Pobreza, fe y bien
común
Decíamos que desde la perspectiva bíblica, pobreza y
riqueza dentro de la comunidad de creyentes aparenta un contrasentido.
Ciertamente, la experiencia lo atestigua.
Concretamente en nuestra América latina el surgimiento
de las denominadas Comunidades Eclesiales de Base son la constancia más
fehaciente de cómo, a partir de la pobreza, se llega a un fortalecimiento
de la fe. Constatación que no debe de ser colocada “religiosamente”, en
contra de los pobres.
Podría pensarse que a mayor pobreza, mayor vida de fe,
y que para que lo religioso campeara, no habría más que continuar
fomentando los estados de po9breza. Tal posición sería ya entrar en el
campo de la incredulidad. Es decir, canonizar un estado de opresión bajo
el argumento del crecimiento de la fe.
Al ser la norma el disfrute del bien común, el
afectado, y a través de la reflexión de la fe, toma conciencia de su
situación real y toma fuerzas para salir de ella, ya que permanecer en
semejante situación sería aceptar como bueno un estado que, de por sí, es
malo, por sostenerse en una práctica vital que no es la diseñada por el
Creador. De ahí que la comunidad pobre se plantee preguntas como ésta:
“¿qué significación salvífica debe concederse, a la luz de la fe, al largo
proceso histórico de construcción de una sociedad justa y libre, de
creación de un hombre nuevo y liberado?”.
Es la fe, entonces, la que marca la pauta. Es el hecho
religioso, vivido a conciencia, el que indica el camino a seguir para la
adquisición de la salvación. Es la realidad de comunidad, como común
unión, la que dinamiza el proceso llamado de liberación. Una liberación
que no ha podido darse por la realidad del pecado, esto es, por el
escándalo reiterado de no haber hecho efectivo ese mandamiento del bien
común que aparece claramente expresado en el relato de la creación y de la
donación de Dios al hombre de todos los bienes, los materiales y los
espirituales, que están ahí para la consecución de la realización humana.
Reiteramos lo que se ha dicho y continuará diciéndose:
que el bien común es el menos común de los bienes. Al menos en estos
contextos nuestros. Y no porque lo diga la reflexión teológica sino porque
lo dicen las cifras, que son las fotografías de la realidad. América
latina sigue siendo hoy un continente común que está muy alejado del bien
común.
Publicado el 22 de agosto de 2003.
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