Un día de campo
Jaime Septién
La decadencia moral de la nación más poderosa del
planeta ha sido señalada como la vía regia de su caída. Cómo andará la
cosa que hasta el mismísimo alcalde de Las Vegas, ciudad que se precia de
que en ella “todo es posible”, es señor Oscar Goodman, haya dicho: “estos
sí que se pasaron”.
Las muertas reales de Ciudad Juárez tienen ahora su
correlato virtual un poco más al Norte, en los chaparros del estado de
Nevada, en Estados Unidos. Como resultado de los miles de filmes y
programas de televisión que se embuchacan al año los gringos, plagados de
violencia gratuita, casi deportiva, han acabado por convertir a la
violencia -en este caso la cacería de mujeres desnudas-en un deporte, en
un día de campo “excitante” y “sexy”.
La autora de la idea (bueno, si es que puede llamarse a
esto una idea) es la empresa Real Men Outdoors Productions. Se trata de lo
siguiente: un grupo de cazadores varones, camuflados como si fueran a la
guerra contra Saddam, tratan de darle muerte (virtual) a chicas desnudas
que corren despavoridas por el breñal, para escapar de los disparos con
balas de pintura que los aguerridos rambos de pacotilla les dirigen. Como
cada escopeta tiene un color de bala diferente, el cazador puede reconocer
a su presa, recogerla y llevarla a su cuartel, para tener sexo con ella.
El precio es de 10 mil dólares el fin de semana e
incluye barra libre todo el día (supongo que para darse valor y salir a
tan osada aventura). A las muchachas se les paga mil dólares si caen bajo
la metralla de pintura de los cazadores y dos mil 500 si logran escapar de
tan fiera batida. Las balas son dolorosas aunque no ponen en peligro la
integridad física de las presas. En teoría les tienen que pegar debajo de
la cintura, pero, al calor de cacería, los correosos varones les pegan
hasta en las orejas. Se trata de derribar a la presa. Para eso pagaron.
Obviamente, las asociaciones de defensa de la mujer
están furiosas con el numerito montado en el desierto de Nevada. Y con
razón. La vileza que se esconde en este novedoso método de rebaja de la
dignidad femenina es inenarrable. Estados Unidos tiene el campeonato de
las estupideces más significativas. Pero ésta va más allá de la raya. Que
levanten llantas de tractor o que se coman 27 hamburguesas dobles en un
concurso, son tonterías, pero no rebajan la dignidad de las personas hasta
el límite de poner a correr muchachas desnudas y derribarlas a balazos de
pintura.
La decadencia moral de la nación más poderosa del
planeta ha sido señalada como la vía regia de su caída. Cómo andará la
cosa que hasta el mismísimo alcalde de Las Vegas, ciudad que se precia de
que en ella “todo es posible”, es señor Oscar Goodman, haya dicho: “estos
sí que se pasaron”. Mientras son peras o son manzanas (según Rita Haley,
portavoz de la Organización Nacional de Mujeres de Estados Unidos, la
compañía que organiza estos bonitos fines de semana en el campo está
violando al menos veinte leyes federales), Real Men Outdoors Productions
se hincha de lana. La publicidad que este mes ha tomado el caso, atrajo
colas para reservar un sitio en la próxima batida. Que para todo hay.
Incluso, ha recibido multitud de peticiones de chicas que quieren ganar
dinero corriendo encueradas con fusiles virtuales a su vera.
Todo esto es producto de una industria, la
cinematográfica, y de una costumbre, la de mirar 7 horas al día la
televisión por el clan familiar (caso que lo haya), que han plagado de
violencia y tontería los modos de “divertirse” en Estados Unidos. Se me
olvidaba decir que el juego se llama “Hunting for bambi”, es decir,
“Cazando la venadita”. Qué chistosos.
Publicado el 6 de agosto de 2003
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