La credibilidad
Adolfo Carreto – AVMradio.org
"Es necesario que el pueblo recupere su confianza en
la justicia". Esta frase viene repitiéndose insistentemente, desde hace
años, en nuestra sociedad latinoamericana.
"Es necesario que el pueblo recupere su confianza en la
justicia": la dicen, con leves variantes, líderes de las comisiones de
derechos humanos en Chile, Colombia, Argentina, Guatemala, Bolivia, El
Salvador, Brasil... Ahora se repite machaconamente en Venezuela. Indica,
por lo mismo, que la credibilidad en la forma de impartir justicia, o en
el no impartirla, esté en el grado más bajo en la sensibilidad humana de
nuestros pueblos.
Lo peor que puede acontecer a una sociedad es que sus
ciudadanos pierdan la fe en sus estructuras, y si no en sus estructuras,
al menos en la forma cómo éstas se manejan. Con la pérdida de la fe llega
aceleradamente el desorden. Y con el desorden, la anarquía
Eso que a nivel religioso se denomina secularización,
es decir, pérdida de la fe, ha invadido campos más allá de los
estrictamente sobrenaturales. Si la secularización religiosa se aúpa en la
indiferencia o negligencia o rechazo de lo trascendente, la secularización
social va aupándose en la pérdida de los valores que hasta ahora sostenían
a la sociedad. Y la justicia ha sido siempre la base en la que todo ser
humano se asentaba para dar consistencia a su existir.
Al parecer, la mayor enfermedad que nos aqueja es esta
de la falta de confianza en la implementación de la justicia. Si el ser
humano moderno dejó a un lado la fe en la trascendencia para asentarse en
la fe de la cotidianidad terrestre, parece que la conclusión es la pérdida
de las dos dimensiones. Si se protestaba sobre una supuesta injusticia
divina ante los males del mundo, guerras incluidas, hambrunas, deudas
externas impagables, etc. Sobre todo por aquellos que aquejaban
inmisericordemente a los más débiles, el resultado viene siendo la
inauguración de la injusticia humana casi en forma estructurada.
En otras palabras: el ser humano, sobre todo el
latinoamericano, se halla inmerso en un estado de desnudez político social
asombroso, sin capacidad para vislumbrar quién puede arroparle su
indigencia.
Hay quienes afirma que de la incredulidad se pasa a la
desesperación, y no está de más recordar nuevamente los incidentes que han
venido sucediéndose en esta Venezuela nuestra para constatar que tal dicho
no es mera teoría. Así que andamos en busca de la luz, pero el túnel se
alarga más cada día.
Publicado el 18 de
junio de 2003
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