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Rosa de Lima... florece todavía

José Antonio Benito (Perú)

“Si hace trescientos años el jardín florecía, pródigo de perfumes, florece todavía”

Con estos versos, concluye una de las más emotivas semblanzas poéticas sobre Santa Rosa el gran vate Luis Fernán Cisneros. Ramón Mujica Pinilla acaba de publicar un libro Rosa limensis (Mistica, política e iconografía en torno a la patrona de America) (IFEA-BRP-FCE, Lima 2001) en el que nos aporta datos precisos sobre las personas que acompañaron a la Santa en el atardecer de su vida terrena. En el cuadro de A. Medoro, la mujer que aparece en torno a Rosa es doña María de Uzátegui y “fue mandado hacer ex profeso por el Contador de la Santa Cruzada Gonzalo de la Maza, hombre piadoso y refinado, a quien gustaba el arte, como obsequio a su esposo y en recuerdo de su bienaventurada protegida Rosa”.

La fiesta en el mundo se celebra el 23 de agosto; en Perú, el 30. El Dr. Teodoro Hampe Martínez - en el marco del simposio «SANTIDAD Y PERVERSION» (HIST-7b), del 51° Congreso Internacional de Americanistas celebrado en el pasado julio en Santiago de Chile- examinó la producción bibliográfica más reciente acerca de la vida, la obra y el prototipo labrado por Isabel Flores de Oliva, o sea, Santa Rosa de Lima (1586-1617). Esta, la primera persona nacida en el continente americano que mereció ser elevada a los altares del catolicismo, ha recobrado en los últimos años el interés de la comunidad intelectual, por una multiplicidad de razones. Santa Rosa representa sin duda una voz y una figura de avanzada entre las mujeres peruanas de su tiempo; ella creó testimonios autobiográficos, dejando constancia de su propio “camino de salvación”, en una sabia combinación de palabras e imágenes; ella constituye el símbolo más fuerte de la surgiente identidad o protonacionalismo de los criollos durante el siglo XVII

Es la primera santa americana. Nace en Lima el 20 de abril de 1586 y se la bautizó con el nombre de Isabel. Sus padres eran Gaspar Flores (natural de Puerto Rico, miembro de la Compañía de Arcabuceros del Virrey) y de María Oliva, limeña. Además de Rosa, tuvieron doce hijos. Todavía niña su “juego” preferido era rezar y hacer pequeñas penitencias (dormía sobre piedras y tablas). Aprendió a leer y escribir y todas las labores domésticas (costura, bordado, tejido) que eran una fuente de recursos, como también a cantar; llegó a tocar el arpa, la vihuela y la cítara. Su madre deseaba para su hija un casamiento ventajoso, pero Rosa deseaba el silencio y el recogimiento. Posteriormente piensan en que se haga monja de clausura: ella se resiste y dice que quiere ser laica consagrada como santa Catalina de Siena. El 10 de agosto de 1606 viste el hábito de terciaria dominica, emite votos privados de pobreza, castidad y obediencia y vive como religiosa en el hogar paterno.

En el huerto de su casa construye una pequeña celda donde pasa los días dedicada a la oración, a la lectura y al bordado. Sale de su casa sólo para asistir a Misa y visitar hospitales, a pobres, a esclavos enfermos.Tiene muchas experiencias místicas (Jesucristo se le aparece en forma de niño frecuentemente). En los últimos años sufre una larga enfermedad, en la cual dice a menudo: "Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor". Antes de morir le pide perdón por todos los pecados a cada uno de los de su casa. Muere exclamando "Jesús, Jesús sea conmigo" el 24 de agosto de 1617 a los 31 años de edad. Canonizada en 1671 por Clemente X y proclamada patrona de América y de Filipinas, su cuerpo descansa en el convento de Santo Domingo de Lima.

Se acaba de publicar una obra extraordinaria. Primer Proceso Ordinario para la Canonización de Santa Rosa de Lima 1617 Transcripción, introducción y notas del P. Dr. Hernán Jiménez Salas, O.P. (Monasterio de Santa Rosa de Santa María de Lima, Lima, 2003, pp.604 pp.) Entre los testimonios, destacamos el de su hermano Hernando Flores de Herrera, el día 5 de abril de 1618:

La bendita Rosa desde edad de sus tiernos años, fue muy continua en la oración y muy amiga de leer libros que trataban de la oración, y particularmente a Fray Luis de Granada en cuya lección tenía repartidos todos los días de la semana y aun las horas del día. Y esto lo sabe este testigo, porque lo vio y que tenía reflexionando el dicho libro y que tenía registrado el dicho libro con muchos cordoncitos de diferentes colores con que registraba el libro y señalaba lo que había de hacer y leer y la vio apartarse a lugares secretos a hacer oración y la halló en aposentos solos, donde pensaba este testigo que no hubiese nadie y hallaba a la dicha bendita Rosa de rodillas haciendo oración y rezando el rosario y otros modos de oración. Y respondiéndole este testigo que aquella era manera de encarecer. Y le dijo: “no es encarecimiento, hermano, que aunque más ocupaciones haya, muy bien puede estar la voluntad puesta en Dios, y en su corazón, cada uno hablar con Dios. Y aunque no diga en su corazón más que “Buen Jesús, valedme, es muy buena oración y muy eficaz porque es oración mental. En algunas ocasiones por algunos días, este testigo, como hombre flaco y malicioso, que se le hacía áspera la clausura de la bendita Rosa en su celdita del huerto, por estar tan sola y apartada de comunicación y buscando achaques para que su madre le diese la llave del huerto, en el cual entró muchas veces de manera que su bendita hermana no le sintiese y siempre la hallaba ocupada en su labor de muchas curiosidades de manos o en oración o en la lección de libros devotos y los ratos que se ocupaba en la labor de manos, tenía la lengua ocupada continuamente, en cantarcillos de alabanzas a Dios y de regalos y requiebros al niño Jesús, de quien fue muy devota. Y eran con tanto extremo las diferencias de juguetes y romancitos, que cantaba, hablando con Nuestro Señor y con su bendita Madre, que ponía a todos admiración, viendo que cada día salía con nuevas invenciones de cantares divinos. Y Así le dijo este testigo un día:

- ¿Quién le enseña tantos cantarcitos, hermana?
- Y le respondió:
- Hermano, como hay tanto que decir de nuestro buen Padre, ofrécense con facilidad sus alabanzas.

Traía continuamente un rosario pequeñito de cuentas menudas en la mano, atravesado desde la muñeca a los dedos por debajo de la palma de la mano y lo que se descubría más del rosario, que era lo que daba sobre la muñeca y cuello de la mano, cubría con la manga. Y con este rosario andaba rezando, todas las tantas veces salía de su celda, tan disimuladamente, que aunque estuviesen delante algunas personas no la echaban de ver y aunque estuviese ocupada en ocas de ejercicios o en alguna compañía de amigas o devotas suyas, para todas las horas y momentos rezaba en aquel rosario.

El mismo Catecismo de la Iglesia Católica recoge el perfume de la vida de nuestra santa en dos frases antológicas: "Fuera de la Cruz no hay otra escala por donde subir al cielo" (n. 618) “Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a Jesús" (n.2449). Con toda razón, el documento postsinodal Ecclessia in America señalará rotundamente que “la expresión y los América ha visto florecer los frutos de la santidad desde los comienzos de su evangelización. Este es el caso de santa Rosa de Lima (1586-1617), la primera flor de santidad en el Nuevo Mundo´´.

Publicado el 22 de agosto de 2003.

 
 

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