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¿Acaso seré yo así?

Padre Marcelo Rivas Sánchez

Son los inconformes de siempre, pues aunque se pintan el cabello para ocultar los años, son los eternos embusteros en la edad y los criticones de oficio frente a los demás.

Son muchos los que viven por vivir. Viven de una manera alborotada, simplista y sin ninguna valoración. Son los que la hacen a la entrada o a la salida. Ellos siempre están ahí, pero para echar vaina, jamás para aportar, colaborar o acompañar. Son las perfectas gallinas viejas “jamás ponen” Con esta clase de personas es muy difícil convivir. Si se les brinda café ellos querían jugo. Si les das pollo están cansados de comerlo y hablan mal del alimento que consumen. Ellos nunca, pero nunca están de acuerdo, siempre llevan la contraria y lo que es peor, jamás se equivocan. No me digas que lo que estás leyendo se parece a alguien en particular.

Andar por la vida así es un gran problema. Porque nada ni nadie será de su agrado y todos, pero todos sin excepción tendrán defectos y bien grandes. Pareciera mentira pero hoy en día están creciendo los anti comunidad, anti familia, anti empresa, anti todo. Ellos se multiplican a millón. Son como los resentidos por todo lo que sucede por eso siempre están disgustados, llenos de rabia y con una amargura a flor de piel que se parecen esos animales fosforescentes tóxicos y de mucha peligrosidad.

Yo me preguntaba: ¿Qué hacer frente a su presencia o para tener que convivir con ellos? No podemos despreciarlos o aislarlos, mucho menos desaparecerlos. Se hace necesario que tomemos algunas medidas urgentes.

Ellos no duermen ni dejan dormir, por eso hay que recordarles, que hay otras personas que no tienen hogar y que andan por las calles vagando buscando abrigo y no están gritando ni maldiciendo.

Frente al calor o la lluvia son los propios detractores que maldicen olvidando que en muchas partes llevan hasta un año en completa sequía y en los estados andinos casi siempre llueve y allí la gente se le nota feliz y entusiasmada.

En plena hora pico la cola de carros, el tráfico, el embotellamiento, el bululú de gente producen en ellos un desespero que les hace botar por sus bocas sapos y culebras. Dejando a un lado lo hermoso del manejar un automóvil, caminar y ese poder pagar el pasaje para que uno sea transportado de un sitio a otro.

Ni los buenos días, ni las buenas tardes. Siempre con la cara de piedra y dispuesto al ataque para que en el trabajo sea un gruñón y mal respondón. Dejando de lado que hay miles y miles buscando hace mucho tiempo un trabajo para ganar el pan de cada día.

Llegados el fin de semana siempre están cansados y tirados en la cama o la hamaca haciendo gestos de inconformismo, de pereza y de rabia porque están sin hacer nada. Dejando en el tintero a la mujer que trabaja 12 horas al día, siete días a la semana, para que con 100.000 Bs. alimente a su familia.

Son los inconformes de siempre, pues aunque se pintan el cabello para ocultar los años, son los eternos embusteros en la edad y los criticones de oficio frente a los demás. Sin pensar en las personas que padecen cáncer y tienen que aplicarse costosos tratamientos con pérdida del cabello y de la cimentación de a piel.

Frente al hogar son los caporales que hacen a gritos y patadas lo que se les antoja. Ellos son los buenos los demás familiares son los malos. Ellos si pueden gastar y hasta botar. Los demás “mucho cuidado” Relegando a tantos que nunca han tenido un hogar, menos un amor donde refugiarse.

Siempre están disgustados. Jamás conformes. Nunca felices. Mucho menos estables. Pues siempre la queja y la nota discordante de la mala palabra, del aburrimiento y de la sorpresa feroz del grito o el desplante que nunca faltan en su menú diario.

Sin tomar en cuenta que la vida es tan breve y tan hermosa en el niño que nace sonriendo.

En la mariposa que rompe capullo y salta a jugar con el viento.

Del pájaro que con suave aleteo remonta los espacios para traer en su pico comida a sus crías.

De la madre cocodrilo que en sus miles de dientes afilados carga a su camada para esconderla de los enemigos.

De la osa que da abrigo a sus oseznos en pleno invierno.

Del papagayo que lleva en su cola mensajes y notas al dios de mil colores.

Del arco iris que pudiendo beberse todos los ríos solamente los adorna con su belleza colorida.

De todo lo que es vida y nos sugiere alegría, amistad, cariño, simpatía.

En una palabra vida que da vida en cada despertar. Porque Dios lo hace mucho mejor todos los días.

Padre Marcelo, su amigo y hermano en Cristo Jesús para siempre le bendice

Publicado el 3 de julio de 2003

 
 

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