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De Mayo del 68 a Mayo de 2003: Los hombres de Televisión Española y el Papa

Juan Campos / El Rotativo-Universidad S. Pablo-CEU

Se ha destacado la abundante y positiva cobertura de la mayor parte de las cadenas televisivas al viaje de Juan Pablo II a España. Pero, ¿qué piensan los hombres que están detrás de las cámaras? ¿Cómo viven un acontecimiento tan especial? Un realizador de TVE, con una interesante evolución interior, nos lo cuenta.

“¡No puede ser! ¡Ha pasado a mi lado y no lo hemos podido ver de verdad de cerca, y lo tenia allí a diez metros!” Así hablaba un realizador, tan cerca del Papa, pero encerrado en su Unidad Móvil. Lo veía a través de los monitores pero no podía verlo con sus ojos, para poder sentirlo más.

Muy diferente era el caso de otro compañero que, todo indignado, mientras trabajaba exclamaba: “¡ No puede ser que me pase esto a mí, con lo que yo soy (se refería a ser no creyente), y que tenga que estar trabajando en esto!”

Otra compañera nos dice: “Soy creyente pero no practico. Estuve todo el tiempo del viaje tratando de hacer mi trabajo y nada más. Pero al final, justo al final estaba esperando la imagen del Papa salir del avión por la puerta para despedirse y cuando de pronto salió, fue algo difícil de explicar: me dio un vuelco el corazón; fue algo que no sé decir, me entiendes tú .”

Claro que lo entiendo, también a mí, viendo al Papa, me sobrevino una enorme emoción, pues creo en él como sucesor de Pedro, cabeza visible de los apóstoles, transmisor de la gracia del Espíritu Santo. Viéndole luchando por todos nosotros a pesar de su debilidad física, anciano, pero lleno de la fuerza divina, las lagrimas afloraron sin pudor.

Proceso vital

Yo soy hijo de Mayo de 68, militante de izquierdas. Me enfrenté, como toda mi generación, con una situación que pedía a gritos un cambio; deseando que viniera la democracia. Me embarqué hasta la médula en un modelo de vida que aparta a Dios no sólo de la esfera profesional, sino que pretende dejarlo como una opción similar a elegir un coche metalizado o no; así: creyente, o no. Como si el ser creyente no irradiara tu vida de tal modo que te transmutara de arriba abajo. Fracasado en ese proyecto de vida de izquierdas, también como toda la generación (sólo que muchos aún no se han enterado), me enfrenté al marasmo creado en mi vida: por la interpretación del hombre como causa final del orden de la creación, y de la falta de asunción de responsabilidades propio de los “pasotas” actuales.

Tuve la enorme suerte de que Dios se apiadara de mí, sin merito mío alguno, arrumbado como estaba en el desastre mas sombrío; a la muerte de mi padre, el Señor me tocó el corazón y desde entonces camino reaprendiendo a ser cristiano. Asimilando, día a día, el significado de cada faceta de la vida del ser cristiano, que todo lo transforma.

Programa especial

Con motivo de la visita del Papa he trabajado en la realización de un Programa especial de una hora sobre el Papa Juan Pablo II. Su titulo, “Testigo de Paz y Esperanza”. Viajar a Roma y verlo en la Liturgia de la Semana Santa fue de verdad emocionante. Ha sido el revivir una vida, pues me he documentado viendo todas las imágenes de los casi ya 25 años de pontificado.

Con voz fuerte, pero llena de cariño, decía él hace veinticinco años: “No tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo”. Esa frase me impresionó profundamente, como todas esas frases que sacuden la conciencia de todo hombre que las escucha con el corazón abierto.

De aquel hombre fuerte que en 1982 vino a España y llegó a Santiago como peregrino, queda hoy este anciano. Aún así me decía otro compañero:“Tiene una capacidad de comunicación enorme y un carisma que te mueres, nunca parece estar alejado de los demás; él como Papa tiene un gran nivel, pero no está nunca por encima de la gente, separado de la gente”.

Como profesional de la comunicación desearía poder transmitir a todos esta emoción impactante, deseo y considero una obligación el dar testimonio de la Palabra recibida.

Cumplo cincuenta años y con Juan Pablo II he caminado por todos los acontecimientos históricos de estos años. Reconozco que queriendo más al mensajero que asumiendo su mensaje. Por eso, ahora viéndole cansado y tan mayor, es inevitable reasumir todas las responsabilidades que se nos exigen: “Seréis mis testigos”.

Pretendo, humildemente, asumir parte de la responsabilidad de haber sido testigo de su descomunal esfuerzo por mantener la llama viva de la palabra de Cristo, y por tanto obligarme a defender sus posiciones en la formación de los principios: de este pueblo, de esta nación, y de esta Europa.

Publicado el 27 de mayo de 2003

 
 

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