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El viaje del Papa en la prensa, un gran acontecimiento mediático

M. Alejandro Rgz. de la Peña / El Rotativo-Universidad S. Pablo-CEU

La visita del Papa a España tuvo un gran seguimiento en la prensa nacional e internacional, naturalmente desde diversas perspectivas. Con el resumen de las mismas que nos hace el autor de este artículo, podemos hacernos una idea bastante completa de la repercusión mediática del viaje, desde los días anteriores al mismo hasta las valoraciones que lo siguieron.

Comencemos por los días anteriores al viaje. En general, la prensa menos afín a la Iglesia Católica, con los diarios El País y El Mundo a la cabeza, optó por anunciar la llegada a España de un Papa “mensajero de la Paz”, resaltando su papel de conciencia de la Humanidad durante la guerra de Iraq. Se trataba de buscar un perfil positivo de Juan Pablo II asumible por todos los lectores por encima de sus creencias. Con ello quedaba muy en segundo plano el aspecto más importante de la visita, el hecho de que venía el Vicario de Cristo con el mensaje salvífico cristiano.

En esta noción del Papa de la Paz insistía Ramón Tamames, quien resaltaba que el Papa “siempre es una mensajero de Paz para la Humanidad... es un heraldo en el que se sintetizan todas las creencias, religiosas o no, que coinciden en ahuyentar los demonios de la guerra”, luciendo “más que nunca su espíritu de concordia, de encuentro con el pueblo, que seguro en Madrid va a rendirle el homenaje que se merece” (El Mundo, 3_5_03).

Ahora bien, no todos los articulistas de El Mundo recibían con igual afecto al Pontífice. Francisco Umbral, haciendo gala de un sectarismo feroz y de una ignorancia aún más preocupante, escribía que el Papa venía a España no sólo a recordarnos el valor de la Paz y el prestigio de la caridad, sino también a “consagrar a cinco mártires de Franco en la Guerra Civil, lo cual es una manera de mantener viva aquella vieja guerra” (El Mundo, 29_4_03). En realidad, de los cinco canonizados, tan sólo uno, Pedro Poveda, murió durante la contienda fratricida. Y, desde luego, no fue un mártir de Franco, sino de Cristo.

Por lo general, los artículos publicados en los diarios Abc y La Razón, optaron por resaltar los aspectos pastorales de la visita, oscurecidos por el ruido mediático en torno a la guerra de Iraq. En este sentido, Ignacio Sánchez Cámara ponía el dedo en la llaga al señalar que “con todo lo anterior, apenas se ha rozado, a mi juicio, lo esencial. El mensaje del que es depositario Juan Pablo II no es otro que el de la salvación y la inmortalidad abiertas a todos los hombres. Sin esto, todo lo anterior tiene un valor secundario” (Abc, 3_5_03).

Especialmente lírica y evocadora fue una Tercera de Abc que le dedicó al Papa el novelista Juan Manuel de Prada (3_5_03), donde apuntaba que “el anciano octogenario que hoy nos visita está hecho de un barro a punto de desmoronarse; pero debajo de esa envoltura fragilísima alienta la piedra del espíritu, que no sabe de claudicaciones. Tú eres Pedro; y sobre tu fortaleza se sostiene el clamor agonizante del mundo”.

No tan atinadas fueron las intervenciones, también en Abc, del polémico Enrique Miret Magdalena y el político socialista José Bono, en el marco de un debate organizado por el rotativo madrileño. Miret se despachaba afirmando que “no espero mucho de este viaje, me parece rápido y circunstancial” (no parece tener el don de la profecía) e insistiendo en que el Papa “con más razón que otros debería jubilarse” (3-5-03). Bono, por su parte, metido a teólogo de ocasión, afirmaba que “en el ámbito sexual, la Iglesia defiende un fundamentalismo absurdo y sin base evangélica”. La respuesta la encontraríamos en el propio Abc, donde el embajador de España ante la Santa Sede, Carlos Abella y Ramallo, escribía: “otros le quieren execrar por enemigo de sus posiciones progresistas, sin darse cuenta de que el Papa no puede trivializar los valores permanentes del hombre, ni ir contra la vida, ni aceptar el adelanto voluntario de la muerte” (1-5-03).

En el extranjero, el diario Le Monde, principal órgano de expresión de la izquierda intelectual francesa, subrayaba que Juan Pablo II es “para la juventud española, alejada por lo general de la Iglesia, la autoridad moral más creíble, muy por encima de los políticos” (3_5_03).

