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En respuesta al Dr. José Ramón López Gómez

Pbro. Roberto Visier

Como a los niños abortados les “cortaron” la lengua y todo el cuerpo, o les aplastaron la cabeza, o les expulsaron violentamente de ese santuario de la vida que es el seno de la madre, donde tenían el derecho de madurar hasta su nacimiento; me veo en la obligación de usar en nombre de ellos el derecho a la réplica.

Como a los niños abortados les “cortaron” la lengua y todo el cuerpo, o les aplastaron la cabeza, o les expulsaron violentamente de ese santuario de la vida que es el seno de la madre, donde tenían el derecho de madurar hasta su nacimiento; me veo en la obligación de usar en nombre de ellos el derecho a la réplica.

Dice el Dr. López Gómez en la entrevista de este periódico del pasado Domingo que “algunos estamentos de la Iglesia católica” se oponen a la reproducción asistida. Supongo que se refiere a los mismos estamentos que se oponen a todo aborto provocado sin excepción. Conviene recordar que se trata no de algunos obispos o algunos sacerdotes, sino de la doctrina constante de la máxima jerarquía de la Iglesia encabezada por el Papa. Juan Pablo II, en concreto, en la encíclica ‘El evangelio de la Vida’ declaró de un modo solemne, es decir, revistiéndose de toda su autoridad como vicario de Cristo, con el mismo modo de hablar que se usa en la definición de los dogmas, que el aborto provocado es siempre gravemente inmoral. El concilio Vaticano I enseñó como dogma que cuando el Papa habla de este modo su doctrina es infalible por la autoridad de atar y desatar que Jesús confirió a S. Pedro (Mt, 16, 18) Esta doctrina de la Iglesia es, por tanto, irreformable. La Iglesia se traicionaría a sí misma si la cambiase. Este planteamiento jamás será revisado. Quizás estas palabras no signifiquen mucho para un no creyente pero deberían ser trascendentales para alguien que se califica como “católico, apostólico y romano” (a partir de aquí lo entrecomillado son palabras textuales del doctor López Gómez).

Por otro lado, afirmar que defender la vida del niño concebido y no nacido es ir “un poquito más atrás del desarrollo de la humanidad” me parece semejante a decir que lo moderno es matar. Sin duda es cierto, porque eso es lo que más se ve ahora: en el cine, en los videojuegos, en las guerras, en el terrorismo, en la guerrilla y desgraciadamente cada día en nuestras calles. ¿No le parece doctor que es precisamente el avance de la ciencia, de la ginecología, de la fetología, de la genética, el que nos ha llevado a la certeza, siempre claramente intuida, pero nunca tan evidente como ahora, de que el embrión es un ser vivo y humano, genéticamente completo, llamado a desarrollarse plenamente? Este ser humano inmaduro, como podríamos decirlo de un bebé o de un niño de 10 años tiene derecho a vivir, a nacer y a crecer, etc. Ciertamente el aborto “siempre es una amenaza de muerte”, pero no principalmente para la madre, sino para el feto cuya desaparición violenta se busca directamente.

“¿Estamos obligados a favorecer que un niño nazca con graves anomalías que van a poner en peligro su futuro? Puede nacer sin brazos o sin piernas”. Sinceramente, estimado doctor, me asombra tener que recordarle que como médico está obligado, con obligación grave e ineludible, a favorecer que un niño nazca, sean cuales sean las circunstancias. Responda Ud. esta pregunta: ¿Estamos autorizados a favorecer que un niño no nazca, a matarlo segando el 100 % de su futuro? ¿Por qué negarle el 25 % de posibilidades de que nazca sano? Y si nace sin brazos ¿Deja de ser humano? Si mañana pierdo un brazo en un accidente ¿Perderé también mi dignidad humana o mi derecho a vivir? Si un diabético ve en peligro su pierna ¿Habrá que cortarle la cabeza para que no viva sin pierna? Si Ud. pregunta a un parapléjico si desea vivir, seguramente le dirá que sí e incluso le puede decir que es feliz así. Y si en un momento de depresión o desánimo le dijera que no ¿Ud. lo mataría? ¿Le ha preguntado a la madre de un bebé muy enfermo si desearía que su hijo no hubiese nacido? La respuesta casi siempre es que quieren a su bebé sano o enfermo.

Ud. dirá que no es lo mismo porque en el caso del aborto el “ser que se va a desarrollar” no ha nacido todavía. Ciertamente, eso hace aparentemente más fácil, por lo de nocturnidad debe ser, su eliminación. Pero precisamente los descubrimientos sobre el genoma humano prueban con toda evidencia que no hay diferencia esencial (sólo de tamaño, forma, edad, ...) entre el embrión, el niño, el adulto o el anciano, sean sanos o enfermos, más útiles o menos útiles según los criterios egoístas que rigen nuestro mundo. Todos tienen la misma dignidad humana y los mismos derechos inalienables por eso nunca deben ser manipulados ni instrumentalizados. Si pretende evitar a los defectuosos o sufrientes, creo que tendrán que matarnos a todos. Además esa es una ideología muy semejante a la que sirvió de base al genocidio nazi.

Finalmente, la Iglesia no puede frenar el progreso de la ciencia, por la sencilla razón de que sus juicios no son científicos, sino morales y religiosos. Para aceptar los religiosos es preciso profesar la fe católica pero para aceptar los morales o éticos sólo es necesario tener conciencia. Una ciencia sin principios morales, es decir, puesta al servicio de intereses egoístas, de la injusticia o la mentira, de la violencia o de la guerra, de la conculcación de los derechos fundamentales del hombre conducirá al hombre a su autodestrucción.

Publicado el 27 de mayo de 2003

 
 

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