A 25 años de
Humanae Vitae
Carla Ortiz de Cintolesi
La encíclica Humanae Vitae se publicó en 1968.
Los cambios culturales resultado de los avances en la medicina y de todos
los ámbitos de la vida motivó a su santidad Pablo VI a delinear los
principios de la doctrina moral del matrimonio, sometiendo a la razón y a
la voluntad la tarea de regular las concepciones. Además esta encíclica
profundiza en el amor de los esposos y propone una forma de vínculo con
Dios propia del sacramento del matrimonio.
A muchos, la encíclica les pareció y les parece fuera
de los tiempos, lejos de la modernidad y de la realidad. En estos 35 años
la posición contraria a la encíclica logró sus objetivos y podemos decir
que triunfa en el corazón de muchos ambientes. Después de 35 años de
implantación de anticonceptivos queda de manifiesto la importancia de la
encíclica para la configuración de los pueblos. Las bajas tasas de
fecundidad confirman el profetismo de Pablo VI. En Chile en estos 35 años
la tasa de fecundidad ha bajado de 5,6 a 2,1, afectando a los sectores
pobres, los que aparentemente no tienen derecho a nacer. En otros países
esta tasa es 1, con lo que no se logra el recambio poblacional.
En el tiempo de la publicación el aborto era una forma
muy usada para controlar los nacimientos, de adonde los anticonceptivos
eran la solución. Es por eso que un grupo consideró que bastaba con
anticonceptivos no fuera abortivo, para estar bien con Dios y así cumplir
la condena al aborto. (HV 14)
Aunque se sabía que ese no era el único contenido, los
débiles razonamientos que la fundamentaban, y las pocas herramientas
médicas para llevarla a la vida, motivó a que algunos la abandonaran.
El lineamiento moral y la espiritualidad a la que
invita se fundamenta en las catequesis de Juan Pablo II, es por eso que es
tan comprensible el desconocimiento de las personas de los años 70.
Los matrimonios de la época de la publicación que
siguieron la obediencia a las inspiraciones de la Iglesia, adhirieron con
su vida, sin embargo con el concepto de los “hijos que Dios quiera” que
significaba “todos los niños que lleguen“ Porque ellos solo consideraron
el no regular las concepciones con anticonceptivos, sin darse cuenta que
al principio de la encíclica existe el llamado al matrimonio de la “tarea
de regular las concepciones”. Además pone de manifiesto que la finalidad
procreadora pertenece al conjunto de la vida conyugal y no a cada uno de
los actos.
Algunos de estos matrimonios cuando tienen un número
supuestamente numeroso(5 a 8 niños) el equipo médico determina la
esterilización para evitar un riesgo de salud de la madre. Otros
matrimonios al no distanciar un hijo de otro no pudieron tener una familia
numerosa como querían, porque al no permitir el año de descanso que
necesita el utero, fue necesario retirarlo por no responder normalmente en
el último parto.
Ha existido un gran “error de concepto”. Se ha dicho
que toda relación sexual tiene que ser “abierta a la vida” Este “abierto a
la vida” no aparece en la encíclica. Si bien el matrimonio es abierto a la
vida, dado que en su celebración se confirmó la disposición de los esposos
a recibir los hijos, las relaciones sexuales de los esposos pueden no
serlo. Una relación sexual en un período infecundo no es abierta a la
vida.
Lo que pide la encíclica es que toda relación sexual
sea “abierta a la transmisión de la vida”. Con este error de “abierto a la
vida” hay otro grupo de matrimonios que se niega a aprender a diagnosticar
la fertilidad, y más grave aún, equipos médico que no luchan con ahínco
por lograr una certeza en el diagnóstico de fertilidad para dejar un
margen de equivocación para permitir el abierto a la vida .
Para entender este concepto es necesario que al aparato
que llamamos reproductor lo llamemos como corresponde, aparato transmisor,
ya que el ser humano no se reproduce como un cassette, sino que en la
concepción de un niño transmite la vida de Dios.
En la relación sexual al unir los dos aparatos
transmisores de la vida a través del pene en la vagina se configura una
vía de transmisión de la vida. La “vía de la transmisión de la vida “ va
desde el ovario de la mujer pasando por su utero hasta llegar al
testículo, aparato transmisor de la vida del hombre. Esta vía es la que se
pide que no se cierre con un condón o cualquier tipo de barrera que impida
la continuidad de la transmisión, como también podría ser la eyaculación
fuera de la vagina.
Por lo tanto si un matrimonio quiere que en su relación
sexual “no se conciba un niño” manteniendo “el abierto a la transmisión de
la vida”, lo hace en un período que tenga certeza de infertilidad.
