Política y vanidad
Alejo Fernández Pérez
Lo grave surge cuando la vanidad se utiliza como arma
para torcer la voluntad de los políticos , jerarcas, patrones, jefes y
jefecillos de cualquier categoría.
La vanidad no es más
que un afán excesivo de ser admirado. Forma parte de las personas que se
creen con derecho por sus cualidades, por su posición, por su prestigio a
la admiración y al acatamiento de los demás, y lo muestran en sus
actitudes y palabras. Se dice: Si halagas su vanidad conseguirás de el lo
que quieras. Si sale en la foto contribuirá generosamente a cualquier
suscripción. Generalmente es un defecto menor que, a veces, hasta resulta
gracioso, cuando no se desorbita. En muchas ocasiones se convierte en uno
de los grandes motores de nuestras actividades. Por salir en la TV, por se
admirado, por salir en la prensa, y por pasar a la posteridad los hombres
y mujeres somos capaces de afrontar riesgos y trabajos penosos. Pero,
también es el talón de Aquiles a través del cual pueden obtenerse ,de
forma injusta, buenas prebendas de personajes importantes.
Lo grave surge cuando
la vanidad se utiliza como arma para torcer la voluntad de los políticos ,
jerarcas, patrones, jefes y jefecillos de cualquier categoría. Existen
verdaderos artistas que manejan la vanidad del otro con suma maestría .
Recuerdo un amigo, buena persona, con un cargo importante que pretendía
que los favores y honores que recibía eran debidos a su personalidad y no
al cargo que ostentaba. Mira, le dije un día: Cuánto vale el 4 aislado.
Cuatro contestó. ¿ Y si le pones tres ceros detrás? . Cuatro mil
respondió. O sea que el valor depende de la posición que ocupa. Se enteró
cuando tuvo que dejar el cargo.
Claro que los jerarcas
adulados no suelen enfadarse por salir en la foto – Hay que ver como
empujan algunos- ni porque se tome su intransigencia o sus arrebatos de
ira como indicadores de una arrolladora personalidad. Nada embriaga tanto
como los elogios. Uno está dispuesto a creer a pies juntillas, sin sombra
de duda, en el alto coeficiente mental que le atribuyen sus subordinados.
El poder, la gloria y los honores son de naturaleza narcótica y adictiva.
Las adulaciones tienen la extraña capacidad de embotar la inteligencia, y
son algunos de los graves peligros, no contabilizados, que acechan a
políticos y sociedades.
Decía Joyce: “con el
sombrero en la mano se llega lejos”. Cuenta Plutarco que, preguntado Bías
sobre cuál era el animal más peligroso, respondió : “Si hablas de las
bestias, el tirano; si de los animales domésticos, el adulador”. En otro
lugar escribía :“Los cazadores atrapan las liebres con los perros, pero
muchos hombres atrapan a los ignorantes con la adulación” Y, Shakespeare:
“No hay quien sea enteramente inaccesible a la adulación, porque el hombre
mismo que manifieste aborrecerla, en alabándole de esto es adulado con
placer suyo”
En tiempos de
elecciones , y en todos los tiempos, será un buen ejercicio mental de los
políticos – si están dotados de cierto valor- echar un vistazo y observar
quienes son los que les alaban sin cesar y quienes les contradicen de vez
en cuando. Ellos y nosotros podríamos salir ganando.
Publicado el 27 de
mayo de 2003
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