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Pobreza, fe y bien común

Adolfo Carreto / www.avmradio.org  

Decíamos que desde la perspectiva bíblica, pobreza y riqueza dentro de la comunidad de creyentes aparenta un contrasentido. Ciertamente, la experiencia lo atestigua.

Concretamente en nuestra América latina el surgimiento de las denominadas Comunidades Eclesiales de Base son la constancia más fehaciente de cómo, a partir de la pobreza, se llega a un fortalecimiento de la fe. Constatación que no debe de ser colocada “religiosamente”, en contra de los pobres.

Podría pensarse que a mayor pobreza, mayor vida de fe, y que para que lo religioso campeara, no habría más que continuar fomentando los estados de po9breza. Tal posición sería ya entrar en el campo de la incredulidad. Es decir, canonizar un estado de opresión bajo el argumento del crecimiento de la fe.

Al ser la norma el disfrute del bien común, el afectado, y a través de la reflexión de la fe, toma conciencia de su situación real y toma fuerzas para salir de ella, ya que permanecer en semejante situación sería aceptar como bueno un estado que, de por sí, es malo, por sostenerse en una práctica vital que no es la diseñada por el Creador. De ahí que la comunidad pobre se plantee preguntas como ésta: “¿qué significación salvífica debe concederse, a la luz de la fe, al largo proceso histórico de construcción de una sociedad justa y libre, de creación de un hombre nuevo y liberado?”.

Es la fe, entonces, la que marca la pauta. Es el hecho religioso, vivido a conciencia, el que indica el camino a seguir para la adquisición de la salvación. Es la realidad de comunidad, como común unión, la que dinamiza el proceso llamado de liberación. Una liberación que no ha podido darse por la realidad del pecado, esto es, por el escándalo reiterado de no haber hecho efectivo ese mandamiento del bien común que aparece claramente expresado en el relato de la creación y de la donación de Dios al hombre de todos los bienes, los materiales y los espirituales, que están ahí para la consecución de la realización humana.

Reiteramos lo que se ha dicho y continuará diciéndose: que el bien común es el menos común de los bienes. Al menos en estos contextos nuestros. Y no porque lo diga la reflexión teológica sino porque lo dicen las cifras, que son las fotografías de la realidad. América latina sigue siendo hoy un continente común que está muy alejado del bien común.

Publicado el 22 de agosto de 2003.

 
 

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