Una sexualidad
desenfocada
Pbro. Roberto Visier
Se nos ha olvidado preguntarnos el “por qué” de la
sexualidad. Como si sólo contase el cómo hacerlo y del modo más
placentero, pero sin importar el “cuándo” o el “para qué”.
En la búsqueda de la tan ansiada felicidad, el hombre
de cada época ha querido encontrar esa fórmula secreta, esa llave maestra
que le abriera la puerta de la verdadera alegría. En el mundo de hoy es
frecuente que, en los medios de comunicación, los “vendedores de
felicidad” intenten cautivarnos con un producto que nos brinde eficacia,
comodidad o placer. Intentando llegar a los deseos más íntimos del ser
humano, todos quieren ofrecernos el éxito en tres campos que se consideran
muy importantes en nuestra vida: la salud, el dinero y el amor. El
horóscopo, el brujo, el futurólogo de moda, en esta increíble
proliferación de supersticiones baratas, nos promete darnos el ÉXITO en
estos tres campos de nuestra vida. Nos parece que estando sanos, ricos y
saciados de “amor” lo tenemos todo.
Es muy frecuente que en el terreno del AMOR, se dé la
primacía al amor en pareja, a la relación hombre - mujer y más en concreto
a la relación sexual propiamente dicha, como la fuente de la mayor
satisfacción personal. Se puede hablar de una revolución sexual, donde
todo lo que haga referencia a ese tema resulta interesante y donde el tema
se repite y se repite en cada momento y en todas partes: el cine, la TV,
la prensa, la música, los libros, la propaganda, etc. Es una
sobresaturación de información sexual.
Pero cabe preguntarse si en un tema, que de un modo tan
vivo toca el “corazón” del hombre, no haría falta una verdadera formación
sobre la sexualidad y no una mera información. Es como si se nos hubiese
olvidado preguntarnos el “por qué” de la sexualidad, su sentido profundo
para la vida humana. Como si sólo contase el cómo hacerlo y del modo más
placentero, pero sin importar el “cuándo” o el “para qué”, ya que estas
preguntas se responden de un modo superficial e insuficiente diciendo:
cuanto antes, cuando sea, donde puedas y para pasar un rato de placer… Sin
embargo la experiencia y la razón nos enseñan que conocer el sentido y la
finalidad de las cosas nos conduce a un recto uso de ellas y que, por el
contrario, la ignorancia lleva al desastre. Sin duda la educación sexual
es necesaria, pero es insuficiente una descripción del aparato reproductor
masculino y femenino, o una explicación de cómo se realiza el acto sexual.
Es ineludible, hoy más que nunca, una verdadera orientación sobre la
sexualidad. De lo contrario se hará un muy mal uso de ella. Es como
enseñar a un adolescente a manejar un vehículo y ponerlo al volante en
medio de una gran ciudad, sin enseñarle las más elementales normas de
circulación.
Para muchos estas normas se reducen a la utilización de
anticonceptivos, que reduzcan lo más posible el riesgo de un embarazo no
deseado, o el contagio de enfermedades de transmisión sexual. No se dan
cuenta que hay enfermedades afectivas, psicológicas, espirituales, mucho
más graves que cualquier enfermedad o mucho más problemáticas que un hijo,
que no es ninguna enfermedad, ni ningún problema. Quiero decir que el
problema no es el bebé, sino la situación en la que viene y de la que él
no es culpable, sino sus irresponsables progenitores. Su error no fue
tener un hijo, sino enredarse en una relación sexual sin sentido, fuera de
lugar y fuera de tiempo.
La relación marital, en su lugar y en su tiempo, es un
milagro maravilloso que Dios ha inscrito en la naturaleza humana al
servicio del amor de los esposos y de la nueva vida que nace. Eso es algo
evidente; sigamos los pasos del razonamiento: 1. El ejercicio de la
sexualidad sin amor no tiene sentido, es prostitución remunerada o
gratuita; 2. Si está cerrada a la vida pierde una de las finalidades
claramente inscritas en la naturaleza humana y hasta en la naturaleza
animal, la concepción de una nueva vida; 3. Ahora bien, el amor verdadero
debe ser permanente y la vida humana debe brotar en un hogar donde sea
cuidada, protegida, educada; 4. El amor permanente y el hogar estable sólo
puede darse en el matrimonio; 5. Luego concluimos que la relación sexual
ha sido creada sólo para los que están unidos en matrimonio. Incluso lo
podemos plasmar en una fórmula aparentemente matemática:
Publicado el 24 de
junio de 2003
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