Tensiones eclesiales
No es secreto alguno afirmar que, dentro de la Iglesia
Católica, existen tensiones de la más diversa índole.
Tensiones en el ámbito de Iglesia Central (Vaticano), e
iglesias periféricas. Tensiones a niveles doctrinales que también
protagonizan los teólogos oficiales y los teólogos de la periferia.
Tensiones en el ámbito de movimientos apostólicos y movimientos
pastorales, etc. En honor a la verdad, este tipo de tensiones no son
exclusivas de la Iglesia católica. Estos días están de moda las tensiones
que se producen en otras confesiones por lo de los matrimonios entre
homosexuales y por la ordenación de obispos de la misma tendencia. Así que
las tensiones están a la orden del día.
Hay quienes, dentro de la Iglesia, se niegan a que
tales tensiones se hagan de la luz pública, como si tal conocimiento fuera
en desmedro de la esencia de la Iglesia. Por el lado opuesto, hay quienes
están interesados en que los conflictos reales sean publicitados con un
deje de amarillismo periodístico, como si tal constituyera la mejor
solución por la vía de la presión. Hace ya unos cuantos años, Alberto
Rodríguez Gracia, Presidente de la Comisión General de Justicia y Paz de
Madrid, visualizó esta situación en los siguientes términos: “Mucha
–demasiada- gente con compromisos serios en la Iglesia española, nos
sentimos hoy preocupados por algunos hechos que ciertamente se están dando
dentro de la Iglesia. Inquietos por tantos rumores cuya certeza no nos
consta, pero cuya extensión –y repercusión en el común de los fieles- nos
alarma. Confusos ante tantas intervenciones y decisiones que terminan en
escándalo público”.
“Hay quien protesta violentamente. Y quien, en vez de
dialogar, exige sumisión y silencio. A nosotros nos gustaría, simplemente
aclarar la situación”.
Opino como Alberto Rodríguez: siempre el diálogo
favorece las tensiones y lima las aristas. Y no es por quedar a bien con
Dios y con el Diablo, sino por defender lo que la misma Iglesia, dentro de
sus documentos más relevantes, preconiza: la comunión.
Que dentro de una institución, la que sea, se produzcan
tales tensiones no solamente es lógico sino, además, bueno. La misma
historia de la Iglesia demuestra que el avance teológico ha venido dándose
gracias a esa “pugna” entre los teólogos oficiales, que en todos los
tiempos existen, y los teólogos marginales, que también en todo tiempo
existen. Al mismo Tomás de Aquino le costó Dios y su ayuda para lograr que
su doctrina pasara por el cedazo que elimina lo no acorde con la
oficialidad.
Publicado el 19 de agosto de 2003.
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