Esto se explica con lo que Juan Pablo II comenta en su
ciclo de catequesis sobre “El amor humano en el plan divino” en que
introduce el concepto del “lenguaje del cuerpo” y afirma que la verdad del
lenguaje del cuerpo está en la Humanae Vitae.
JPII refuerza lo que dice la Humanae Vitae que
anteriormente que en toda relación sexual deben “mantenerse unidos los
significados unitivo y procreativo”. Para entender esto es necesario
comprender la palabra “significado” que es “signo” lo que significa que
algo visible hace presente una realidad invisible.
En el significado unitivo de la relación sexual lo
visible es la “unión de los cuerpos”, que hace visible la invisible “unión
de las almas de los esposos”. La que además de signo es garantía del amor
conyugal(JPIICatecismo) por la sacramentalidad de cada una de las
relaciones sexuales de los esposos.
Lo visible del signo procreativo es “la fertilidad de
los esposos”. La fertilidad de los esposos hace visible la invisible
“potencia creadora de Dios”. Esto significa que al anular por propia
iniciativa la fertilidad, los esposos están dejando fuera de su vida
sexual la potencia creadora de Dios. Potencia creadora, no acto creador.
La encíclica llama la atención sobre el hecho que Dios mismo previó los
períodos infecundos (HV 11), es decir períodos en los cuales, Él mismo
dice que su potencia creadora no pasará a acto creador.
Esta condición pone de manifiesto que el hombre es
cocreador con Dios, que con la relación sexual no solo se logra un vínculo
de las almas de los esposos, sino que además se establece un vínculo con
la potencia creadora de Dios. Con los anticonceptivos se rompe el vínculo
con la potencia creadora, y a su vez con la sacramentalidad de la unión.
Junto con incorporar los anticonceptivos se vio la
necesidad de educar con respecto a la sexualidad. Sin embargo esta se hizo
de tal forma que en este momento los organismos internacionales de salud
la definen como: “salud sexual y reproductiva, posibilidad del ser humano
de tener relaciones sexuales gratificantes y enriquecedoras, sin coerción,
sin temor de infección, ni de un embarazo no deseado; de poder regular la
fecundidad sin riesgos de efectos secundarios desagradables y peligrosos.”
Además de considerar la fecundidad y la fertilidad como riesgo peligroso,
incorporó el concepto de “embarazado no deseado” como conducta valòrica,
con lo que se refuerza la cultura antivida. Con esta definición se
desvincula a las relaciones sexuales de Dios Creador, del amor, de la
responsabilidad, del matrimonio, y del mandato de no fornicar. Esta
concepción considera la posibilidad de usar el cuerpo como medio de
entretención y no como un medio de unión de almas con compromiso de
permanencia.
El permiso del sexo vinculado solo al amor sin el
límite de la sacramentalidad queda de manifiesto cuando algunos novios con
historia de formación religiosa, tanto de colegios o de movimientos,
consideran adecuadas las relaciones sexuales antes del matrimonio y no
consideran necesario confesarse antes del sacramento del matrimonio,
“porque no le ven el pecado”.
El siguiente paso de modernidad, con relación al sexo,
es que este es un medio de entretención, conducta incorporada en la
televisión en los programas que ven los adolescentes y los adultos
jóvenes. Si se considera que los jóvenes actuales encuentran la verdad en
lo que ven y en lo moderno, es muy probable que este concepto a corto
plazo sea de dominio común.
Pablo VI para las relaciones sexuales dice ”usar el
matrimonio” (HV18) esto lo desarrolla Juan Pablo II cuando explica que las
relaciones sexuales son camino de la gracia sacramental para los esposos.
Lo que permite que "en el matrimonio la intimidad corporal de los esposos
viene a ser un signo y una garantía de comunión espiritual." (Catecismo
2360) El cuerpo tiene un significado esponsalicio que es la capacidad de
expresar el amor. Sin embargo también tiene un significado beatificante,
una dimensión sacramental.
En la celebración del matrimonio al decir: "Yo... te
quiero a ti... como esposa(o)" los novios contraen matrimonio y al mismo
tiempo lo reciben como sacramento. Sin embargo estas palabras son reales
cuando posterior a esto se realiza la relación sexual lo que dice Juan
Pablo II dice: “Esta formula sacramental es de por sí el signo de la
celebración del matrimonio, que puede sólo realizarse a través de la
cópula conyugal. Esta realidad, la cópula conyugal, viene definida desde
el principio por institución del Creador. Serán los dos un solo ser".
“Esta es carne de mi carne, huesos de mis huesos”
Palabras del Génesis(2,7) que indican la conciencia del sentido del propio
cuerpo y de la sexualidad. También de estos relatos se afirma que el
hombre ha sido creado a imagen de Dios en cuanto varón y mujer no solo a
través de la propia humanidad sino a través de la comunidad de personas.
