Imprimir

La salud de la humanidad

Adolfo Carreto / www.avmradio.org  

Al parecer, los analistas éticos están claros: actualmente la humanidad yace postrada en una enfermedad con síntomas de gravedad muy avanzada. El diagnóstico es el siguiente: pérdida y/o rechazo de los valores morales.

No es caso discutir si los valores tenidos como tradicionales, o la forma de enfocarlos, ha sido la más correcta; o si esos valores, con lógica para su tiempo y su contexto, han ido perdiendo vigencia. De lo que se trata, y lo que asusta, es la ausencia actual de valores éticos, el desprecio por enmarca a la vida dentro de una proyección que tienda a conseguir lo realmente definitivo.

Precisamente la enfermedad actual de la humanidad parece consistir en intentar zafarse al lineamiento moral y en inclinarse por ese otro camino: el de las propias pulsiones instintivas. Esto es, en lugar de avanzar hacia la libertad, hacia la posibilidad de elección y discernimiento con respecto a lo mejor, se ha retrotraído al encasillamiento de lo instintivo.

La desenfrenada ley de la competencia, con toda su secuela de agresividad, la desenfrenada ley del egoísmo, con toda su secuela de personalismo, la desenfrenada ley del materialismo, con toda su secuela de caducidad... han puesto en evidencia la inestabilidad de la existencia, la cual utiliza el mecanismo de defensa de agrandar las agresividades como forma de protección. El cardenal Ratzinger explicó ya que “en esa decadencia del sentido moral está el abuso de las fuerzas generativas a producción de hijos que son objetos, instrumentos. La necesidad de la moral se hace urgente como nunca en estos momentos de la humanidad, esté en juego su futuro”.

Quizá el rechazo de lo moral se deba a que se ha venido implementando como un quehacer excesivamente coactivo; es decir, se ha enfocado más bajo el aspecto de preceptos, normas y leyes que se imponen a la conducta por razones que con frecuencia se ignora, y no tanto como esa aceptación libre de la conciencia del individuo en busca de su realización humana. Lo que ha dado origen a un rechazo aparentemente lógico, aunque a todas luces improcedente.

Lo cierto es que nos debatimos en un caos de irresponsabilidad individual y colectiva. Ese caos que ha sido universalmente aceptado con la denominación de corrupción, pero que no es más que el fruto de una enfermedad galopante y, a futuro, mortal. Si no hay enmienda, claro.

Publicado el 19 de agosto de 2003.

 
 

Inicio ] [ Atrás ]