Homosexuales y
Vaticano
Alejo Fernández Pérez
Esperábamos los habituales reclamos
como todo lo que es dicho por la Iglesia.
Se esperaba. Tras la publicación de las
“Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las
uniones entre personas homosexuales” por la “Congregación para la Doctrina
de la Fe” del Vaticano; esperábamos las habituales, típicas, tópicas y
aburridas algaradas por los de siempre contra todo lo que huela a
catolicismo. ¡Si por lo menos leyesen los documentos originales!
En democracia, la Iglesia Católica tiene el mismo
derecho que cualquier otra institución o persona a hablar y decir lo que
le parezca bien o le parezca mal sobre cualquier cuestión, siempre dentro
de los límites legales. Y debe hacerlo con la valentía, la claridad y la
franqueza con que lo ha hecho una vez más. ¿ Desde cuando la democracia es
de uso exclusivo de algunos “progres”, para quienes diga lo que diga la
Iglesia, ahí estarán ellos para atacarla?
Pues claro que a la Iglesia le gustaría, es su
obligación, imponer sus puntos de vistas morales a la sociedad, sólo que
la Iglesia no se impone por la fuerza, su concepto de la libertad es el
manantial del que han bebido las naciones desde la Revolución francesa
hasta la democracia americana. Ya Cristo dejaba libertad para seguirle o
no: “Si quieres ser perfecto…Si quieres seguirme…¿ O es que solo los
comunistas como los de I.U. pueden pelear por implantar en las vascongadas
una república a lo cubano, sin que a nadie los ataque, y, por supuesto, en
nombre de su peculiar sentido de la libertad.
En este caso, El Vaticano no ha hecho más que
repetir lo que viene diciendo desde hace tiempo. Lo que dice, debe ser
tenido en cuenta por sus fieles , incluyendo a los que se dedican a la
política. Afortunadamente la Iglesia no se rige por modas, no se vende por
unos votos más o menos y no se doblega por presiones de ningún foro. Otra
cosa es que nuestra sociedad se haya empantanado tanto en sus costumbres y
moral que aquí nadie sabe ya lo que es bueno o malo. Lo realmente
vergonzoso y lamentable es que se haya elevado a la categoría de dogma
político lo que no pasa de vulgar prostitución social y política. Lo que
la Iglesia condena en los homosexuales es lo mismo que condena en los
heterosexuales: el uso del sexo fuera de los límites de toda razón y moral
, el engaño disimulado y la degeneración social. Y esto si lo están
imponiendo las mayorías políticas dominantes, no la Iglesia.
El Vaticano se limita a expresar que “la
legalización de las uniones homosexuales estaría destinada por lo tanto a
causar el obscurecimiento de la percepción de algunos valores morales
fundamentales y la desvalorización de la institución matrimonial».
«El matrimonio es santo, mientras que las relaciones
homosexuales contrastan con la ley moral natural --asegura--. Los actos
homosexuales, en efecto, cierran el acto sexual al don de la vida. No
proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden
recibir aprobación en ningún caso».
Ahora bien, el mismo documento recuerda la enseñanza
de la Iglesia, según la cual, «los hombres y mujeres con tendencias
homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza».
Pide, al mismo tiempo, evitar «todo signo de discriminación injusta». ¿Por
qué se ocultan estas afirmaciones en los medios de difusión?
«Tales personas están llamadas, como los demás
cristianos, a vivir la castidad --recuerda--. Pero la inclinación
homosexual es objetivamente desordenada, y las prácticas homosexuales son
pecados gravemente contrarios a la castidad».
Las «Consideraciones» no sólo se proponen a los
creyentes, sino a toda persona de buena voluntad, pues su juicio ético no
sólo se fundamenta en la Revelación cristiana, sino sobre todo en la recta
razón.
Claro que, hablar de Revelación cristiana y de recta
razón a quienes no se mueven más que por los votos, el poder y las
riquezas es como arar en el agua. Afortunadamente son más los que escuchan
a Cristo y entienden lo que significa el matrimonio y la familia. Estos no
admiten que “se les quiera dar gato por liebre”
Publicado el 6 de agosto de 2003
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