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Soledad en el matrimonio

Rosa Martha Abascal de Arton

¿Qué clase de vida quieres para ti? ¿Qué tipo de vida quieres para tu familia, para tu esposo? ¿No eres acaso una de esas mujeres que por olvidarse de si mismas y de su marido va a terminar sola... a pesar de estar acompañada?

Todo es ilusión, detalle, un te amo, entrega, pasión, una meta común. Todo es color de rosa. “Te amaré hasta que me muera” “eres mi vida” “ no concibo el mundo sin ti”...

Toman la decisión de casarse, no hay felicidad ni dicha mayor sobre la tierra, el anillo de compromiso, donde vivir, amueblar, la misa, la fiesta, la música...

A estas alturas, los novios ya no se preguntan si se aman de verdad, o si es costumbre o pasión, o miedo a la soledad, o ganas de casarse o si están enamorados del amor. La inercia es fuerte y se necesitan muchos pantalones para cuestionarse en un momento tan comprometido y comprometedor, si es lo que queremos para toda la vida.

Llega la boda, los regalos, la fiesta, el compromiso ante Dios, ser el centro y eje del universo por un día, por el día en que tomaste estado, asumiste y te comprometiste con tu vocación, con tu camino en la vida... “... serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, amarte y respetarte todos los días de mi vida..:”

¡Suena tan romántico!. Si fuera un cuento de Disney acabaría en este momento diciendo “se casaron y fueron muy felices”... es por ello que a mis hijos nunca les termino de contar un cuento así, pues el idealizar, solo nos lleva a la más profunda decepción, más bien acabo los cuentos diciendo: se casaron y comenzaron a enfrentar juntos los retos que la vida les puso por delante para lograr alcanzar la felicidad.

La luna de miel trae los primeros cuestionamientos, poner los pies sobre la tierra pues se comienza a vivir la realidad, no la ilusión. Sin embargo, es un momento de disfrute mutuo, de entrega.

La vida diaria, lo cotidiano, comienza a marchitar ese fuego inicial... llegan los hijos, hermosos regalos de Dios. Sin embargo, la mamá se vuelca en ellos, el papá desaparece como marido, amigo, amante, compañero y cómplice y es solo eso: el papá

La mamá nunca tiene tiempo para amar, platicar, salir a cenar, tener una noche de locos con el marido... ¿por qué? Hay muchos pretextos, pero el más usado es “tus hijos me necesitan” y como consecuencia de ese: estoy cansada, no sabes que día tan pesado tuve, no estoy para arrumacos

Los hijos crecen, el matrimonio se enfría cada vez más, ella se realiza viendo crecer a los niños. El cada vez más solo busca compañía, una amiga tal vez, cuando no una amante que lo entienda y lo ayude a desfogarse... ¿justificable? No, la promesa de fidelidad allí está.... ¿entendible? Solo quien vive esa situación puede saberlo y sentirlo.

Los hijos llegan a la Universidad, toman el camino de su vida, la mamá quiere seguir en su papel de educadora, pero ya no le corresponde... trata de dominar la vida de sus hijos, pero ya no se dejan. Ella comienza a sentir ese vacío, esa soledad, esa carencia de sentido de la vida, ya no conoce a su marido... Y el... si tienen una amiga, tiene con quien desahogarse, pero las mas de las veces no es una amiga, es una amante que le da todo lo que su esposa no supo darle porque por ser mamá se olvidó de ser esposa: amiga, amante, compañera, cómplice.

Ambos viven en el mismo techo y cada uno con su soledad, cada uno con vidas paralelas, no una vida en común. Los hijos volaron, el nido está vacío, y una conversación es rara entre el matrimonio que ya no se conoce, solo la inercia, el miedo a la soledad y el compromiso ante el altar los hace permanecer juntos... y eso cuando no llega el divorcio.

Esta es la vida de millones de parejas, de millones de mujeres que por ser madres se olvidan de que antes de ser madres:

1. Son mujeres con el derecho y la obligación de cultivarse intelectual, espiritual, moral, social y psicológicamente

2. Son esposas, con todos los derechos y obligaciones que ello conlleva, con el amor que las llevó a tomar la decisión de casarse, con la ilusión de tener una familia modelo

3. En tercer lugar, y después de las dos anteriores condiciones, son madres, con todo el amor, dedicación y entrega que una madre pueda dar a sus hijos, pues la madre se da enteramente a ellos.

Para lograr ser una excelente madre antes hay que ser una extraordinaria mujer, una esposa ejemplar, solo así los hijos recibirán no solo amor y palabras bonitas, sino testimonio, congruencia, vivencia de los valores que se les quieren inculcar, forjando así el carácter, el alma, de cada uno en el fuego del hogar, de un matrimonio unido, sólido y amante.

¿Qué clase de vida quieres para ti? ¿Qué tipo de vida quieres para tu familia, para tu esposo? ¿No eres acaso una de esas mujeres que por olvidarse de si mismas y de su marido va a terminar sola... a pesar de estar acompañada?

Publicado el 6 de agosto de 2003

 
 

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