Fe hecha cultura
Víctor Corcoba Herrero
Interés por las actividades culturales promovidas por
la Iglesia
Distintos Arzobispados de España han hecho público una
serie de datos sobre asistencia a sus programas culturales, que nos
muestran el gran interés suscitado por el más heterogéneo grupo de
personas, a este tipo de encuentros fomentados por la Iglesia Católica. Yo
mismo he sido testigo fiel y fedatario de esa multitud desbordante, en
bastantes ocasiones, con motivo del sustancioso abanico de actividades
culturales 2002-2003, realizado por el Arzobispado de Granada, a través
del Cabildo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana, el Cabildo de la
Capilla Real y la Delegación Diocesana para el Patrimonio Cultural, bajo
la dirección de don Antonio Muñoz Osorio, que además es actualmente
Secretario Técnico de la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural.
Reconozco que, estas masivas afluencias de público,
capaces de colmar los templos, no las he visto jamás en otros espacios
culturales fomentados por la administración pública (local, autonómica,
institucional, estatal); actos sufragados con el dinero de todos. Ya me
dirán para qué sirven esas partidas de dinero, sino cultivan a la
generalidad. Para lucirse una docena de amigotes que se pagan favores, no
me sirve. Eso no es impulsar la cultura. Porque, además, la cultura no es
cualquier cosa, es aquella que nos dignifica y nos hace más humanos. Por
tanto, esas riadas de actos culturales programados sin ton ni son, lo
único que avivan es el nacimiento de ciertos tipos sin escrúpulos, que más
que vivir en la cultura, viven de ella. O sea del cuento, en lenguaje
popular.
Por ello, debieran tomar buena nota aquellas
ventanillas que dicen fomentar la cultura con pólvora ajena, o sea con los
presupuestos del papá Estado, tanto de las visitas guiadas como de los
distintos conciertos que ha potenciado el Arzobispado de Granada. En este
sentido, refrendo haber sido espectador continuo, observador de cada uno
de los gestos de aquellas personas que acudían al acto cultural. Confesaré
que he sentido verdadera emoción al ver a distintas gentes evocando a sus
padres o abuelos, profundizando en sus raíces, en aquella Iglesia donde
recibió la comunión y que hoy, vuelve a recordarla en el culto. En verdad,
las visitas guiadas, nos han mostrado un patrimonio extenso y variado,
nacido en el seno de la Iglesia para fines religiosos, y que hoy atrae
hacia sí un gran interés cultural como lo demuestra la gran respuesta de
las gentes. Hemos visto, al finalizar la visita, meditar aún más si cabe
ante las creaciones artísticas. Y hemos oído, decir a más de una familia,
volveremos pronto. ¡Qué extraordinario instrumento para crecer por dentro
a cuantos las contemplan!.
Todos los ponentes responsables de las visitas guiadas
a los templos granadinos, personas formadísimas en la materia, pusieron de
relieve la fe que tiende por su propia naturaleza a expresarse en formas
artísticas y en testimonios históricos que entrañan gran fuerza
evangelizadora y valor cultural. A causa de la dimensión universal del
anuncio cristiano, las obras artísticas pertenecen, de alguna manera, a
toda la humanidad. Su fin está dirigido a la misión eclesial en el doble y
coincidente dinamismo de la promoción humana y de la evangelización
cristiana. Por consiguiente, los bienes culturales, en cuanto expresión de
la memoria histórica, permiten redescubrir el camino de la fe a través de
las obras de las diversas generaciones. Por su valor artístico,
manifiestan la capacidad creativa de los artistas, los artesanos y los
obreros que han sabido imprimir en las cosas sensibles el propio sentido
religioso y la devoción de la comunidad cristiana. Por su contenido
cultural, transmiten a la sociedad actual la historia individual y
comunitaria de la sabiduría humana y cristiana, en el ámbito de un
territorio concreto y de un período histórico determinado. Por su
significado litúrgico, están destinados especialmente al culto divino. Por
su destino universal, permiten que cada uno pueda disfrutarlos sin
convertirse en el propietario exclusivo. De ahí, que hemos de contribuir
todos a su restauración y protección.