El cuerpo hace de intermediario para que el varón y la
mujer se comuniquen entre sí, según esa comunión querida por el Creador
arraigada en el corazón de los dos. Varón y mujer llevan impreso en el
cuerpo la imagen divina, la unidad de los cuerpos es la unidad de esa
imagen. Es un vínculo potente establecido por el Creador
La teología del cuerpo, que esta unida a la creación
del hombre se convierte también en teología del sexo. La dignidad del
cuerpo no se debe solamente al espíritu humano sino a la realidad
sobrenatural de la morada y presencia continua del Espíritu Santo en el
hombre, en su alma y en su cuerpo, como fruto de la redención realizada
por Cristo. El cuerpo de la persona no es solamente propio sino templo del
Espíritu Santo.
Según la Humanae Vitae para distanciar en forma
temporal o permanentemente la concepción de un niño, se realiza a través
de la abstinencia de las relaciones sexuales en los días fértiles. Para lo
que es necesario tener claro cuales son los tiempos fértiles.
Al momento de la publicación de la encíclica la
herramienta médica con la que contaban los matrimonios chilenos para saber
su fertilidad, era el sistema Ogino Naus. Sistema que indicaba la posible
fertilidad a través de cálculos, dando certeza del día fértil del mes
anterior. Para un grupo reducido de mujeres especiales en que todos sus
ciclos menstruales eran regulares, les resultó distanciar los nacimientos
de esta manera. Sin embargo existió otro grupo de matrimonios que
siguiendo la encíclica, queriendo regular la concepción, tuvieron niños
que no habían decidido por error de diagnostico en la fertilidad femenina.
En el año 1977, en Santiago, yo escucho por primera
vez, una charla acerca de otra forma de diagnosticar la fertilidad
femenina, la observación de la consistencia del moco cervical de la mujer.
Esta observación junto a otras indicadores de la mujer como el
comportamiento de la temperatura basal que indica el estado de la
fertilidad. Este sistema actualmente se llama sistema Billings, sistema
cintotèrmico o método de la ovulación En estos 25 años de historia, en
Chile, de este sistema de diagnostico de fertilidad un grupo médico ha
estudiado como y cuando enseñar, y al recorrer el camino se han
descubierto los factores que influyen en los indicadores de la fertilidad
femenina. Entre las cosas que descubrieron es que para identificar los
días fértiles es necesario no solo considerar los días fértiles de la
mujer sino que además es necesario la abstinencia previa a los días de la
ovulación previendo una posible sobrevida del espermio del hombre, que
dependiendo del tipo de moco cervical femenino, su sobrevida es mayor a
las 72 horas que tiene el espermio en laboratorio.
Hace unos pocos años llegó a Chile la “maquina
persona”, para ayudar al diagnostico de la fertilidad. Los matrimonios
jóvenes tomaron con mucho entusiasmo porque es símbolo de modernidad. Este
pequeño computador mide algunas hormonas en orina que podrían indicar
fertilidad. Esta máquina es como tener el Ogino Naus del 2000 porque es
necesaria la regularidad del ciclo menstrual, porque no indica certeza de
fertilidad sino que indica probable fertilidad y no sirve para los tiempos
de lactancia y el retorno de la fertilidad así tampoco para el período de
premenopausa en que el diagnostico de fertilidad tiene que ser certero.
Por esto esta máquina es como el refrán “pan para hoy y hambre para
mañana”.
Con los avances que han habido en diagnostico de
fertilidad se configuró otro grupo de matrimonios de aproximadamente 15 a
20 años de matrimonio, que tienen la anotación de cada uno de sus días
fértiles e infértiles. Esta información les permitió acceder y vivir la
espiritualidad a la que la encíclica invita y son fiel testimonio de lo
que Pablo VI vislumbró. Que es posible lograr el amor matrimonial
exclusivo fiel total y fecundo.
Sin embargo cuando existe certeza en el diagnostico de
la fertilidad también es posible que otro grupo de matrimonios tengan el
mismo resultado que los matrimonios que usan anticonceptivos, muy pocos
hijos o sin hijos, lo que JPII llama como mentalidad “anticoncepcionista
católica” La mentalidad anticoncepcionista va en contra de la generosidad
para con Dios en configurar una familia numerosa que pide la encíclica.
Sin embargo, aún así, este resultado es distinto al de los que lo hacen
con anticonceptivos.
