No a matrimonios
homosexuales
P. Miguel Rivilla San Martín
Se hace caso omiso de los referentes éticos de las
personas, la Iglesia católica presta este insustituible servicio al bien
común de la entera sociedad.
No se entiende bien el revuelo que ha producido en
ciertos ambientes la publicación de la nota del Vaticano, Congregación de
la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal Ratzinger, sobre la
recomendación a los políticos católicos para que no voten leyes que
admitan como matrimonios las uniones homosexuales.
Para una persona medianamente informada, nada nuevo se
dice en tal nota. A partir de la constante enseñanza del Magisterio
eclesial , reafirmada con la publicación del Catecismo de laIglesia
Católica, en 1992 por Juan Pablo II, nada ha cambiado, ni puede cambiar en
este campo.
No vale rasgarse las vestiduras, apelando a los
presuntos derechos de las personas homosexuales. Las leyes podrán
regularizar los efectos civiles, nunca la licitud y moralidad de tales
parejas. El matrimonio es una institución de un varón y una mujer, célula
reproductora de la sociedad. Las uniones homosexuales son nocivas e
inmorales. Los derechos de los niños adoptandos , son siempre prioritarios
sobre los de las parejas.
Dado el desmadre actual , donde se hace caso omiso de
los referentes éticos de las personas, la Iglesia católica presta este
insustituible servicio al bien común de la entera sociedad.
Publicado el 6 de agosto de 2003
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