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El Águila que habla

P. Marcelo Rivas Sánchez

Cuando nos toca hablar de los santos y en especial a mi, se me llena el corazón de mucha alegría, pues ellos son la esperanza de que algún día nos encontremos cara a cara con Dios. Ellos a lo largo de su existencia vivieron lo normal de forma extraordinaria, haciéndolo todo bien y buscando el bien para los demás. A nosotros nos corresponde tratar de vivir en el bien para poder ganar a Dios como ellos en el ayer.

Seguramente se estarán preguntando por el título de este artículo “El águila que habla”, pues me estoy refiriendo nada más y nada menos que a San Juan Diego Cuahtlatoatzin, si al indio mexicano que sirvió de interlocutor a la Virgen de Guadalupe para darse a conocer. El águila que habla o el que habla inspirado, además, gemelo divino o semejante a Dios en aquella bella historia de los hombres de maíz.

Juan Diego es el ejemplo más hermoso donde los humildes son el tesoro más preciado de Dios. En él no había lujo, ni joyas, ni nada que ofrendar más que su vida y una vida bien sencilla. Es como la respuesta a los más débiles en el amor de Dios que “jamás abandonada y menos olvida”.

En la historia bella se lee que la Virgen de Guadalupe se le apareció al indio Juan Diego un sábado 9 de diciembre de 1531 en las faldas del Tepeyac. Por las afueras de México y allí le dijo: “que deseaba que en ese lugar se construyera un templo en su honor, para en él mostrar su amor, su compasión,su auxilio y su defensa a los hombres, y le pidió que hiciera llegar su mensaje al obispo de México, Juan de Zumárraga. Juan Diego cumplió con el encargo de la Virgen, pero el obispo no le creyó.

Siempre les pasa a los sencillos. A los que nada pintan en el cuadro de la vanidad de la falsa felicidad. Los sencillos, los humildes son despreciados. "Aquella misma tarde Juan Diego volvió a pasar por el Tepeyac, le contó a la Virgen lo sucedido y le pidió que enviara a otro mensajero, pero Ella insistió en que Juan Diego lo intentara de nuevo al día siguiente.

Que hombre tan humilde. Tan lleno de esperanza y de fe, pues habrá que recordar que fue despreciado por aquellos sacerdotes revestidos de la gracia de Dios pero con los pies humanos que no les dejaba ver la verdad de Dios en lo sencillo de aquel hombre indígena. Ellos, los sacerdotes, con pies de barro, exigieron a Juan Diego una señal para ver si decía la verdad. Vuelve Juan Diego, quizás un poco molesto y contrariado por las palabras de los sacerdotes quiso dejar todo así y no volver, pero al día siguiente -lunes 11- el tío de Juan Diego, Juan Bernardino, enfermó gravemente a causa de la peste, y esto impidió a Juan Diego presentarse ante la Virgen. Esa misma noche empeoró el estado de Juan

Bernardino, por lo que Juan Diego tuvo que ir a la ciudad de México en busca

de un sacerdote. Avergonzado hace un rodeo para evitar a la Virgen. Sin embargo, la Virgen se apareció a Juan Diego en el llano que se extiende junto al cerro. Le dijo a Juan Diego que no debía temer más por la salud de su tío y le pidió que subiera a la cumbre del Tepeyac, en donde encontraría unas rosas de Castilla -que no florecían en el cerro-, las que serían la señal que debía entregar al obispo. Su tío milagrosamente mejora y se dirige donde el obispo a explicarla la mejoría

Hacia el mediodía de aquel 12 de diciembre Juan Diego le dijo al obispo que le había traído la señal que le había pedido. Entonces desenvolvió su ayate o tilma y las rosas de Castilla cayeron al suelo, y en la manta apareció la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Para Dios la humildad y es tesoro muy preciado que todos, sin excepción, debemos vivir y compartir. Necesidad muy urgida en estos tiempos para poder expresar y ver la verdad de Dios en nuestros corazones.

Ojalá nos elevemos como águilas para poder contemplar la grandeza de Dios en la infinidad de los santos, pero de forma especial en ese indígena Juan Diego que nos habla de sencillez y amor a la Virgen en el respeto y adoración a Dios. Gracias Virgencita de Guadalupe, patrona de América por hacernos conocer su amor en ese indio que golpea nuestra vanidad y orgullo queriendo comprar el cielo sin saber que el cielo es ganancia de los humildes y sencillos.

Padre Marcelo
Su amigo y hermano en Cristo Jesús
para siempre le bendice

Publicado el 6 de agosto de 2003

 
 

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