[FIRMAS]
Cínicos no, gracias
Carlos Díaz
Los cínicos son oportunistas que se dejan arrastrar
por los valores cercanos e inmediatos, zigzagueando a tenor de las
circunstancias y sin otro rumbo que la ley del mínimo esfuerzo: el mayor
logro con el menor esfuerzo. Paradójicamente, muchas veces el oportunista
paga su precio y termina trabajando mucho después por no haber querido
antes apostar fuerte en favor de ninguna convicción universal que
mereciese la pena.
El cínico, decía Oscar
Wilde, conoce el precio de todas las cosas y el valor de ninguna. No menos
contundentemente afirmaba Machado: el cínico es un necio, y todo necio
confunde valor y precio, por eso des-precia o menos-precia a aquello que
es valioso. El cínico cree que con dinero en el bolsillo se es
inteligente, atractivo, y además se canta bien. Ignora sin embargo que
quien sólo vive para sí mismo ha muerto para los demás.
Cuando en la sociedad
se ha instalado el cinismo moral y se evalúa a la gente según el precio
dinerario, el maestro -el verdadero maestro- devuelve a las cosas su valor
y las restaura de su olvido dignificándolas cual corresponde. Qué suerte
tiene el alumno cuyo maestro le rescata de la vulgaridad, la cual sólo da
acceso a lo mismo por el mismo dinero, es decir, a la mediocridad. Qué
suerte si le lleva de lo que come a lo que hace, de lo que hace a lo que
piensa, y de lo que piensa a lo que es: el sabio habla de las ideas, el
inteligente de los hechos, el vulgar de lo que come. Qué gran maestro
sería el que lograse contrarrestar esa tendencia inducida, cuyo
uniformismo por otro lado genera tanta frustración y aburrimiento allí
donde esta operación se pone en marcha.
El varón que encuentra
a una mujer hermosa por dentro y por fuera se aburrirá pronto, si sólo
sabe ver en ella objeto de consumo, precio y no valor. El hombre exterior
no tiene garantizado ningún matrimonio, ninguna identidad, ninguna
permanencia, porque es precisamente exterior, dependiente de los estímulos
y las circunstancias. Ahí te quiero ver, buen maestro. Tú escribirás tus
versos uno a uno, nadie te dará un aparato de rimar para hacer pareados
estándar, antes al contrario sacarás de la anónima estandarización a cada
alumno para que lleguen a ser quienes pueden ser siendo lo que son en su
irrepetible identidad. Tú harás ver al cínico que no importa tanto qué hay
sobre la mesa, como quién hay sobre las sillas.
Aunque pueda parecer
lo contrario, creemos que decir «verdades» a tiempo y a destiempo puede
ser una forma de cínico menosprecio de los demás. A la verdad hay que
prepararla el camino, pues sólo con quien amas puedes mostrarte fuerte sin
producir en él una reacción de fuerza o de violencia. No olvides, hermano,
que las puertas sólo se abren a quienes giran el picaporte, no a quienes
dan una patada. En fin, trata a una persona como es y seguirá siendo como
es. Trátala como podría ser, y se convertirá en lo que debe ser. Entonces
comprenderemos que no hay cinismo que no termine rindiéndose a la
evidencia de lo mejor.
Publicado el 27 de
junio de 2003
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