Los fantasmas
Convencido estoy de que regresamos al tiempo de los
fantasmas. Suele decirse que éstos desaparecieron con el invento de la luz
eléctrica, aunque no estoy muy seguro. Edison, en 1880, inventó la primera
lámpara de incandescencia, y se habría convertido, por ello, en el asesino
de los fantasmas. Lo que no ha ocurrido.
Ciertamente han ido apareciendo fantasmas seculares,
camuflados en cualquier rincón para aparecer en el momento más inoportuno.
Esos fantasmas, en efecto, parecieran haberse replegado a su reino de las
sombras. Pero tampoco. La nueva motivación cinematográfica, y gracias
precisamente a la luz y a Edison, noche tras noche, y desde la pantalla
chica, nos alertan de su existencia.
¿Es realmente el fantasma esa visión quimérica con la
que el diccionario se empeña en definirlos?. ¿Es un “espantajo con el que
se asusta a la gente sencilla”? ¿O es esa imagen fija, cosida a la
fantasía, producto de una realidad onírica y siempre al acecho?.
Disertar acerca de los fantasmas pareciera un ejercicio
meramente literario, metafóricamente apto aunque realmente inconsistente.
En tiempos de ciencia y tecnología ¿quién se atreve a apostar en la
creencia de los fantasmas?. Es preferible aceptar la realidad de Edison:
en el tiempo de la luz no cabe espacio para el reino de las sombras. Y las
sombras son el reino de los fantasmas.
Pero todo evoluciona, y la realidad también. Aceptando
la muerte del fantasma tradicional, no parece de más indagar sobre la
proliferación de fantasmas modernos, menos misteriosos pero no menos
ajenos al miedo colectivo. Por ejemplo, el apagón de Nueva York. Por
ejemplo, la muerte a cuenta gotas de los soldados norteamericanos en Irak.
Por ejemplo, esa fantasma llamado Bin Laden, que aparece y desaparece, o
ese otro llamado Sadan Hussein que no termina de desaparecer. Por ejemplo,
en Colombia la muerte violenta ronda como un macabro fantasma. Por
ejemplo, en Latinoamérica y otras muchas partes del mundo la deuda externa
es el gran fantasma que asusta a mandatarios y súbditos. Por ejemplo, en
Argentina se sigue viviendo en el reino de los fantasmas crudos y reales,
y no digamos en Venezuela. Y están los aparecidos. Y el hambre. Y las
injusticias sociales. Y hasta los modernos escándalos eclesiales.
Son demasiadas las cosas que causan inestabilidad
física y emocional en nuestros contextos sociales. Así que el reino de los
fantasmas continúa siendo la casa de los pobres (gente sencilla), y la
espeluznante realidad es que nos hemos creado modernos espantapájaros para
continuar asustando al hombre de a pie. A las personas. A los pueblos.
Publicado el 27 de agosto de 2003.
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