Encuento con los jóvenes

Pasando a las crónicas del encuentro del Papa con los jóvenes, Abc titulaba así la suya, firmada por Jesús Bastante: “Un millón de personas arropa a Su Santidad en el encuentro de jóvenes de Cuatro Vientos”, y destacaba que “sólo la figura de Juan Pablo II podía reunir a un número tan elevado de personas, a una masa tan variopinta, diversa y diferente como la que ayer se concentró en esa inmensa explanada” (4_5_03). La crónica de José Manuel Vidal para El Mundo llevaba por título: “El Papa, por la paz y contra la guerra” y apuntaba que “ni los propios obispos esperaban tanta gente”. Para este periodista “la sintonía del Papa con los jóvenes es casi química. Como buen actor, dispone sus palabras y sus silencios en una perfecta interacción con su público”.

Un periodista laicista como Raúl del Pozo tenía que rendirse a la evidencia y titulaba de forma gráfica su comentario: “Cuatro Vientos: diez estadios Bernabéu”. Este veterano comentarista reflexionaba sobre el hecho de que “el viejo misionero” se ha convertido “en uno de los primeros líderes” de nuestro mundo globalizado. Finalizaba con un apunte que, a pesar de su visceral exageración, encierra una gran verdad: “el milagro de la Iglesia Católica es que, a pesar de que hubo papas asesinos, incestuosos y hasta ateos, ha prevalecido su mensaje hasta el Tercer Milenio” (El Mundo, 4-5-03).

Los editoriales de El Mundo y El País (4_5_03) redundaban en la consabida fórmula del Papa de la paz. De esta forma, el editorialista de El Mundo titulaba “El Papa recuerda a los españoles el valor supremo de la Paz”. El editorial de El País, que consideraba al Pontífice el “Papa más visible de la historia del catolicismo”, reconocía que “nadie podrá decir que Juan Pablo II no ha hecho lo que estaba en sus manos cansadas por poner racionalidad, legalidad y misericordia en la política internacional”. Sin duda, no es casual que ambos periódicos se hubieran destacado en el mes precedente en su oposición al apoyo del gobierno español a la invasión norteamericana de Iraq.

En el diario Abc, que había apoyado discretamente al gobierno en el conflicto, su director, José A. Zarzalejos, prefería hacer hincapié en otros aspectos no menos importantes de la personalidad del Pontífice polaco: “Juan Pablo II es la expresión más plástica y real de un referente moral casi universal al que los hombres de sociedades y países distintos escuchan y respetan porque, orillando lo contingente, proyecta su mensaje a un Más Allá que enlaza con un sentido innato de la trascendencia”. Pero Zarzalejos no se quedaba en la esfera espiritual y señalaba que la “adhesión al Papa, popular y auténtica, tiene que ver con una conciencia colectiva de identidad, de reconocimiento propio”. Y eso que, más arriba, había calificado positivamente “el regreso definitivo de lo confesional al ámbito privado” (4_5_03).

Misa en Colón

Pasando a la solemne Misa de canonización de la plaza de Colón, El País titulaba su crónica con un contundente “El Papa encarga a España evangelizar la UE”. Lola Galán subrayaba que las palabras del Pontífice demostraban “hasta qué punto cuenta con el gobierno español para que sea incluida en la Constitución Europea una mención clara a los orígenes cristianos del Viejo Continente” (5_5_03). Por su parte, Abc prefería resaltar un aspecto menos político de la homilía del Santo Padre: “Se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo”.

La Razón en su editorial señalaba que “más que el número, cabe destacar el entusiasmo con el que los jóvenes escucharon a su líder espiritual y el compromiso expresado por más de un millón de personas en una misa al aire libre”. El editorial de El Mundo resaltaba que ésta ha sido “la visita del Papa más cómoda y agradable para todos” y apuntaba algo que no deja de sorprender en este diario: “España no sólo no ha dejado de ser católica, en contra de la famosa sentencia de Manuel Azaña, sino que, visto lo visto, podría pensarse que es más católica que nunca”. El diario vasco El Correo Español destacaba, por su parte, que “en el tramo final de su pontificado, Juan Pablo II ve su autoridad moral acrecentada más que nunca”.

