sed benévolos unos con los otros, misericordiosos,
donándoos mutuamente como también Dios se ha donado a vosotros a
través de Cristo" (Ef 4,32). "Estote autem invicem benigni,
misericordes, donantes invicem sicut et Deus in Christo donavit vobis".
Y en la carta II a los corintios (2,10): "Y al que vosotros algo
(per)doneis, también le (per)dono yo, pues lo que yo (per)dono, por amor
vuestro lo (per)dono..."). No hay dudas para Tomás que la entrega por
excelencia no consiste en entregar dinero o tiempo o cualquier otra cosa,
sino perdonar.
Y concluye con su
habitual sobriedad, con el sugestivo "o sea". "Donaos, o sea: perdonad"
"donantes, o sea: siendo misericordiosos".
Publicado el 27 de
mayo de 2003
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