La muerte escaparate
No entiendo como estos estretagas de la muerte
despiadada se atreven a insultarnos de semejante manera.
Estamos aprendiendo tanto en estos últimos tiempos que
resulta bochornoso lo que estamos aprendiendo. Nos están inculcando, como
quien no quiere la cosa, el culto al odio, el culto a la venganza, el
culto a la sangre hipócritamente derramada. No entiendo como estos
estretagas de la muerte despiadada se atreven a insultarnos de semejante
manera. Las macabras fotografías de los hijos masacrados de Sadan Hussein,
divulgadas al mundo entero para convencernos yo no sé de qué, son una
burla descarada contra la sensibilidad humana.
Así no se llega a la justicia, así se siembra cada día
más la brutal injusticia. Así no se trabaja por la paz, así nos
encaminamos precipitadamente por el despeñadero del terrorismo, el oficial
y el artificial. La guerra en Irak se ha convertido , nos la han
convertido, en una guerra de terroristas contra terroristas. Bus terminó
su guerra y ahora ha iniciado su otra guerra, y todavía queda gente que lo
apoya con toda la oficialidad del caso. Bus ha convertido al mundo, desde
la locura de Afganistán, y ahora con la locura desapiada de Irak, en un
campo de batalla en el que todos nos hemos convertido en objetivo.
Es verdad, y hay que decirlo: siguen muriendo más
civiles inocentes que soldados. Dicen que luego de la finalización de la
guerra, proclamada por el presidente norteamericano, las tropas de ese
país se han llevado por delante a más de trescientos civiles. Y los que
continúen llevándose. También es cierto que los cuarenta soldados muertos,
eso que llaman goteo, duelen. Pero esto ya se sabía. Se supo desde el día
en el que el soldadito se subió a la estatua de Sadan para colocar en su
cuello la triunfadora bandera norteamericana, de inmediato un iraquí subió
hasta el cuello de la estatua del dictador para desalojar aquella bandera
intrusa y colocar la que, a su juicio, realmente correspondía.
Los norteamericanos todavía no se han dado cuenta de
que por aquellos pagos no los quieren. Fracasaron en la guerra, una guerra
inventada sobre la base de mentiras, y ahora siguen fracasando en lo que
se empeñan en llamar paz, pero de paz nada. La baraja de Sadan todavía
tiene dolientes, y los continuará teniendo.
Ahora Bus, o quien sea, ha inventado la teología del
escarmiento divulgando las fotografías de los muertos de Sadan. Al fin y
al cabo el triunfo no es de ellos, es de un soplón, de un chivato que va a
embosillarse 30 mil dólares. Si la guerra hubiese comenzado por donde está
finalizando, hubiesen llegado antes a los objetivos, y se hubiesen
ahorrado mucho dinero. Y posiblemente mucha sangre inocente. Pero, que
viva la nueva religión de la muerte escaparate.
Publicado el 6 de agosto de 2003
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