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Momentos de oración

Pbro. Roberto Visier

Pocas son los creyentes, aunque de vida espiritual muy limitada, que no dediquen aunque sea un minuto en la noche a pensar en Dios, rezar una oración, hacer la señal de la cruz, encomendarse a Dios de algún modo.

No podemos quedarnos al hablar de la oración en nociones generales o en invitaciones más o menos difusas a recurrir a la oración. La sabiduría milenaria de la Iglesia, por medio de los pastores, obispos y sacerdotes, e incluso de los fieles, ha sabido suscitar, impulsada sin duda por el Espíritu Santo, muy diversos modos totalmente concretos de orar. Son muchas las devociones y prácticas de piedad, aptas para todos los gustos y tendencias, con tal de que en verdad sean útiles para comunicarse con Dios, para crecer en la fe, para alimentar la vida espiritual. Aquí señalaremos algunas de las más comunes, recomendadas por la Iglesia y por muchos santos y que tienen la garantía de ser caminos bien trillados, probados por la experiencia de muchos a lo largo de los dos milenios cristianos.

Pocas son las personas que se consideren creyentes, aunque tengan una vida espiritual muy limitada, que no dediquen aunque sea un minuto en la noche a pensar en Dios, rezar una oración, hacer la señal de la cruz, encomendarse a Dios de algún modo. En efecto la quietud de la noche y el poner fin a las labores que nos absorben durante el día, nos coloca en un ambiente propicio para la oración. Más pendientes de Dios están los que también lo hacen al despertarse por la mañana. Son las oraciones de la mañana y de la noche. ¿Cuántas mamás y abuelas, también papás o abuelos, han iniciado a los más pequeños en sus primeras oraciones de este modo? A este fin es bueno aprender algunas oraciones apropiadas, como ofrecimientos de obras en la mañana o examen de conciencia en la noche.

El Ángelus, que recuerda la anunciación del arcángel a María y la encarnación del Verbo, es una práctica secular. Se puede rezar al mediodía o tres veces al día uniéndola a las oraciones del comienzo y fin de la jornada.

Un puesto muy especial en la santificación de los distintos momentos del día ocupa la Liturgia de las horas u Oficio divino, practicado desde hace siglos por los monjes y monjas y por los sacerdotes y cada vez más en la actualidad por los fieles. Principalmente los Laudes, Vísperas y Completas, son oraciones para la mañana, la tarde y la noche respectivamente de una riqueza espléndida. Los Himnos, Salmos, lecturas bíblicas, preces hacen de esta oración, llamada oficial de la Iglesia, por pertenecer a su liturgia oficial, un suculento, variado y ameno banquete espiritual que jalona el día y lo viste de espiritualidad.

Rezar diariamente el Santo Rosario, meditando los misterios, ha sido práctica común de muchos santos antiguos y modernos. El Papa Juan Pablo II lo ha llamado la mejor arma para conseguir la paz en el mundo. Tanto confía en la intercesión de la Stma. Virgen.

La lectura de libros que traten temas espirituales: formación doctrinal, espiritualidad, vidas de los santos, ha sido siempre un camino de crecimiento espiritual capaz de cambiar el rumbo de una vida. Esta lectura espiritual cotidiana es un medio que utiliza Dios comúnmente para hablar al corazón del que lee con atención, medita lo que lee e intenta vivir lo que ha reflexionado.

Siendo una iglesia o capilla donde esté reservado el Santísimo Sacramento de la Eucaristía un lugar privilegiado de oración, la costumbre de visitar a Jesús, verdaderamente presente, y deshacerse ante él en fervorosa plegaria, en diálogo de amistad, tiene frutos insospechados. Si Cristo se queda allí encerrado por nosotros ¿por qué dejarlo abandonado? El es un sol espiritual que nos calienta y broncea interiormente con sólo ponernos delante. Estas Visitas al Santísimo son demostración de una verdadera devoción que debe estar centrada en la Eucaristía, sacramento del amor.

Si se acompaña esta devoción eucarística con la participación frecuente en la Sta. Misa, recibiendo con las debidas disposiciones la Sagrada Comunión y con la Confesión frecuente, podemos confiar en que nos encontramos ante una persona espiritual de sólidas convicciones religiosas.

Como ya indicábamos en el anterior artículo la oración mental o Meditación ocupa un puesto fundamental en la vida de todo cristiano comprometido en una búsqueda verdadera de la intimidad con Dios. Dedicar media hora al día a meditar el evangelio u otros libros de reflexión espiritual antiguos o modernos es abrirle de par en par el corazón a Dios para que nos transforme y tome las riendas de nuestra vida. De este momento de oración personal depende en gran medida el fruto de los sacramentos y de la oración vocal.

Es evidente que el progreso espiritual no se da de un modo automático por la multiplicación cotidiana de prácticas de devoción. Por eso algunos opinan que una cosa es ser una persona religiosa (que practica muchas devociones) y otra cosa ser una persona espiritual. Realmente toda persona religiosa debería ser espiritual, pero con cierta frecuencia descubrimos que hay quienes tienen la costumbre de participar en la Misa con frecuencia y de rezar el rosario pero no parecen haber interiorizado su fe o su testimonio de vida es deficiente. De hecho los fariseos eran externamente muy piadosos pero fueron acusados por Jesús de estar vacíos por dentro (Mt. 23,13-33). Sin embargo ni se puede juzgar a las personas por apariencias, ni mucho menos afirmar que una vida interior organizada y exigente es innecesaria. Lo que suele ocurrir es que se descuida la oración personal mental que es imprescindible para la profundización de la fe. Toda persona espiritual la practica incluso aunque no sea consciente de ello, porque nadie le explicó lo que es meditación, pero Dios la llevó por los caminos de la oración interior.

Publicado el 24 de junio de 2003

 
 

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