Elecciones y obispos
Adolfo Carreto / AVMradio.org
No entiendo por qué los políticos temen tanto a la
Iglesia cuando expone públicamente su doctrina en asuntos que no solamente
competen a su feligresía sino a la colectividad en general.
Cada vez que
cualquiera de nuestros países inicia el proceso político preelectoral, las
Conferencias Episcopales aportan a la colectividad su Documento con ánimo
de alertar, exhortar y educar al electorado en el proceso. Y también, por
qué no, a poner dudas sobre la honorabilidad de ciertos candidatos. Lo que
suele asentar muy mal a los implicados. El caso actual de México es bien
sonado, inclusive quienes se sienten implicados quieren llevar a algunos
obispos ante los tribunales.
Aunque a veces estos
documentos episcopales han sido tildados de intromisiones políticas de la
Iglesia en un campo que no es de su competencia, los prelados continúan
utilizando este "medio pastoral" como forma de intervención moral en algo
que creen sí les compete. Esta es una modalidad ya no tan reciente en la
literatura de las Conferencias Episcopales, al menos en cuanto al
contenido de dichos documentos. Antes,los gobiernos no acusaban a la
Iglesia de inmiscuirse en sus asuntos políticos. Ahora sí.
En su oportunidad Juan
Pablo II dijo que la sacristía no era el lugar exclusivo de la Iglesia y
de sus pastores, de ahí que la jerarquía siga insistiendo en la obligación
de hacer sentir su voz en el contexto de los acontecimientos sociales,
políticos, morales y religiosos. Al fin y al cabo, la vida humana en
sociedad es una madeja de la que difícilmente podrán aislarse los
distintos hilos que la conforman.
Son muy similares las
recomendaciones de los obispos al respecto en un país y otro, sin duda
porque son también muy idénticos los males de acá y de allá. Lo cual
constata dos hechos: que los procesos de propaganda preelectoral o
electoral lucen viciados en todos nuestros países (inmoralidad, insulto,
calumnia, soborno, corrupción, etc.), y que los obispos alertan por igual
a los ciudadanos contra tales desafueros.
Esta intromisión
"política" de la Iglesia católica en el acontecer nacional es,
lógicamente, aplaudida por unos, pero es de igual manera denigrada por los
afectados.
No entiendo por qué
los políticos temen tanto a la Iglesia cuando expone públicamente su
doctrina en asuntos que no solamente competen a su feligresía sino a la
colectividad en general. Si la Iglesia habla con propiedad, que con
idéntica propiedad hablen los electorables, y a fuerza de razonamiento que
cada quien se lleve el agua a su molino, si esa agua quiere ir a ese
molino. Pero amenazar a los obispos con llevarlos a los tribunales porque
digan que no se debe votar por los abortistas, como es el caso mexicano,
me parece argumento que no convence.
Publicado el 26 de
junio de 2003
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