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Novios, no “marinovios”

Pbro. Roberto Visier

Es demasiado fácil confundir el amor con el lazo pasional que une a los que no viven realmente como novios, sino como marido y mujer pero sin formar un hogar, lo que en la calle se llama a veces “marinovios”. Pero ese tipo de relación está condenada al fracaso.

En nuestra búsqueda del amor verdadero, sólido fundamento para toda familia, hacíamos una rápida mirada para descubrir que el amor es exigente, que es preciso cultivarlo y luchar por él cada día, que no se puede improvisar. Esto me parece de una importancia vital. El amor a primera vista no existe. En vano se pide al hijo abandonado que ame a su papá porque es su papá, aunque nunca le dio su cariño, ni su compañía, ni siquiera el más mínimo auxilio. Como mucho llegará a perdonarlo, pero para amarlo como a un padre debe haber un encuentro personal, un proceso de reconciliación, etc. Lo mismo ocurre con el amor hombre - mujer. El flechazo de Cupido es sólo un bonito cuento de la mitología grecolatina para ilustrar la atracción física o el sentimiento de simpatía, todavía superficial, que pueden experimentar un muchacho y una muchacha cuando se conocen.

El amor es una decisión libre por medio de la cual la persona deja que su corazón se vaya apegando a la persona a la que ha decidido amar. Si nos enamoramos es porque queremos y si no pudiésemos ser dueños de los sentimientos de nuestro corazón no seríamos libres. Es verdad que la pasión arrastra, pero eso sólo es un condimento del amor que por si sólo no es el auténtico amor, ya que la pasión es fugaz y el amor es estable por su misma naturaleza. Quiero decir que el amor verdadero es una realidad compleja que es preciso construir. “El que se casa, casa quiere” decimos con razón. Pues bien, más importante que la casa material es el hogar espiritual. Antes de tener nuestra casita debemos de tener bien edificado el amor.

Para edificar el amor existe lo que tradicionalmente hemos llamado “el noviazgo”. Es un período de tiempo, anterior al matrimonio, en el que la pareja se prepara para formar juntos una familia. Es un tiempo muy importante. La preparación es esencial en todos los grandes momentos de la vida. Larga es la preparación del profesional en la universidad, del deportista en largas horas de entrenamiento diario. Formar una familia es algo muy difícil y que compromete a la persona para toda la vida. De una mala preparación para el matrimonio, es decir, de un mal noviazgo, se sigue un matrimonio fracasado. De hecho una parte importante de la crisis familiar se debe a la inexistencia de un noviazgo serio, responsable y eficaz en la formación mutua de los novios para el amor. Así descubrimos en nuestra juventud experiencias semejantes a un noviazgo que no son más que una caricatura: el noviazgo prematuro, cuando se quiere tener novio siendo demasiado joven y no se tiene la capacidad para sobrellevar de un modo ordenado una responsabilidad de ese tipo. Se hace por imitación, por el simple prurito de tener novio o novia como los demás o como el de la telenovela; el noviazgo por juego, buscando saciar la curiosidad de saber lo que es ese tipo de relación, para sentirse amado (sobre todo si hay carencias afectivas) o mimado por alguien, para pasar el rato y tener alguien con quien compartir o divertirse; el noviazgo como experiencia sexual, que convierte al otro en un objeto de placer para buscar una complacencia sexual parcial o total. Todas esta formas de relación de pareja que se pueden dar a la vez en una sola pareja, se caracterizan por la casi total ausencia de un compromiso serio y de una donación mutua generosa.

Si una pareja desea comenzar un noviazgo de veras deberían pensar: primero si tienen la edad suficiente que implique una madurez somática y psicológica; segundo si están dispuestos a pensar en el matrimonio como fin posible, aunque no seguro, de su relación; tercero si son capaces de respetarse, manteniéndose en continencia sexual, conscientes de que convertir el noviazgo en un juego sexual es un tranca para el crecimiento espiritual del amor verdadero. Esto último, tan difícil de aceptar para la juventud moderna, es sin embargo una realidad comprobable por la experiencia diaria. Como consejero y confesor de muchos jóvenes y como persona que convive con los jóvenes y tiene ojos en la cara para ver lo que pasa cada día y a cada rato, he conocido múltiples experiencias de parejas de novios que por no cumplir esta parte han acabado su relación de un modo muy doloroso, casi trágico. Es demasiado fácil confundir el amor con el lazo pasional que une a los que no viven realmente como novios, sino como marido y mujer pero sin formar un hogar, lo que en la calle se llama a veces “marinovios”. Pero ese tipo de relación está condenada al fracaso que se dará antes de contraer matrimonio o después, lo que resulta más traumático.

Los miles de venezolanos y venezolanas que han fracasado en su relación amorosa antes o después de formar un hogar deberían preguntarse cómo fue su noviazgo. Desde aquí hago un llamado a los jóvenes para que no se conformen con una relación superficial, egoísta y radicalmente falsa, como la de aquellos que sólo buscan a la mujer para llevársela a la cama. Es un machismo intolerable al que muchas mujeres se amoldan rebajándose a sí mismas, perdiendo su dignidad y su honor. Pero claro, esas palabras son demasiado elevadas para la cultura vana y barata en que vivimos, donde la relación sexual se ha convertido en un producto de exhibición, compra y venta, profanando la dignidad e intimidad del amor matrimonial al servicio del cual fue creada.

Publicado el 24 de junio de 2003

 
 

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