El dolor de un
aborto en la mente
Maria Velázquez Dorantes
¡No le niegues la oportunidad de vivir, y tampoco te
la niegues a ti misma!
En muchas ocasiones y por largos tiempos de estudio se
involucra el dolor físico del aborto, sin embargo, este dolor más que
herir físicamente a quien se lo práctica y a la vida que destruyeron, se
mantiene vivo durante una eternidad en la mente de quien clavo la muerte
en un ser inocente.
Las causas físicas son espantosas y preocupantes, pero
las causas psicológicas sor terribles y permanentes.
El hecho de herir una vida que no tiene culpa alguna de
intentar llegar al mundo, se convierte en una lesión que sangra gota a
gota en el centro espiritual y mental de la persona involucrada. Este
crimen que se comente contra un ser inocente por la irresponsabilidad, por
la inmadurez pero sobre todo por la falta conciencia y entendimiento de
los seres humanos, que en ese momento se convierten en bestias devorando a
la inocencia se hace palpable cuando la mente recapacita y se coloca tras
la realidad de ese crimen.
Los daños psicológicos que se sufren tanto en la madre
como el bebé que está a punto de ser aniquilado, son demasiados.
La angustia que el niño experimenta al momento de
sentir el peligro, es la misma zozobra ante el encuentro con la muerte, y
la tristeza que se provoca en su alma se manifiesta a través de los
latidos de su pequeño corazón.
Es importante aclarar que no sólo la madre y el niño
sufren estos daños, sino que, algunos estudios han revelado que el padre,
el personal médico y todos los involucrados con un aborto tienen por esta
causa, una consecuencia de algún padecimiento psicológico.
El daño psicológico comienza justo en el momento del
surgimiento de un embarazo no deseado, desde allí empiezan los dolores
mentales, la preocupación por “ algo que no esperaban”, enseguida viene un
dolor más fuerte la toma de decisión: no queremos a este hijo, porque no
sé esta preparado, porque es producto de una violación, porque tiene una
malformación física, etc.; las excusas son muchas pero la razón no es
ninguna y el dolor aumenta cada vez que ese pequeño se nutre de su madre,
antes de ser expulsado de manera sanguinaria.
Enseguida de está decisión, por lo regular es difícil
volver a pensarlo, porque aparentemente sienten el alivio social, natural,
económico de seguir como antes, se colocan antes las manos criminales de
un médico que será el siguiente factor que convertirá el dolor físico en
psicológico. Cuando ese momento llega, comienza el caos más fuerte, el
olvidar que lo que llevan dentro se llama vida, el olvidar que la mujer
tiene un instinto maternal; es entrar al shock de mente blanca: no
recuerdo nada.
Después de la práctica abortista vienen un serie de
dolores mentales, el recuerdo de las manos frías que oprimieron al bebé,
el ruido ensordecedor de la máquina succionadora, la relación de soledad y
vacío después de la “ liberación” que ahora es la esclavitud.
La depresión, la angustia, la ansiedad, el sentimiento
de culpa al ver otro niños, al recordar la fecha del aborto o la fecha de
nacimiento sí este no hubiese sido interrumpido.
Las turbulencias dentro de la mujer comienzan a girar
como una ruleta, y cada vez que se detiene es un martillo que oprime su
corazón, y se pueden trasbordar a la violencia contra el padre del niño,
contra el médico y la misma sociedad hasta el riesgo de herir a más
personas.
Viene un cambio de personalidad que los puede llevar a
las puertas falsas: drogadicción, alcoholismo, unión a sectas espiritistas
o diabólicas o el mismo suicidio. Este cambio de personalidad se puede
tornar sicótico, la mente puede alejarse y caer en la locura.
Otro dolor mental es la falta de afectividad que se
siente, la mujer esta preparada para ser madre, Dios y la naturaleza no se
equivocaron, colocaron dentro de ella sentimientos de amor y cuidados para
un hijo; cuando la falta de afectividad llega se convierte en el grito de
auxilio desesperado, porque en su mente esta la idea de la oportunidad que
negó, de la oportunidad de una compañía, la esperanza de escuchar la
palabra mamá y grandes cosas hermosas que pudo haber vivido.
El miedo que deja un aborto, no es un miedo del “
mañana se va”, es un miedo que acorrala y aterra, y este es el verdadero
dolor mental.
Cada vida es especial, cada vida es única e
irrepetible, por lo tanto, no se le debe negar la oportunidad de
experimentarla junto con ellos. Ser madre es el regalo más preciado y no
se tira a la basura, regalos como un hijo son los mejores.
Publicado el 6 de agosto de 2003
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