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Tensiones eclesiales

Adolfo Carreto / www.avmradio.org  

No es secreto alguno afirmar que, dentro de la Iglesia Católica, existen tensiones de la más diversa índole.

Tensiones en el ámbito de Iglesia Central (Vaticano), e iglesias periféricas. Tensiones a niveles doctrinales que también protagonizan los teólogos oficiales y los teólogos de la periferia. Tensiones en el ámbito de movimientos apostólicos y movimientos pastorales, etc. En honor a la verdad, este tipo de tensiones no son exclusivas de la Iglesia católica. Estos días están de moda las tensiones que se producen en otras confesiones por lo de los matrimonios entre homosexuales y por la ordenación de obispos de la misma tendencia. Así que las tensiones están a la orden del día.

Hay quienes, dentro de la Iglesia, se niegan a que tales tensiones se hagan de la luz pública, como si tal conocimiento fuera en desmedro de la esencia de la Iglesia. Por el lado opuesto, hay quienes están interesados en que los conflictos reales sean publicitados con un deje de amarillismo periodístico, como si tal constituyera la mejor solución por la vía de la presión. Hace ya unos cuantos años, Alberto Rodríguez Gracia, Presidente de la Comisión General de Justicia y Paz de Madrid, visualizó esta situación en los siguientes términos: “Mucha –demasiada- gente con compromisos serios en la Iglesia española, nos sentimos hoy preocupados por algunos hechos que ciertamente se están dando dentro de la Iglesia. Inquietos por tantos rumores cuya certeza no nos consta, pero cuya extensión –y repercusión en el común de los fieles- nos alarma. Confusos ante tantas intervenciones y decisiones que terminan en escándalo público”.

“Hay quien protesta violentamente. Y quien, en vez de dialogar, exige sumisión y silencio. A nosotros nos gustaría, simplemente aclarar la situación”.

Opino como Alberto Rodríguez: siempre el diálogo favorece las tensiones y lima las aristas. Y no es por quedar a bien con Dios y con el Diablo, sino por defender lo que la misma Iglesia, dentro de sus documentos más relevantes, preconiza: la comunión.

Que dentro de una institución, la que sea, se produzcan tales tensiones no solamente es lógico sino, además, bueno. La misma historia de la Iglesia demuestra que el avance teológico ha venido dándose gracias a esa “pugna” entre los teólogos oficiales, que en todos los tiempos existen, y los teólogos marginales, que también en todo tiempo existen. Al mismo Tomás de Aquino le costó Dios y su ayuda para lograr que su doctrina pasara por el cedazo que elimina lo no acorde con la oficialidad.

Publicado el 19 de agosto de 2003.

 
 

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