[FIRMAS] CARLOS DÍAZ
¿Alma bella, o corazón duro?
Carlos Díaz
A veces queremos ser
almas bellas, mas no pudiendo cambiar al mundo hacia mejor, antes al
contrario empeorando y maleándonos poco a poco nosotros mismos en el
intento, terminamos por recluirnos en nuestra propia coraza,
metamorfoseándonos como corazones duros. Así las cosas, ¿es mayor la
fuerza del mal que la del bien, o a la inversa?
El bien puede vencer
sobre el mal, pese a la potencia de lo maligno, pero hay que promoverle
porque no cae de un cocotero, y es preciso madrugar para acompañar al
ángel que pasa, emprender la decisión de ir con él, de tomar el relevo, de
aferrar la antorcha, de participar compartiendo. Quien se siente a la
puerta de la historia verá pasar su propio féretro, llevado por quienes
madrugaron más. Únicamente desde el grupo con el que compartimos podremos
aguantar el mal del mundo, elaborar su duelo, dando el paso siguiente:
volver a la arena para que donde hubo mal se pueda hacer el bien. Nosotros
solos no podemos. A partir de ahí trataremos de ir ensanchando el
horizonte sabiendo defendernos sin estar a la defensiva. La tarea: salir
de dos en dos para reforestar lo que habíamos encontrado desforestado tras
elaborar el duelo. Los hermanos mayores marcharán delante si son
verdaderamente nuestros hermanos mayores.
Quien piense que los
valores no traen conflicto se equivoca. Lo malo es que generen conflicto y
además no sean valores. El universo de los valores no es un jardincito
epicúreo para descansar en él. Hay una tendencia a depositar los valores
en una estantería mientras que el sujeto se queda fuera. Pues no, el ser
humano es un animal axiológeno, creador y destructor. En la naturaleza
humana está el generar crisis, el construir y destruir, diferencia radical
con respecto a los animales, que una vez explorado su propio territorio se
quedan dentro de él. En todo «planeta axiológico» podemos llegar a adoptar
pautas de comportamiento que hoy ni siquiera imaginamos.
Las crisis resultan
inevitables, destruyen valores anteriores y producen valores venideros. A
veces, en el saldo, lo negativo es mas contable que lo positivo o
viceversa, pero en ocasiones este saldo solo puede cuantificarse algún
tiempo después, pues hace falta perspectiva para poder valorar. En el
momento en que acaba de escribir La ciudad de Dios ve san Agustín a las
puertas de Roma, la ciudad eterna, a los bárbaros y escribe: «El mundo se
acaba». Para él, demasiado cerca, aquellos pueblos bárbaros (bárbaros
porque no hablaban latín, idioma eterno) traían el fin del mundo. Casi
todos los grandes pensadores experimentan una conciencia más aguda de las
crisis que las gentes normales, las cuales se lamentan sin reflexionar
sobre lo que está pasando.
Así las cosas, ¿al
final de todas las crisis de la historia no hay crisis? Entraron los
bárbaros y no pasó nada. Cayó el muro de Berlín y no acabó el mundo,
¿significa esto que crisis + crisis + crisis = no crisis? ¿La actual
crisis es más crítica que las demás, teniendo en cuenta que si destruimos
la naturaleza todo lo demás será imposible? ¿Cómo hablar de crisis, si los
valores son eternos?
Publicado el 27 de
mayo de 2003
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