El que un matrimonio le diga que no a Dios, a su
potencia creadora través de la abstinencia, aunque esta sea una negativa,
el matrimonio se vincula con Dios, a través de la inteligencia y la
voluntad, atributos de las personas que pertenecen a las características
de imagen y semejanza con Dios. Lo cual el hombre puede hacer por su
característica de libertad, aunque con este resultado supuestamente sea
poco generoso. En cambio el anticonceptivo desvincula al matrimonio de la
potencia creadora de Dios, lo que el hombre no puede hacer por su
iniciativa. (HV12)
Esta misma desvinculación es la que se produce en forma
permanente con las esterilizaciones las cuales son definidas como ilícitas
(HV12 ) Sin embargo en algunas oportunidad la esterilización, podría ser
un medio terapéutico lícito “verdaderamente necesario” como cuando el
utero en el parto no para de sangrar y el médico con la familia determina
sacar el utero para salvar la vida de la madre. Aunque en alguna madre
para salvarle la vida esto sea un procedimiento lícito, los matrimonios
dentro de la actitud de paternidad responsable están llamados a evitar
este tipo de situaciones, distanciando las concepciones para lograr la
recuperación del utero entre niño y niño.
No parece de acuerdo a la encíclica la esterilización
de los matrimonios que tuvieron muchos hijos en forma desordenada, que
nunca diagnosticaron su fertilidad y llegando a una etapa cercana a la
menopausia no les quedó otra salida que esterilizarse parar evitar
embarazos en edades riesgosas de la madre. Por esto hay un llamado en
vistas del futuro, a aprender a diagnosticar la fertilidad antes del
matrimonio y en toda la vida fértil, en forma responsable, para que al
llegar a la edad madura y tiempos cercanos a la menopausia con la
posibilidad de seguir regulando los nacimientos con la abstinencia y no se
necesite la esterilización.
También es necesario distinguir entre la esterilización
como “medio terapéutico verdaderamente necesario” para curar enfermedades
del organismo o la esterilización ilícita que se relaciona con
enfermedades. La esterilización ilícita, puede ser, la que se relaciona
con otras patologías, como es el caso de la mujer que sufría de varices en
las piernas, se esterilizo para no correr el riesgo de embarazarse y no
tener tanto peso en las piernas.
Si el matrimonio se desvincula de la potencia creadora
de Dios por la natural infertilidad de la edad madura, u otras causas, no
presenta problemas para la sacramentalidad porque esto no proviene de la
iniciativa de ellos. (HV10)
Finalmente la encíclica no se queda en la ilicitud de
los anticonceptivos y en la licitud de la abstinencia sino que va mas allá
en su espiritualidad.
La altura espiritual de la encíclica no es el mínimo
tolerable para ser bueno y evitar ser malo, que es lo lícito o lo ilícito,
sino que la altura es el amor hermoso que pasa por la generosidad,
características del hombre bueno que busca más.
Con relación a la paternidad responsable invita a
evitar los hijos por graves motivos(HV10). En nuestra experiencia pastoral
hemos observado que algunos jóvenes no consideran la generosidad para con
los hijos y parten postergando al niño por algo, que generalmente no es un
grave motivo. Esta invitación ¿podría? ser que no correspondiera a lo que
se puede o no se puede, pero si corresponde educar y motivar a los jóvenes
al amor generoso con los hijos, necesario para el espíritu que necesita la
construcción la vivencia de la familia y el amor matrimonial.
La encíclica propone la maravillosa posibilidad de que
los esposos sean “interpretes de la intención creadora de Dios” Este
objetivo de alto atractivo espiritual, a simple vista, aparece como un
objetivo inalcanzable, sobre todo para el observador con mentalidad
hedonista y anticoncepcionista. Sin embargo esto se logra desde los mismos
esposos.(HV10) Los esposos ya con una disposición especial al haber
aprendido a diagnosticar la fertilidad, en una permanente deliberación,
conversan y ponderan las posibilidades de tener o de postergar un nuevo
hijo de acuerdo a sus capacidades síquicas, económicas y sociales.
Lograr interpretar la intención de Dios Creador desde
la conciencia matrimonial, que es la conciencia formada por dos
conciencias, una masculina y otra femenina. Que además de tener
prioridades desde la naturaleza del hombre y de la mujer , también es
desde la misión de la paternidad y de la maternidad. La conciencia recta
matrimonial considera que uno de los criterios fundamentales es que el
futuro niño es alguien que no se le posterga por algo. Además de tener un
criterio prioridad de generosidad para con Dios.
En estos años además de haber acompañado a matrimonios
en esta interpretación, hemos seguido a Juan Pablo II en su reflexión del
amor humano en plan divino lo que nos permitió entusiasmarnos con la
hermosura de esta encíclica.
Espero que su santidad Pablo VI nos acompañe en el
camino que nos queda por recorrer en entusiasmar a otros de que del Padre
proviene toda paternidad del cielo y en la tierra”
CARLA ORTIZ DE CINTOLESI
30 años de matrimonio
20 años catequista matrimonial
30 años medicina familiar. Enfermera UC
Diplomada Bioetica UC
09-7302589 2460476 www.unsoloser.cl
Publicado el 10 de julio de 2003
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