En la prensa internacional tuvo también enorme eco la exitosa visita del papa Wojtyla a España. El diario vaticano describía una España “entusiasta e incontenible con el Papa”, lo que demostraría que el pueblo español “frente a las insidias de la secularización y del materialismo no ha perdido el deseo de mirar hacia lo alto” (L`Osservatore Romano, 5_5_03). En Francia, el importante diario conservador Le Figaro consideraba la visita “todo un éxito”. El también conservador diario británico The Daily Telegraph titulaba: “Un millón de personas se congrega para escuchar las últimas palabras del Papa a España” (5_5_03). El corresponsal del principal diario de izquierdas británico, Giles Tremlett, escribía que “un viejo y enfermo Juan Pablo II ha demostrado que no ha perdido nada de su carisma popular, cuando un millón de personas se congregaron en una plaza de Madrid” (The Guardian, 5_5_03).

Tras la visita

De alguna forma, se puede decir que el “armisticio” mediático hacia la Iglesia que había regido durante la estancia en nuestra patria de Juan Pablo II, terminó tan pronto como pisó la escalerilla del avión en Barajas.

En el diario El País se desató una campaña de artículos con un tema estrella: el Papa no es el Papa de la Paz, como el propio periódico había dicho en días anteriores, sino un agitador de resentimientos por canonizar mártires de la Guerra Civil y no pedir perdón por la complicidad de la Iglesia con el régimen de Franco. El pistoletazo de salida lo dio Juan G. Bedoya, poniendo sobre el tapete una vieja herida no cerrada del todo por la parte de la Izquierda española. La canonización del P. Poveda y la inocente mención por parte del Papa de la “persecución religiosa” (¿cómo llamar si no al asesinato de 10.000 personas por el único delito de ser cristianos?) durante la Guerra Civil, le servían de casus belli para escribir el siguiente dislate: “El Papa hizo ayer varias referencias a la Guerra Civil, pero sólo en honor y memoria de una de las partes, sin una palabra misericordiosa sobre la tragedia general que supuso el terrible conflicto fratricida” (5_5_03). A continuación, Bedoya se hacía eco de lo realizado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (una asociación vinculada a Izquierda Republicana), que dedicó el domingo, mientras en la Misa del Papa más de un millón de personas nos dábamos la paz, a excavar las fosas del odio, exhumando siete cadáveres de una fosa común en Recas (Toledo).

Esta línea del rencor sería proseguida en días sucesivos por el catedrático catalán Vicenç Navarro, quien consideraba “una incoherencia que el mismo Papa que se ha opuesto a la guerra de Iraq no hay condenado el golpe militar (de 1936)” (El País, 5-5-03) y por el columnista Fernando Vallespín, que aludía, en referencia a la Misa de Colón, a una “estampa que recuerda a otros tiempos”(8-5-03). Dos teólogos enfrentados a la Iglesia como Benjamín Forcano (El Periódico de Catalunya, 6-5-03) y José María González Ruiz (La Opinión de Málaga, 8-5-03) se apuntaron con entusiasmo a este disparate de la “Iglesia golpista”.

Sin embargo, un diario de tradición tan laicista como el italiano La Reppublica, hacía una lectura completamente diferente de los mismos hechos: “Juan Pablo II exalta el martirio, pero ya no se dan polémicas, como hace unos diez años con motivo de la canonización de los mártires de la Guerra Civil. España se ha reconciliado” (5_5_03).

Podemos aquí recordar una reflexión de la periodista Carmen Herrero: “la gran diferencia entre la persuasión y la manipulación está no tanto en los fines, pues en los dos casos se pretende convencer...; la manipulación se sirve de recursos engañosos, equívocos y por una vía no racional sino emotiva”. En mi opinión, ensuciar un viaje apostólico marcado por la paz y la armonía con las insidias y rencores del pasado, no tiene otro nombre que manipulación.

Por lo demás, lo cierto es que, a excepción de dos artículos abiertamente hostiles debidos a Eduardo Haro Tecglen (El País, 5-5-03) y Francisco Umbral (El Mundo, 7-5-03), se produjo una avalancha de artículos y cartas que se hicieron eco del inmenso entusiasmo del pueblo español del que fuimos testigos esos dos días de mayo.

Así, por ejemplo Juan Manuel de Prada titulaba su columna de forma expresiva: “Quédate Wojtyla” (ABC, 5-5-03); Alfonso Ussía apuntaba que “cuando un millón de españoles se junta para compartir el amor y no el odio, la esperanza en el futuro deja de ser una quimera” (ABC, 6-5-03); Álvaro Martínez señalaba que “pasará mucho tiempo hasta que vuelvan a reunirse tantos españoles para hacer lo mismo. Aprovechar esa fuerza común es el gran reto del día siguiente” (ABC, 5-5-03).

Con esta última frase nos quedamos. Es el día después el que hará que la siembra del Papa rinda ciento por mil.

Publicado el 27 de mayo de 2003

 
 

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