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Tensiones y teólogos

Adolfo Carreto / www.avmradio.org  

Tensiones dentro de la Iglesia las ha habido, las hay y las habrá. Eso no es novedad, y con toda seguridad es necesario.

Existen tensiones a nivel teórico y a nivel práctico. Las teóricas se dan en torno la doctrina, o mejor dicho, a su interpretación; las prácticas en torno a la pastoral, esto es, a la práctica del apostolado.

Sin embargo, con muy poca atención que prestemos al “lenguaje” oficial eclesiástico (Encíclicas y otros documentos doctrinales), podrá apreciarse cómo han venido evolucionando y “condescendiendo” ante planteamientos teológico-sociales casi exclusivos de la enseñanza tradicional.

Es cierto que con relativa frecuencia la jerarquía y su celo doctrinal va por detrás de los teólogos, pero no es menos cierto que terminan plegándose a las “exigencias” doctrinales de éstos. A fin de cuentas, para eso son los teólogos: para ir siempre por delante; para, a la luz de la fe, abrir caminos, detectar nuevas sendas, diagnosticar comportamientos individuales y sociales, buscarles soluciones que sean acordes con la fe en la cual toda la teología debe apoyarse.

Creo que la agudización de estas tensiones se debe a que todavía no hemos logrado compaginar las dos notas sobresalientes de la Iglesia en cuanto pueblo de Dios: su carácter jerárquico y su carácter de comunión. No creo que la “pugna” esté en que los “extremos” quieran eliminar a ninguna de las dos, lo cual sería inaudito, sino en que cada parte se aferra más a una de ellas. El “centro” aúpa la jerarquización; la periferia se centra más en la comunión. El mismo Sínodo Extraordinario de los obispos, celebrado en 1985, quiso dar más énfasis a este último aspecto, asegurando que “la eclesiología de comunión es la idea central y fundamental de los documentos del Concilio”.

A través de la doctrina del carácter jerárquico se tiende a la planificación de una pastoral de imposición, ordenando desde “arriba”, y son el visto bueno de los agentes de la base que, al fin y al cabo, son la mayoría. Mediante la doctrina del carácter de comunión se pretende una mayor participación activa y responsable de todos los agentes de evangelización, muy a tono esta doctrina con las exigencias de los nuevos tiempos.

El cardenal Tarancón resumió admirablemente esta dicotomía cuando señaló: “Me atrevería a decir que la Iglesia es esencial y fundamentalmente comunión. Pero esta comunión debe interpretarse en clave jerárquica. La jerarquía, que está concebida en el Evangelio como “diacona” tiene la misión de fomentar la comunión y seguir el ensamblamiento perfecto de los distintos ministerios y actividades “para la difusión del Reino de Dios”, para que el mundo se salve, para que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad”.

Que es de lo que se trata. Cuando las tensiones obstaculizan este objetivo se convierten en interferencias para la salvación, esto es, en pecado.

Publicado el 22 de agosto de 2003.

 
 

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