El bien común
Se ha dicho que el bien común es el menos común de los
bienes.
Se ha dicho que el bien común es el menos común de los
bienes. En otras palabras, que aquello que por naturaleza es de todos, por
ser del común, en la práctica no lo disfruta el común sino una determinada
minoría.
Por ejemplo, el derecho a la vida, además de ser un
bien individual, un derecho personal, es, a la vez, un bien común, un
derecho que debe disfrutar la totalidad de la comunidad.
Por ejemplo, la paz, además de ser un bien y un derecho
que atañe a cada individuo, es igualmente un patrimonio de la
colectividad, un bien común.
Por ejemplo, cuando en la Sagrada Escritura se habla de
la pobreza como fenómeno social, queda anatematizada por ser un escándalo,
por constituir una lacra social, por romper la regla de lo que se entiende
por bien común
El teólogo E. Vallacchi, al tratar el tema de la
pobreza en la Sagrada Escritura, afirma que “cuando existe, la pobreza se
convierte en escándalo, puesto que entonces quiere decirse que algunos
miembros del pueblo son injustamente excluidos de las bendiciones divinas;
es decir, se les niega el derecho fundamental a participar de los dones
que Dios otorga a su pueblo”.
Toda la doctrina social de la Iglesia católica gira en
torno al bien común. Cuando, en esta etapa de la nueva evangelización, se
acuña la tesis de opción preferencial por los pobres no se está haciendo
otra cosa más que detectar la no igualdad del disfrute del bien común y,
por lo mismo, la afirmación de que estamos viviendo en una situación
social religiosa escandalosa. Lo que lleva necesariamente a enmarcarnos
dentro de un contexto estructural de pecado.
Para la reflexión bíblica esta dialéctica es clara. La
fe anda de por medio: la fe como aceptación y la fe como rechazo. El
teólogo anteriormente citado lo resume en estos términos: “Es, por lo
tanto, la fe la que directamente es cuestionada en la dialéctica de la
pobreza-riqueza: la pobreza expresa concretamente y favorece una actitud
de fe, de igual modo que el estado de riqueza puede expresar y favorecer
una actitud de incredulidad. De todas maneras, en la situación concreta
existente, constituye un hecho probado que mientras la pobreza expresa y
favorece la fe en Dios, la riqueza constituye un peligro para la
manifestación y proceso de maduración de la fe”. Esto quizá no se entienda
muy bien desde el contexto de sociedades opulentas pero es muy patente en
el contexto de las sociedades terriblemente desfavorecidas.
Publicado el 22 de agosto de 2003.
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