¿Propiedades? No,
gracias
Alejo Fernández Pérez
El viejo sueño socialista de transferir la propiedad
de los medios de producción a los trabajadores se ha conseguido por… los
capitalistas y… en la Bolsa de Nueva York.
El escritor José
García publica en Libertaddigital.com un sorprendente artículo: “El Ocaso
de la propiedad” del que reproducimos o extractamos unos párrafos que nos
permiten bucear en ideas a contracorriente de las socialmente
establecidas.
Una de las bases de la
ideología marxista, lenilistas, comunista y similares era la necesidad de
que los medios de producción pasaran a manos de los trabajadores. “La
tierra para el que la trabaja”. Sin embargo, tras la caída del muro de
Berlín quedaron al descubierto los frutos de dicha ideología: Se calcula
que más de cien millones de personas murieron el siglo pasado, en todo el
mundo, directa o indirectamente, por los regímenes comunistas: Los Gulags,
las purgas, las checas, las persecuciones, el hambre, las guerras
cumplieron su función. Tras la estela de su paso ha quedado un reguero de
muerte, pobreza, esclavitud, ruina, y lágrimas de las que aún no se han
recuperado las naciones que disfrutaron ? del comunismo.
Las ideas marxistas de
justicia, hermandad, libertad, igualdad, lucha contra la pobreza, …tan
sugestivas en teoría, y tan desastrosas en la práctica, quedaron tan
gravadas en tantas mentes, que aun persisten, en regímenes como el cubano
de Castro, el de Corea del Norte, y en bastantes intelectuales que se
creyeron y siguen creyendo sus propias mentiras, alimentadas por una
propaganda fabulosa. Ahora, sobre todo los “intelectuales” carecen de
valor para reconocer sus errores o admitir que se aprovecharon de esos
ideales para vivir lujosamente , como capitalistas, en las altas esferas
del poder comunistas.
Mientras tanto, el
capitalismo se reciclaba así mismo, adaptándose a las exigencias de las
nuevas sociedades y sobreviviendo al comunismo en toda la línea. En los
países capitalistas hay muy poco paro, hay verdadera democracia, libertad
de expresión, de reunión. El pueblo elige y destituye a sus gobernantes.
Se puede vivir y trabajar donde uno quiera. Se puede salir y volver del
extranjero, sin ser fusilados por ello. Se puede criticar a los
gobernantes sin que nos metan en la cárcel. Se crea la principal y
verdadera de las riquezas : puestos de trabajo reales. Los emigrantes no
se dirigen a los países comunistas sino a los capitalistas, por algo será
, a pesar de que las democracias y el capitalismo no estén exentos de
serias deficiencias.
Al final, la utopía
marxista comunista sobre los medios de producción para elevar el nivel de
vida de sus ciudadanos resulta que se está consiguiendo a través del tan
denostado capitalismo. Ciertamente, un capitalismo con graves defectos,
incluso denunciados por los Papas. Un capitalismo que hay que mejorar o
sustituir por algo mejor. Recordemos que los sistemas políticos perfectos
para todos no existen. Cualquiera que este sea , será combatido por los
que no quieren ver ni oír, por los que tienen sus mentes nubladas por los
prejuicios , los que tienen su corazones llenos de odios y rencores, los
que quieren medrar con más seguridad, los que siempre están dispuesto a
destruir cualquier cosa que no sea lo que ellos impongan. Lo que ellos
implantaron cuando dominaban medio mundo ha mostrado ser un desastre , y
ahora, lo que tenemos, lo quieren sustituir, pero ¿por qué? ¿Por las ideas
que fracasaron?
“Desde hace poco
tiempo, en algunos sitios la realidad parece que se ha empeñado en
desmentir las eternas verdades del barquero: el “Tanto tienes, tanto
vales” Algo importante está cambiando en las reglas de juego del
capitalismo, algo para lo que los norteamericanos estarían particularmente
bien dotados y los japoneses y europeos no. Y ese algo no es nada más que
la capacidad de olvidar, la predisposición natural para el cambio, la
feliz ausencia de los prejuicios que lastran la visión de la realidad en
otras culturas constreñidas por el respeto a las inercias que emanan de lo
tradicional. Ellos han sido los primeros en comprender que la propiedad
puede llegar a ser una rémora. Han entendido antes que nadie que, en un
entorno económico mundial caracterizado por los cambios constantes e
imprevistos y por la rápida obsolescencia de todas las innovaciones
tecnológicas, la propiedad muchas veces es una fuente de riesgos, no de
seguridad y poder. Y también se han adelantado a todos los demás en darse
cuenta de que, en un escenario multipolar en el que las instalaciones
productivas convencionales de la Era Industrial están casi al alcance de
cualquiera, la única fuente de valor reside en los intangibles: sistemas
de gestión, imagen de marca, talento de los empleados, capacidad para el
diseño, redes de proveedores y clientes, culturas corporativas..., es
decir en la mente y en la educación. La única caja de caudales es la que
está dentro de la cabeza de la gente, y no alrededor. Y están obrando en
consecuencia”.
En 1999, el 80 por
ciento de las empresas americanas utilizaba máquinas que no eran de su
propiedad bajo contratos de alquiler industrial; el 35 por ciento del
comercio al por menor ya se acoge a la fórmula de la franquicia; y un
tercio de los automóviles que circulan por sus carreteras siguen siendo
jurídicamente propiedad de los fabricantes o distribuidores, mediante
contratos de renting con sus conductores. Por cierto, mientras en
Bangladesh, un país muy pobre, los propietarios de sus casas son el 90%,
en la riquísima Suiza no llegan al 33%. Ya sabíamos que en la Ford, los
obreros eran propietarios de la empresa a través de sus acciones . También
sabíamos que cuando una persona posee algo, este algo también la posee a
ella. Nos estamos dando cuenta de que somos, en buena medida, esclavos de
nuestras posesiones
“¿Quiénes son hoy los
verdaderos propietarios del capital físico, de las cosas?. Los
propietarios de los “fondos de pensiones”. El mayor de ellos tiene
invertidos más de 100.000 millones de dólares en grandes empresas. Y las
carteras de más de mil millones de dólares son multitud entre los fondos
de pensiones americanos, unas entidades a las que no se puede contemplar
como a simples inversores por una razón: el volumen de los activos
industriales que poseen es tan descomunalmente grande que, simplemente, no
los pueden vender.
¡Por fin! ¡Ya era
hora! El viejo sueño socialista de transferir la propiedad de los medios
de producción a los trabajadores se ha conseguido por… los capitalistas y…
en la Bolsa de Nueva York”. ¡Jo! ¡Que mundo!
Publicado el 1 de
julio de 2003
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