La teología interesa
Cada día son más las personas que muestran su interés
por la teología. Sobre todo en Latinoamérica, lo que indica que ha ido
desprendiéndose ese hielo laico en el que parecía sumirse esta ciencia
denominada sagrada.
Posiblemente la denominación de “ciencia sagrada”
contribuyera a considerar a la teología como algo separado, apto
únicamente para inteligencias muy selectas, para personas vinculadas
profesionalmente con el quehacer religioso. Son pocas en el mundo las
universidades laicas que ofrecen el estudio riguroso de la ciencia de la
fe dentro de su estructura curricular. Incluso, algunas universidades de
denominación católica ni siquiera la incluyen entre sus opciones. También
la secularización de la enseñanza había llegado a este extremo.
Sin embargo, algo ha ido cambiando. El Vaticano II
abrió las puertas, y la teología latinoamericana de la Liberación
acrecentó el interés. A varios niveles: para unos como fenómeno curioso,
para otros como corriente cristiana peligrosa, y para algunos como punto
de ataque. Y, sin duda, para los más, como motivo para profundizar en la
fe y para hacerla parte de la vida cotidiana.
Es verdad que los medios de comunicación han ayudado a
ello. Aunque hayan ido lanzando noticias más o menos amarillistas con
respecto a esta teología, ello ha despertado el interés y la curiosidad.
Conflictos entre teólogos y el Vaticano, entre jerarquías y sacerdotes,
entre obispos y curia romana... son fenómenos que han contribuido a que la
masa, ajena a estos menesteres, haya ido interesándose. En realidad, la
teología de la liberación fue ganando espacio, y hasta el Vaticano se vio
“obligado” a publicitar la nueva evangelización utilizando no pocos de sus
postulados. En otras palabras, aunque a nivel oficial no han desaparecido
todavía los sobresaltos, es verdad que ya no se la teme como al inicio.
Algo ha cambiado.
Una de las naciones líderes en este interés por la
teología ha sido Perú, en donde centenares de personas han dedicado parte
de su tiempo, sobre todo en las barriadas pobres, a asistir a cursos de
teología y formación bíblica. Este hecho demuestra cómo el proceso de
secularización, del que tanto hablamos, es un fenómeno con su
contrapartida. Lo señaló así el sacerdote peruano Matías Siebenaler: “Este
es un hecho que demuestra con evidencia el hambre de la gente sencilla por
profundizar su fe y por hacer de la religión una práctica de vida
coherente y comunitaria”.
Publicado el 27 de agosto de 2003.
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