También quiero poner como valor ejemplarizante, los
extraordinarios conciertos de Órgano itinerantes, dados por los
concertistas en emblemáticas Iglesias granadinas, así como los conciertos
de Coro y Órgano, que han contribuido a elevar las actividades culturales
del curso, puesto que, la música más elevada, es la que se eleva de
nuestros corazones. Dios quiere escuchar precisamente esta armonía en
nuestras liturgias. Y estos artistas y estas voces, nos trascendieron. En
este sentido, san Agustín, en sus “Comentarios a los Salmos”, ve un
símbolo de los santos que alaban a Dios en los instrumentos musicales:
“Vosotros, santos, sed la trompeta, el arpa, la cítara, el coro, los
instrumentos de cuerdas, y el órgano, los timbales de júbilo que emiten
bellos sonidos, es decir, que tocan armoniosamente. Vosotros sois todo
esto. Al escuchar el salmo no hay que pensar en cosas de poco valor, en
cosas pasajeras, ni en instrumentos teatrales”. En realidad, voz de canto
a Dios es “todo espíritu que alaba al Señor” (“Comentarios a los Salmos”
-“Esposizioni sui Salmi”-, IV, Roma 1977, pp. 934-935).
Casualmente, también hemos podido ver gran número de
visitantes a una exposición que nos exhibe un amplio abanico de estampas
devotas granadinas, de los siglos XVI al XIX, y que se expone en el Museo
Casa de los Tiros de la capital, lo que refrenda la gran devoción popular.
En la presente muestra, como nos dice Francisco Izquierdo - Comisario de
la Exposición-, se ha intentado reunir el máximo de ejemplares de la
estampa devota granadina, los “santicos de papel”, desde las grabadas en
madera, o xilografías, a las grabadas en piedra, litografías, pasando por
las que incidieron sobre metal, calcografías, estas las más abundantes y
las más diversas en diseño y maneras técnicas. Y, al tiempo, completar una
nómina de artistas y artesanos, al par de talleres, de cuatro siglos.
La belleza de estas estampas que se muestran en la
exposición, no sólo nos recuerdan la devoción de las generaciones pasadas,
también nos invitan a la reflexión. Su aportación nos traslada un mejor
conocimiento de Dios y de la predicación evangélica, haciéndose más
transparente a la inteligencia humana. A la luz de esto, no debe
sorprender la afirmación del P. Marie Dominique Chenu, según la cual el
historiador de la teología haría un trabajo incompleto si no reservara la
debida atención a las realizaciones artísticas, incluidas estas estampas
devotas granadinas, que a su manera no son “solamente ilustraciones
estéticas, sino verdaderos espacios teológicos”.
Nos consta, y así nos lo han confirmado desde el
Arzobispado de Granada, que se está avanzando en una programación cultural
centrada en la Catedral, puesto que el 24 de diciembre del año 1704, se
puso la última piedra de la última bóveda. De ahí, que en el curso
2003-2004, se van a concentrar las visitas en profundizar en las raíces
del tercer centenario, de la Iglesia Madre. En cualquier caso, hemos de
felicitar a la Iglesia católica que trata de dar un alma a los cambios
culturales, frente a una cultura que da la impresión de ser una apostasía
silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no
existiera. Nos lo ha recordado el Papa, días pasados, al encontrarse con
los peregrinos en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo
para rezar la oración mariana del “Angelus”. Más que nunca, en efecto, el
hombre está gravemente amenazado por la anticultura, que se manifiesta,
entre otros hechos, en la violencia creciente, en los enfrentamientos
mortales, en las explotaciones de los instintos y de los intereses
egoístas.
Publicado el 14 de julio de 2003
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