La Europa atea
Adolfo Carreto – AVMradio.org
España, la nación católica por antonomasia en el
ámbito europeo, corre aceleradamente hacia un proceso de secularización.
El Papa ha intentado frenar el proceso de
secularización de España con su última visita, pero, aunque muchos
feligreses se desbordaron a su paso, vitoreándolo como al único líder
respetado y respetable, no creo que lo haya conseguido.
España, que durante la primera mitad del siglo XX, y
gran parte de la segunda, amparándose en toda su tradición secular,
parecía convertirse en el centinela del catolicismo europeo, ha venido
desarrollando un proceso de indiferencia religiosa que preocupa
sobremanera al papa y a las autoridades eclesiásticas. Tal proceso no
puede ser achacado a la ascensión al poder de los partidos primero de
izquierda u luego de derecha, como algunos pretenden. Tampoco en España se
ha producido una persecución a la Iglesia. Todo lo más, un retiro de
algunos privilegios, de los que había gozado a plenitud, sobre todo
durante la época de la dictadura del general Franco. Lo que ha ocurrido ha
sido un proceso social, no sólo un proceso político y económico. Si acaso,
un proceso social sosteniéndose en un proceso político y económico.
Es, en última instancia, un proceso muy europeo, como
la misma Iglesia reconoce y como el mismo Vaticano ha puesto de
manifiesto. El papa no se cansa de presionar para que en la Constitución
Europea aparezca oficialmente el calificativo cristiano de Europa. Pero el
caso español es tanto más preocupante por cuanto parece ser el último en
haberse realizado.
Las Iglesias Misioneras europeas, y entre ellas, quizá
con prioridad, la española, han pasado a ser "iglesias de misión". La
preocupación de los encargados de la evangelización ya no es tanto cómo
aumentar la fe de sus feligreses, que parecía estable, cuanto cómo
conservar la que queda y cómo inyectar una nueva a los indiferentes.
En realidad, estas sí son sociedades auténticamente
infieles, por cuanto que la fe ha pasado a la infidelidad. Los
tradicionalmente considerados infieles no lo eran en propiedad, puesto que
no habían desertado de la fe; simplemente no la conocían. Europa, y
concretamente España, se han convertido en sociedades auténticamente
infieles, con toda la propiedad del término. Así que no serviría de mucho
que en la Constitución Europea apareciera el calificativo de naciones de
raigambre cristiana. La fe no la proporcionan las leyes, aunque a veces
las leyes ayuden. Lo cierto es que una Europa que va consiguiendo su
unidad en muchísimos aspectos, a juicio de la Iglesia está perdiendo la
gran esencia de su identidad: la fe que hasta ahora, a pesar de otras
fronteras, la mantenía unificada. La fe de Europa ahora se llama
indiferencia, por no decir infidelidad.
Publicado el 18 de
junio de 2003
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