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El nuevo concilio

Adolfo Carreto / www.avmradio.org  

Desde hace tiempo se viene planteando la necesidad de un nuevo Concilio Ecuménico. Un Concilio Ecuménico no solamente tiene sentido sino que es de urgencia cuando la Iglesia se ve sumida en un contexto que ya no es el suyo, en una modernidad que la deja de lado, en un pensamiento y comportamiento globalizados a la vez que desorientados.

Algunos opinan que ara qué un nuevo Concilio ecuménico, si todavía falta mucho por desarrollar del Vaticano II. Y a mi me parece que precisamente por eso: porque lo que no se ha desarrollado del Vaticano II es, o porque no se ha querido, lo cual da mucho que pensar, o porque no se ha podido, que también da mucho que pensar.

Cincuenta años entre un Concilio y otro, en estos tiempos que corren, es mucho tiempo. Durante estos cincuenta años el mundo es radicalmente otro, y la misma Iglesia ha tenido que enfrentar acontecimientos internos y externos que no se sospechaban. La genética ha trastocado nuestra concepción tradicional de la vida, los modernos medios de comunicación han variado sustancialmente nuestro comportamiento individual y social, las ideologías filosóficas y políticas han cambiado de signo, las relaciones internacionales al más alto nivel, por mucho que lo disimulemos e intentemos recomponerlas, se han fragmentado, la religión, las religiones, intentan abrirse paso entre el agnosticismo y el fanatismo, las relaciones familiares y de pareja, dígame usted; la educación mercantilizada y las guerras patrocinadas por argumentos que no convencen. El cambio que ha experimentado el mundo desde el último Concilio Vaticano es asombroso. Y es ciertamente verdad: la Iglesia tiene que buscar asidero en medio de esta nueva realidad si todavía desea influir en ella.

Son muchísimos los obispos en todo el mundo que están solicitando la urgente necesidad de un nuevo Concilio Ecuménico, realmente ecuménico, en el cual Dios pueda hablar según los nuevos signos de los tiempos y por boca de los nuevos protagonistas.

Recuerdo cuando el cardenal Martín, en 1999, nos anunció su sueño: “He tenido un sueño, el sueño de un nuevo Concilio”. Es decir, el sueño de poder volver a ejercer el “pleno ejercicio de la colegialidad episcopal... para el bien común de la Iglesia y de la humanidad entera”. Y ese sueño de Martín ha ido contagiando a una inmensa mayoría.

Publicado el 6 de agosto de 2003

 
 

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