El nuevo concilio
Desde hace tiempo se viene planteando la necesidad de
un nuevo Concilio Ecuménico. Un Concilio Ecuménico no solamente tiene
sentido sino que es de urgencia cuando la Iglesia se ve sumida en un
contexto que ya no es el suyo, en una modernidad que la deja de lado, en
un pensamiento y comportamiento globalizados a la vez que desorientados.
Algunos opinan que ara qué un nuevo Concilio ecuménico,
si todavía falta mucho por desarrollar del Vaticano II. Y a mi me parece
que precisamente por eso: porque lo que no se ha desarrollado del Vaticano
II es, o porque no se ha querido, lo cual da mucho que pensar, o porque no
se ha podido, que también da mucho que pensar.
Cincuenta años entre un Concilio y otro, en estos
tiempos que corren, es mucho tiempo. Durante estos cincuenta años el mundo
es radicalmente otro, y la misma Iglesia ha tenido que enfrentar
acontecimientos internos y externos que no se sospechaban. La genética ha
trastocado nuestra concepción tradicional de la vida, los modernos medios
de comunicación han variado sustancialmente nuestro comportamiento
individual y social, las ideologías filosóficas y políticas han cambiado
de signo, las relaciones internacionales al más alto nivel, por mucho que
lo disimulemos e intentemos recomponerlas, se han fragmentado, la
religión, las religiones, intentan abrirse paso entre el agnosticismo y el
fanatismo, las relaciones familiares y de pareja, dígame usted; la
educación mercantilizada y las guerras patrocinadas por argumentos que no
convencen. El cambio que ha experimentado el mundo desde el último
Concilio Vaticano es asombroso. Y es ciertamente verdad: la Iglesia tiene
que buscar asidero en medio de esta nueva realidad si todavía desea
influir en ella.
Son muchísimos los obispos en todo el mundo que están
solicitando la urgente necesidad de un nuevo Concilio Ecuménico, realmente
ecuménico, en el cual Dios pueda hablar según los nuevos signos de los
tiempos y por boca de los nuevos protagonistas.
Recuerdo cuando el cardenal Martín, en 1999, nos
anunció su sueño: “He tenido un sueño, el sueño de un nuevo Concilio”. Es
decir, el sueño de poder volver a ejercer el “pleno ejercicio de la
colegialidad episcopal... para el bien común de la Iglesia y de la
humanidad entera”. Y ese sueño de Martín ha ido contagiando a una inmensa
mayoría.
Publicado el 6 de agosto de 2003
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