La oración del
peregrino ruso
Pbro. Roberto Visier
Esta hermosa historia de un verdadero santo que
alcanzó las altas cimas de la oración contemplativa, nos ayuda a
comprender el verdadero sentido de la oración vocal y mental
En un clásico de la
literatura cristiana oriental, se narra la historia de un peregrino ruso
que deambula por el país en busca de la oración interior. La lectura de
este pequeño libro, todavía fácil de conseguir en las librerías católicas,
es apasionante. Habiendo enviudado y viéndose muy limitado físicamente
para el trabajo por tener un brazo inútil, abraza la pobreza para
emprender una peregrinación en la fe en busca de la oración ininterrumpida.
Los monjes orientales enseñaban la práctica de esta oración constante.
Para ello usaban de la repetición de una jaculatoria llamada “la oración a
Jesús”, en varias versiones semejantes que invocaban a Jesús con estas o
semejantes palabras: “Señor Jesús, ten misericordia de mí”. La invocación
era repetida por los monjes de modo incansable, miles de veces al día.
Esta devoción se convirtió en una de las prácticas de piedad más comunes
en oriente. Instruido por monjes sabios y ancianos, el peregrino ruso
alcanzó la oración interior. El nombre de Jesús quedó gravado en su
corazón fortaleciéndolo en medio de las más grandes dificultades, hambre,
frío, soledad, mientras la oración se repetía en su interior sin esfuerzo,
fluyendo como un arroyo de aguas transparentes, como al ritmo de la
respiración o de los mismos latidos del corazón.
Esta hermosa historia
de un verdadero santo que alcanzó las altas cimas de la oración
contemplativa, nos ayuda a comprender el verdadero sentido de la oración
vocal y mental. La oración vocal es la que se repite con los labios en
fórmulas aprendidas o recitadas espontáneamente, en comunidad o en
soledad. El rosario es una de las oraciones vocales más practicadas en
occidente. La oración mental es la que se realiza interiormente en un
ejercicio de la mente y del corazón.
Ambos tipos de oración
son importantes. Si cabe, la oración mental o meditación es más importante
y la vocal no tendría sentido, ni verdadero fruto si no es a la vez
mental, es decir, si las palabras que pronunciamos no van acompañadas por
la atención de la mente y el amor del corazón. Precisamente el peregrino
ruso convirtió la oración de Jesús, una sencilla oración vocal, en una
continua meditación del misterio de Jesús, en la certeza de la presencia
de Jesús en su vida.
Sin embargo es un
error despreciar la oración vocal, como repetición de palabras sin
sentido. La oración es repetición de palabras pero con pleno sentido.
¿Cómo no repetir la oración que Jesús mismo nos enseñó, como modelo de
toda oración? El Padre nuestro es la respuesta a los apóstoles que le
pidieron a Jesús que les enseñara a orar (Lc. 11,1). También nos enseña en
el evangelio de Mateo que no debemos orar con largas oraciones, pensando
que seremos escuchados por nuestras locuacidad (Mt. 6,7). Pero
precisamente las oraciones vocales más tradicionales son oraciones breves
y llenas de profundidad y sencillez. Algunas personas se quejan de que no
saben orar porque no saben improvisar largas oraciones de alabanza o
súplica como otras. Pero es que la oración no consiste en esforzarse por
decir muchas palabras, ni puede estar reservada a los que tengan facilidad
de expresión. Para eso están las oraciones de siempre y otras, mejor si
son breves y sencillas, para que todo el mundo, sin distinción de cultura
y edad, las pueda decir con atención y devoción y comunicarse con Dios. En
verdad que a algunos rezanderos o rezanderas se les podían aplicar esa
reprensión de Jesús, pues sus oraciones con frecuencia son largas,
complicadas y a veces contienen grandes despropósitos, mucho peor si se
recitan con precipitación y sin devoción, como una ametralladora de
palabras que nadie oye ni entiende.
Por otro lado la
oración más profunda, aun llena de simplicidad, es difícil de expresar;
habría que ser grandes poetas para poder hacerlo y aun así nuestros versos
se quedarían muy cortos. Igual que el amor verdadero, por ser un
sentimiento sublime, es más apto para ser experimentado que explicado o
sintetizado en una definición, así son muchas experiencias de oración,
pues son destellos del amor infinito de Dios. A muchas personas
espirituales que tienen oración profunda les resultaría difícil explicar a
otra persona quien es Dios, pero sería sumamente difícil convencerlas a
ellas mismas de la lejanía o inexistencia de Dios, ya que de alguna manera
verdadera pero misteriosa han visto y tocado a Dios en la oración. En
estos casos es el testimonio de vida el que proclama a Dios mejor que las
palabras o razonamientos.
Así pues, no debemos
prescindir de la oración vocal. El Papa acaba de reafirmar la actualidad
del rosario, pero indicando la gran conveniencia de meditar los misterios
mientras fluyen suavemente los avemarías. La oración mental es fundamental
para el crecimiento espiritual, la oración vocal sostiene y ayuda a la
mental. La repetición de jaculatorias breves, como llamaradas de fe y amor
es de una eficacia admirable. En cualquier lugar se puede elevar la mente
a Dios un instante y repetir con la lengua y la boca que Dios nos dio para
alabarle: Bendito sea Dios, Sagrado Corazón en ti confío, Alabado sea el
Santísimo, Espíritu Santo, ilumíname y santifícame, Santa María, ruega por
mí, etc. Salpiquemos nuestra vida de oraciones, vivamos en la presencia de
Dios y el Señor salpicará, mas aun inundará nuestra vida de bendiciones.
Publicado el 27 de
mayo de 2003
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