Tu latido
Javier Menéndez Ros
Den Haag. 10 de Mayo
2003
De repente he abierto mis ojos y me he encontrado con
los tuyos, Madre, llenos de cariño. Y he mirado tu sonrisa que llenaba tu
rostro, la misma sonrisa que regalarías a tu hijo Jesús.
Lloraba, tenía miedo.
Y Tú me has cogido con cariño. Al oído me has susurrado con palabras que
solo las madres regalan a sus hijos. Me has acariciado mi cabeza y me has
pegado a tu pecho. Poco a poco una gran paz me ha inundado, y mi llanto ha
cesado.
Ahora oigo tu corazón,
Madre, siento muy cerca tus latidos familiares, aquellos que tantas veces
escuché cuando estaba en tu interior. Y acompaso mi corazón al tuyo, como
dos manos que se juntan, como dos alas de una misma ave. Respiraba lento,
calmadamente. Cierro mis ojos y me duermo sabiendo que nada me turba.
Sueño que estoy en la playa jugando con la arena. El sol me calienta sin
quemarme, la brisa me acaricia y siento las olas que me hacen cosquillas
en mis pies. Suenan lentas, cadenciosas, suaves, como tu corazón. Con cada
latido tuyo un beso en mi frente, con cada sístole tuya un “te quiero” y
me mojas con tus olas de cariño, y yo me dejo querer por Ti.
De repente he abierto
mis ojos y me he encontrado con los tuyos, Madre, llenos de cariño. Y he
mirado tu sonrisa que llenaba tu rostro, la misma sonrisa que regalarías a
tu hijo Jesús. Y he pensado: ¡qué bonita eres, Madre!
Hoy, quiero olvidarme
de que soy mayor. Quiero dejar atrás mi trabajo, mis reuniones, mis viajes
y mis preocupaciones. Quiero hacerme de nuevo un niño, pero un niño
indefenso para que Tú me cuides, para que Tú seques mis lágrimas con tus
besos, para que inundes de sol y de luz mis miedos y tristezas. Quiero ser
niño para oír la llamada de Jesús, para limpiar mi corazón manchado, para
calmar mi ritmo agitado, para que mi latido se una al tuyo. Madre,
acércame a tu corazón y ponme en el corazón de Cristo.
Publicado el 27 de
mayo de 2003
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