¿Por interés o por
amor?
P. Santiago Martín
Comentario al Evangelio del XVII domingo ordinario
"La gente entonces, al ver el signo que había hecho,
decía: “Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo. Jesús
entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró
otra vez a la montaña Él solo". (Jn 6,11-15)
El Evangelio de esta semana nos muestra a un Cristo que
huye. No huye de la cruz sino de los aplausos. Y lo hace, sobre todo,
porque sabe que no son sinceros sino interesados. Le aplauden porque han
comido gratis hasta saciarse. No aplauden su mensaje, sino sus milagros. Y
el Señor se va.
A Jesús no le molesta que le pidamos cosas, sino todo
lo contrario. Su amor por nosotros es tan grande que su mayor alegría es
precisamente amarnos y ayudarnos. Pero eso significa que Él no está a
gusto hasta que su ayuda no produce en nosotros los frutos deseados. El
más importante, el que va unido al concepto mismo de salvación, es el de
liberarnos del egoísmo y hacernos entrar en el camino de la generosidad,
del agradecimiento.
Cuando aprendemos a amar, a agradecer, es cuando la
salvación está obrando en nuestro interior. Por eso, si estamos dispuestos
a pedir ayuda, debemos aprender también a darla. Si acudimos al lado de
Jesús cuando tenemos problemas, debemos ir también a darle gracias o,
simplemente, a hacerle compañía. No le busquemos sólo porque lo que vamos
a obtener de Él, sino por Él mismo; no acudamos sólo a pedir, sino que
vayamos también para dar y para agradecer. Y Él no huirá de nosotros, sino
que nos admitirá en su compañía y nos llenará de sus dones.
Publicado el 14 de julio de 2003
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