La religión en la
escuela
Francisco Baena Calvo
La educación debe de potenciar una enseñanza armónica,
integral, humanista, que no margine los valores morales y la dimensión
religiosa del hombre.
La educación de las
nuevas generaciones constituye una de las cuestiones más serias e
importantes a las que se enfrenta nuestra sociedad. Y como afirma el
Concilio Vaticano II, “en la verdadera educación se propone la formación
de la persona humana en orden a su fin último y al bien de las sociedades,
de las que el hombre es miembro y en cuyas responsabilidades participará
cuando llegue a ser adulto”, Además, “es urgente ayudar a los adolescentes
a desarrollar armónicamente sus condiciones físicas, morales e
intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido más perfecto
de la responsabilidad en el respeto y continuo desarrollo de la propia
vida, y en la consecución de la verdadera libertad, superando los
obstáculos con grandeza y constancia del alma”.
Hoy existe un gran
esfuerzo para que el individuo tenga una educación integral, un desarrollo
intelectual y corporal, psicológico y espiritual, tecnológico y ético,
etc. En definitiva, la gestación de un ser humano auténtico, honrado y
feliz, equilibrado y capaz de situarse, sin esquizofrenias ni neurosis, en
el grupo y la sociedad en que vive.
La educación de las
nuevas generaciones de nuestra sociedad debe de potenciar una enseñanza
armónica, integral, humanista, que no margine los valores morales y la
dimensión religiosa del hombre. Este objetivo es el que debería de estar
vigente en cualquier sistema educativo, y desde este enfoque debe ocupar
un lugar importante la asignatura Religión.
Difícilmente puede
entenderse la cultura europea, e incluso cualquiera de las culturas, sin
entender el fenómeno religioso. Difícilmente puede entenderse las
manifestaciones culturales del pasado sin comprender, entender y formarse
en el "universo" bíblico, evangélico y eclesial.
La Religión en la
escuela tiene su base en dos grandes principios: por un lado, apoyado en
los acuerdos de la Iglesia y el estado, el derecho que tienen los padres a
reclamar una formación religiosa y cristiana en el ámbito educativo, y,
por otro lado, la obligación que tiene la administración de respetar ese
derecho y darle un marco adecuado, sin marginación, en las competencias
educativas.
Publicado el 25 de
junio de 2003
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